Los 10 problemas del ADN de la educación en Uruguay que el gobierno no puede resolver

Los problemas en el ADN de la educación en Uruguay que el gobierno no puede resolver (foto Observa)

Los problemas en el ADN de la educación en Uruguay que el gobierno no puede resolver (foto Observa)

 

Comenzaron las clases y el profesor Rafael Suárez opina a fondo sobre los 10 problemas del ADN de la educación en Uruguay que el gobierno no puede resolver. ¿Cuáles son esos problemas? ¿Por qué el gobierno no los resuelve?

 

 

Seguramente este 2017 nos depare un año de varios conflictos en la educación cuando se esté cerca de la Rendición de Cuentas y comiencen los reclamos por mejoras salariales por parte de los sindicatos docentes.

Pero más allá de la conflictividad sindical con el gobierno, hay aspectos educativos de fondo que preceden una tormenta mayor y que nos introducen en un mundo de tinieblas si no se toman medidas a tiempo.

El foco hoy en la educación está puesto en la lucha político partidaria (como ya hemos señalado con la situación generada por el caso de Los Pitufos Comunistas) y el permanecer en esa línea nos lleva a los actores educativos a tomar decisiones nefastas que se agigantan como una bola de nieve arrastrando todo a su paso.

Hemos identificado, entre otros, 10 problemas en el ADN de la educación en Uruguay que el gobierno no puede resolver y es vital que lo haga en el mediano plazo. De lo contrario el sistema educativo uruguayo seguirá barranca abajo.

Sin dudas que la educación tiene más de 10 problemas para atender con urgencia. Pero nos tomamos el atrevimiento de jerarquizar aquellos que nos parecen sustanciales para avanzar en un mejor saber cultural de todos nosotros.

 

  1. EL FRACASO DEL PARA QUÉ. ¿CUÁL ES EL SENTIDO DE LA EDUCACIÓN EN URUGUAY?

Desde niños nos enseñan en la escuela de la importancia que tuvo la educación vareliana en nuestro país. En las aulas de la Escuela Experimental se mencionaron maravillas de los principios de José Pedro Varela. Nos aprendimos de memoria los conceptos de “laica, gratuita y obligatoria”. ¿Pero para qué Varela impulsó esos principios en la educación pública y fundamentalmente en la zona rural? En el medio de la dictadura de Latorre, el para qué de la educación vareliana era el de “civilizar” al hijo del gaucho y de esa manera comenzar a generar paz y orden en la campaña uruguaya. La policía rural reprimía al gaucho, que alimentaba los ejércitos de los caudillos, y la escuela generaba hábitos para ese hijo de gaucho que a los 10 o 12 años ya era una máquina experta de matar con el facón o la lanza. Si el gaucho era eliminado o reducido, los caudillos se quedaban sin ejércitos, se terminarían las guerras civiles y los terratenientes accedían a mano de obra de mejor calidad, la cual podía aceptar normas inculcadas desde la escuela. Por eso la escuela fue obligatoria. Todos los hijos de gauchos tenían que ir para ser “civilizados”. Por eso fue gratuita. De lo contrario los hijos de gauchos no podían pagarla.

El para qué en la escuela vareliana estaba claro. ¿Y el para qué de la escuela actual?

En el primer día de clase los docentes le transmitimos a nuestros estudiantes que pretendemos que ellos desarrollen autonomía, valores como la solidaridad, respeto, tolerancia y compañerismo, y logren pensamiento crítico.

Sin embargo el gobierno y la población se preocupan por los resultados de las Pruebas Pisa. Lo que tenemos que entender los uruguayos que las Pruebas Pisa son impulsadas por la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico). ¿Por qué las Pruebas Pisa evalúan tres áreas específicas: Lengua, Matemáticas y Ciencia? Porque son las áreas que en el largo plazo inciden en la formación de personas para el ingreso al mercado laboral. Eso es lo que evalúa y ese es el para qué de la OCDE.  Evaular cómo se capacitan los estudiantes de acuerdo a los requerimientos del sector industrial y empresarial. ¿Y la autonomía, la solidaridad, el respeto, la tolerancia y el pensamiento crítico? No lo evalúan.

¿Si el gobierno uruguayo se preocupa por los resultados de las Pruebas Pisa nos está indicando que el sentido (el para qué) de la educación es capacitar a nuestros estudiantes para el mercado laboral?

Sí, ya lo han indicado varios actores políticos. Entre ellos Mujica y su propuesta de crear UTUs en todo el país para capacitar a nuestros jóvenes en oficios de cara al mercado laboral.

Nadie duda que la educación debe servir para que nuestros jóvenes accedan a herramientas que les permitan desarrollarse y trabajar. ¿Pero el sentido de la educación es solamente capacitarlos para el mercado laboral? Allí está uno de los grandes problemas de nuestra educación. El gobierno está dudando en el para qué. No se transmite con claridad ni contudencia. ¿Para qué vamos a dar clases los docentes?

  • ¿Para capacitar e inculcar hábitos de trabajo?
  • ¿Para formar personas que puedan desarrollarse con autonomía y pensamiento crítico en un marco de respeto y tolerancia?

Hasta el momento el gobierno no pudo resolver este dilema porque ni ellos saben hacia dónde debe apuntar la educación. Se refleja una incertidumbre y confusión en las autoridades que repercute notoriamente en las aulas y en las casas.

 

2. CAPITAL CULTURAL DESCENDIDO

Desde muchos actores políticos y educativos nos quieren inculcar como ejemplo de educación exitosa el caso de Finlandia. Dejando de lado la parte económica (que hablaremos más adelante), la gran diferencia radica en el capital cultural de ambas sociedades. Las familias finlandesas tienen libros en sus casas, leen, comparten lecturas y por lo tanto elevan el capital cultural de sus hijos. En muchos barrios uruguayos eso no ocurre, no hay un libro o en algunos casos no hay familia.

Hace 20 años en promedio un estudiante salía del liceo con 1800 palabras en su vocabulario. Hoy utiliza 1200. El descenso del capital cultural es clave para entender el bajo nivel del aprendizaje de nuestros niños y jóvenes. ¿De qué manera las familias uruguayas elevan el capital cultural de sus hijos? Salvo casos en la clase media y alta, no lo hacen, por el contrario, inciden negativamente. Y esos jóvenes, que arrastran un bajo nivel cultural familiar, ingresan a nuestras escuelas y liceos y se encuentran con instalaciones en mal estado y docentes mal pagados. Es una combinación letal.

¿Qué hace el gobierno para elevar el nivel cultural de nuestros hijos?

Nada. Todo lo contrario. Ayuda a rebajarlo. Un estudiante de Ciclo Básico puede promover el curso teniendo todo el año calificación de uno y pésima conducta. Basta que salve el último parcial de la materia para promover. ¿Eso ayuda a elevar el nivel cultural de nuestros jóvenes? En absoluto. ¿Pero por qué lo hace el gobierno? Por lo que mencionamos antes de las Pruebas Pisa, por no tener altas estadísticas de repetición, las cuales serían lógicas por el bajo capital cultural con el que un estudiante llega al centro educativo.

¿Cómo elevar el nivel de nuestros estudiantes? Hay dos caminos para tomar en forma paralela. El primero, elevar la exigencia en el aula. El gobierno va en camino contrario. Cada vez la exigencia suena a mala palabra. El segundo, elevar el nivel cultural de las familias a partir de un programa de maestros comunitarios. En parte este programa se ha desarrollado pero no impulsado con insistencia y fuerza.

 

3. MASIFICACIÓN DE ESTUDIANTES Y PÉSIMO CONCEPTO DE INCLUSIÓN

En 1980 había entre todos los liceos del Uruguay 97 mil estudiantes. En 1990 167 mil. En 2000 totalizaban 208 mil. En la actualidad hay casi 230 mil.

Nuestros padres y abuelos hablan maravillas de la “antigua” educación uruguaya. Pero esa educación uruguaya de la década del sesenta o setenta, contaba con mucha menos población estudiantil. En líneas generales ingresaban a los liceos públicos hijos de familias de clase media, que buscaban su espacio en la pirámide social. Pero ahora se universalizó la enseñanza pública y por lo tanto se duplicó la cantidad de estudiantes. Muchos de esos estudiantes pertenecen a los quintiles más bajos de la población y son, como vimos antes, los que poseen el capital cultural más descendido. Por lo tanto el docente se enfrenta a una clase con distintos talentos y debe ejercitar todos sus atributos para manejar niveles tan dispares. Pero a la larga el resultado es evidente: se empareja hacia abajo. Un docente no puede desarrollar conceptos complejos si la mitad de la clase no lo sigue o no lo entiende. Por consiguiente debe, por la fuerza de la realidad, bajar el nivel conceptual.

¡Pero eso no es todo! Desde las autoridades de la educación se impone la idea de la inclusión. Hay que incluir a todos los estudiantes en el centro educativo formal. Gran error. El concepto de inclusión implica que un estudiante de bajo rendimiento y mala conducta deba permanecer en clase o en el centro educativo. ¿La presencia de ese estudiante eleva o desciende el nivel en el aula? Generalmente ayuda a que el nivel descienda.

¿Qué hace el gobierno para mejorar ese aspecto? Sigue insistiendo con la inclusión. El aula se convierte en un espacio de contención de jóvenes que no aprenden y el liceo en un depósito donde las familias “depositan” a sus hijos mientras van a trabajar.

¿Pero tiene el gobierno maniobra para cambiar eso? Sí, desarrollar más lo que se conoce como Aulas Comunitarias. Pero no lo hace porque eso significa ceder en las estadísticas y reconocer que se equivocó en incluir por incluir.

 

4. RECURSOS ECONÓMICOS DESFAZADOS

En la actualidad se destina el 4.7 % del PBI para la educación. En el gobierno de Batlle era menos del 3 % y ya habíamos tenido la gran ola de masificación estudiantil. Es decir que los recursos económicos están desfazados con las necesidades del sistema educativo.

Se optó por la masificación pero casi con los mismos recursos económicos. Eso sin dudas hizo debilitar a todo el sistema. Si bien ahora se ha mejorado en el aspecto económico, no alcanza para resolver todos los vacíos generados desde la década del 70. Tomando un ejemplo vulgar, es como calzar 45 y tener zapatos talle 40. El presupuesto es chico para todo lo que hay que hacer de cara a una mejor educación. Y este problema no es solo de este gobierno.

 

5. RUPTURA DE LA FAMILIA Y EL DOCENTE

Este es un aspecto esencial para entender el deterioro de la educación uruguaya. Hoy nos encontramos con maestras que son golpeadas por padres de alumnos o docentes que reciben insultos de estudiantes y de sus familiares por sus notas u observaciones.

Antes, la familia era la principal aliada del docente. Veía en su tarea la posibilidad de crecimiento de su hijo y su autoridad era respetada.

Hoy nos encontramos en una fase de la educación donde la familia rompió ese contrato tácito con el docente y responsabiliza en él los problemas que en sí la familia no puede resolver. El niño o el joven perciben desde su mundo adulto no educativo, que el trabajo docente no es valioso en su desarrollo personal. Eso ocurre fundamentalmente en las familias pertenecientes a los quintiles más bajos de la población. Parecería que a muchos uruguayos les importa la educación de sus hijos en el discurso pero no en los hechos.

¿Cómo puede resolver el gobierno este problema? Jerarquizando la labor docente y elevando, como dijimos, el capital cultural de las familias, reconociendo que la tarea responsable de todos los adultos es clave en el aprendizaje de nuestros hijos.

 

6. DESVALORIZACIÓN DEL TRABAJO DOCENTE

Un trabajador docente en Finlandia gana cerca de 3000 a 4000 euros por mes y se destina el 14 % de los ingresos del gobierno a la Educación. Eso permite, no solo vivir con dignidad, también la dedicación full time a la tarea. Para que un profesor uruguayo pueda ganar un sueldo digno tiene que trabajar más de 40 horas semanales, con todo lo que eso implica en corrección y planificación. En las clases de la mañana se puede desarrollar un buen desempeño, ¿pero qué pasa en las últimas horas de clase respecto a la calidad de la enseñanza? Sin dudas se resiente. Es como pedirle a Luis Suárez que juegue cinco partidos por semana no de 90 minutos, de 180. Llega un momento que sus piernas no responden y su talento disminuye. Ese agotamiento es propio de los docentes, donde se hace evidente el descenso de su rendimiento al final de la jornada. El cansancio docente repercute directamente en la calidad educativa de nuestros hijos. Si bien no hay estadísticas precisas, las calificaciones de los estudiantes que concurren en el horario de la mañana son mejores que las que concurren en la tarde. Si bien es un resultado multicausal, uno de los motivos es sin dudas el rendimiento del maestro o profesor a lo largo del día. Es típico el síndrome de Burn Out en el plantel docente uruguayo y toda la sintomatología que trae aparejado.

Según la Universidad de Yale la docencia es la tercera profesión más estresante, detrás de los pilotos y de los funcionarios de la salud. Más allá de alguna avivada que no se puede desconocer, no es casualidad que infinidad de docentes soliciten licencia psiquiátrica año tras año a raíz de la gran carga de estrés que implica pararse delante de una clase en contextos críticos y no tan críticos.

El bajo salario y el estrés docente van de la mano con el alejamiento de los cuadros mejores formados en nuestro país. Con un salario inicial en la mano de 17 mil pesos mensuales contra 21 mil como auxiliar administrativo a nivel privado, ¿quién se quiere dedicar a la docencia? Aquellos uruguayos que cuentan con un capital cultural más elevado se alejan de la formación docente porque no encuentran el incentivo económico para su desarrollo personal.

En estos momentos nos encontramos con un fuerte flujo de los sectores más bajos ingresando a la formación docente, lo cual está muy bien, pero eso va de la mano de la disminución de uruguayos mejor formados. ¿Si los que dan clases poseen un capital cultural menor, cómo va a resultar la calidad educativa? La tendencia es a la baja y eso solamente se revierte haciendo más atractivos los salarios docentes y logrando que los uruguayos mejor formados quieran dedicarse a esta profesión.

Si un joven de clase media o alta (que generalmente cuenta con mayor capital cultural) está dudando entre seguir la carrera de Contador o profesor de Matemáticas, ¿a la larga qué termina eligiendo?

Valorizar el trabajo docente, y no solo desde lo salarial, es vital para que los jóvenes mejor formados y de mayor capital cultural, puedan elegir esta carrera y educar a nuestros hijos. Si la mayor parte de los cuadros docentes van a provenir de los quintiles más bajo, el capital cultural seguirá descendiendo.

 

8. PÉRDIDA DE IDENTIDAD EN LOS CENTROS EDUCATIVOS

La Reforma de Rama impulsada en la década del 90 hizo hincapié en un aspecto que nadie ubicó en su real dimensión. Separó los liceos de acuerdo a Ciclo Básico y Bachillerato. Por ejemplo, el Liceo 31 antes contaba con cursos de primero a sexto, ahora solamente de primero a tercero.

Me acuerdo cuando en segundo de liceo junto a unos compañeros pretendimos hacer una “maldad” en el baño. Pero un alumno de sexto año se dio cuenta y nos frenó: “tenemos que cuidar el liceo”, nos dijo. Eso hoy no pasa. Un estudiante de Ciclo Básico no tiene referentes estudiantes grandes que lo guíen. Y más grave aún, cuando comienza a sentirse parte del entro educativo (en tercero de liceo) se tiene que ir.

¿Cuál es el sentido de separar en dos ciclos a los liceos? En la Reforma de Rama se distinguía a un sector que se opondría con fuerza a los cambios pensados: los estudiantes. Los gremios estudiantiles se opusieron a la Reforma y dieron pelea.

Uno de los objetivos de separar los ciclos era debilitar a los gremios de los estudiantes.

Y realmente funcionó. Los alumnos de quinto o sexto no pudieron formar gremialmente a los más jóvenes y eso lo vemos hoy día donde la movilización estudiantil está más en retroceso que en avanzada.

Debilitar a los gremios trajo como “daño colateral” quebrar con el sentido de pertenencia del centro educativo. En vez de permanecer 6 años en el mismo centro y sentirse parte de él y cuidarlo, ahora se pasa la mitad del tiempo y casi no se cuida. ¿Por qué cuidar algo que no siento mío y que además mi familia tampoco cuida?

 

9. METODOLOGÍA DE TRABAJO CONFUSA

 

Hace dos o tres años me visita la Inspectora de mi asignatura. Yo estaba dando clases en el Liceo 15 de Carrasco. Entre otras cosas la Inspectora me señala la importancia de trabajar con las nuevas tecnologías y medios audiovisuales.

La verdad que no sabía si me hablaba en serio o en broma. Uno recorre el Liceo 15 y cuenta con un salón de informática y en el salón conjunto se encuentra el proyector y el DVD. Si todos los docentes del Liceo 15 queremos trabajar con un Power Point o pasar una película del tema, ¿en qué espacio lo hacemos? En el privado donde trabajo cuento con un proyector en cada salón, ¿pero a nivel público pasa lo mismo? No. Se me sugiere una forma de trabajar sin brindarme los medios adecuados para hacerlo.

Los edificios y las instalaciones de la educación pública, en su gran mayoría, están diseñados para dar clases en forma magistral. Es decir, un docente delante que transmite información. No están diseñados para aplicar pedagogías distintas. Si yo tuviera intenciones de aplicar estrategias propias de la Pedagogía Waldorf, por ejemplo, en un liceo público no podría hacerlo.

Definir el formato de los centros educativos va de la mano con saber el para qué educamos. Y eso todavía no lo tenemos claro. La educación uruguaya funciona a inercia.

 

10. FALTA DE VOLUNTAD POLÍTICA

La educación uruguaya funciona a inercia por algo. No es casualidad. La clase política la ha tomado como centro de campaña y la batalla la da en ese nivel, pelear por los votos.

Pero desde el punto de vista pedagógico no innova, no tiene la voluntad política de elevar el nivel educativo.

El año pasado le fue presentado a altos jerarcas de nuestro gobierno una idea de desarrollar un programa de filosofía para niños en las escuelas. El programa ya se aplica en algunos colegios privados con excelentes resultados. Una docente de Filosofía desarrolla talleres a estudiantes de quinto a sexto de escuela que claramente elevan sus niveles de razonamiento y comprensión y les aporta herramientas de aprendizaje que utilizarán en Secundaria.

El proyecto proponía desarrollar un plan piloto en cuatro o cinco escuelas del país para evaluarlo y luego extenderlo al resto. Es decir, para comenzar se necesitaban 5 docentes de Filosofía formados en esta pedagogía y que concurran a las escuelas 10 o 12 horas por semana. ¿Es un gasto excesivo? No. ¿Hay docentes formados? Sí. ¿Funcionó donde se realizó? Sí. ¿Y por qué no se hizo? ¿Por qué la idea está oxidada en algún cajón del Ministerio de Educación y Cultura o del CODICEN?

Por falta de voluntad política. Nada más.

 

La educación pública en Uruguay, más allá de los conflictos que tendremos este año por la Rendición de Cuentas, debe resolver problemas que funcionan como anclas pesadas y que nos mantienen atrapados en un barro extremademente profundo. Como arenas movedizas nos estamos tragando a generaciones de niños y jóvenes sin sentido, resquebrajando el valor democrático de ofrecer las mismas oportunidades para todos. Estamos reproduciendo un sistema que no nos hace mejores y que es funcional a la polarización de los sectores sociales, donde los que tienen talentos o recursos, van a llegar más lejos que los que nacen sin ellos.

 

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