Caso Tenfield y Nike: me indigna ser hincha de Peñarol

Caso Tenfield y Nike: flojito Peñarol (foto Ovación)

Caso Tenfield y Nike: flojito Peñarol (foto Ovación)

 

El caso Tenfield y Nike, o si se quiere plantear de otra forma, el caso AUF, Tenfield y Nike, acaparó la atención pública por la gran diferencia económica de las dos propuestas, pero también porque dejó en evidencia la flácida estructura política de nuestro fútbol, e indignó, entre otras cosas, a muchos hinchas de Peñarol.

 

 

Hay una frase del gran caudillo blanco Aparicio Saravia que viene muy bien para dar comienzo a esta columna de opinión: “dignidad arriba y regocijo abajo”. Lo que Saravia trató de hacerle entender a su hermano, que en ese momento peleaba a favor de Batlle y Ordóñez, era que la vitalidad de una nación radica en la dignidad de aquellos que la conducen y en el regocijo de aquellos que están destinados a ser conducidos. Si eso no se cumple, no solo se daña la estructura, sino que obviamente puede dar inicio a una revolución, como la que él lideró en 1904.

De alguna manera la lucha de intereses de aquellos que en estos momentos conducen al fútbol uruguayo está provocando que las aguas se dividan y salgan a luz posturas que engalanan o empobrecen aún más a la ya manchada pelota que recorre las viejas arterias de un elemento cultural que hace a nuestra identidad.

Más allá de ese debate, que estaría muy bueno dar, esta columna de opinión intenta abordar un tema en concreto que es la postura de Peñarol ante la propuesta de Nike.

Peñarol votó en contra de esa propuesta con el argumento de que Paco Casal y Tenfield son socios del carbonero. Y la verdad que esa postura me indignó como hincha.

No soy de esos hinchas fanáticos que van al Campeón del Siglo a cada partido. Dejé de ir a la cancha un miércoles, en una final contra Defensor Sporting, donde el aurinegro era conducido por Mario Saralegui y no pudo vulnerar la defensa fusionada liderada por Andrés Lamas.

Pero como muchos, soy hincha desde muy chiquito. Recuerdo que cuando niño, en una kermesse de la Escuela Experimental, en la vieja cancha de básquetbol de la calle Estrázulas, recibí un autógrafo de Fernando Morena que me hizo caer una lágrima. Era una firma en un servilleta que me hizo emocionar.

Comencé a cobrar conciencia de Peñarol con los títulos del 82, donde Morena y el Indio Olivera era referentes del equipo. Vi al Peñarol del 8 contra 11. Me consolidé en mi orgullo mirasol con la Libertadores del 87 y ese gol de Diego Aguirre en la hora. En plena Bodas de Plata de mi abuelo lloré cuando perdimos en la nieve con esa pelota que le queda a Trasante. Antes había vibrado con el gol de tiro libre del Bomba Villar, con los cañonazos del Chueco Perdomo, hasta defendí a Rotti como defensa y decía que tenía que estar en la selección. Luego vino la época del quinquenio con Bengochea, el Lucho Romero, De Souza, De Lima, Pacheco, Cedrés y el gran Gregorio Pérez.

De alguna manera la presencia de Damiani padre marcó a mi generación desde ese año 87. Luego vino la bajada, la ruptura ante Paco Casal por los pases de Bueno, Cebolla Rodríguez y Joe Bizera. Con esa ruptura Peñarol sufrió. Llegó a traer como “gran figura” al brasileño Zinho, que había salido goleador en Rentistas. Nacional se consolidó como el campeón de esa década, apenas ganamos uno o dos campeonatos al comienzo del siglo. Pero igual, la terquedad de Damiani en su enfrentamiento con Casal me hizo sentir orgulloso de Peñarol. “Más vale morir de pie que vivir de rodillas”, pensaba como consuelo.

Hasta que llegó la reconciliación, reforzada con la presidencia de Damiani hijo. Y de la reconciliación se dio paso a algo mucho más inconmensurable: la financiación del estadio Campeón del Siglo. Desde allí Peñarol quedó hipotecado con Tenfield, es verdad. Pero estar hipotecado no significa vender el alma.

La inteligencia de Paco Casal

La inteligencia de Paco Casal

 

La inteligencia de Paco Casal y su indignidad

 

Muchos se suman a las críticas a Paco Casal. Sin dudas que se merece muchas. Pero no en vano llegó a estar en el lugar de los que conducen al fútbol uruguayo. Están los que dirigen al fútbol uruguayo de derecho, como los dirigentes, amparados en los reglamentos, pero Paco Casal lo hace de hecho, representa un poder real y lo hace valer.

Casal tiene sus grandes méritos para ser parte de esa elite que conduce al resto de los estamentos del fútbol: abrió y consolidó mercados millonarios para nuestros futbolistas, cuenta con dirigentes en la AUF que defienden sus intereses y con periodistas deportivos que hacen lo mismo. Ya nos hemos referido por ejemplo a una de las censuras que recibió Mario Bardanca (no fue la única) por no estar alineado con el empresario.

Casal ha desplegado una telaraña poderosa. No solo posee mucho dinero, también cuenta con muchísimo poder. Y quizá desde ese lugar las cataratas de alcahuetes y parásitos que lo desbordan lo llevan a pensar que lo vital no es hacer crecer el fútbol uruguayo, sino una dimensión diferente de su telaraña: su aureola personal.

¿Acaso el nuevo contrato entre la AUF y Nike lo hará quebrar? ¿No podrá llevarle de comer arroz a la mesa de su familia? Sin dudas que no. ¿Y por qué tanta presión por mantener un contrato irrisorio como el de Puma al lado del nuevo que se propone? Simplemente por mantener la estructura de poder, esa telaraña que lo vislumbra por encima del resto, como el gran titiritero que es.

Y justamente es ese punto el que lo hace indigno de estar en el lugar que ocupa. A decir de Aparicio Saravia: ¿dónde está la dignidad arriba cuando se tiene la intención de lastimar a los de abajo?

Paco Casal es inteligente y poderoso, pero no digno de estar en los de arriba del fútbol uruguayo.

 

El código de (des) lealtad de Peñarol

 

Peñarol y Nacional son otros de los de arriba que imponen su huella en las estructuras del fútbol uruguayo. Y obviamente tienen sus grandes méritos propios: historias riquísimas en lo local e internacional y un poder de convocatoria que ningún otro equipo de este medio puede siquiera soñar.

Sus aguas bañan al resto. Los caminos que ellos decidan recorrer embarcan a las demás instituciones porque sus fuerzas son tan imponentes que arrastran todo a su paso.

En esta oportunidad votaron divididos…

En el mundo del fútbol uruguayo y fundamentalmente en la órbita del mundo Paco Casal, existe un código de lealtad. Se ha utilizado muchas veces esa palabra e incluso Peñarol lo ha manifestado en su argumentación al votar en contra de la propuesta de Nike.

Hay periodistas que defienden a Casal por lealtad, así lo han manifestado. Y él parece demandarla asiduamente. ¿Pero lealtad a qué? Creo que en este caso la lealtad es sinónimo de miedo, miedo a perder un trabajo (en el caso de un periodista), miedo a ser exiliado de esa telaraña gigantesca que formó Casal para mantener su poder (en el caso de un dirigente).

Peñarol eligió lealtad a Paco Casal y a Tenfield, pero no fue leal al fútbol uruguayo. En este caso el presidente Damiani y la directiva aurinegra están siendo leales a un código mafioso de intolerancia al que opina distinto. Como diría Mussolini, “el duce siempre tiene la razón”, y el que piensa distinto se lo separa o se lo elimina. Eso no es lealtad, es vivir en el miedo. El que piensa distinto a los intereses de Casal recibirá un castigo; así lo sufrió Damiani padre, así lo sufrió Mario Bardanca, por nombrar a un dirigente y a un periodista de tantos que pasaron por la guillotina de Paco.

Peñarol le debe dinero a Tenfield por la construcción del Campeón del Siglo, es cierto. Pero eso no significa tener que ser desleal a los intereses de todo el fútbol uruguayo por satisfacer los del empresario y su séquito de colaboradores, quienes no van a pasar penurias económicas, salga el contrato o no, a diferencia de las instituciones pobres del fútbol uruguayo.

Peñarol, al igual que Paco Casal, no está siendo digno conductor del fútbol glorioso de nuestro país.

Y eso duele…

Queda el consuelo que algunos hinchas de Peñarol comparten mi dolor. Es cierto que no va a haber una revolución para decirle a los indignos de arriba que los de abajo no sienten regocijo por su forma de conducir, pero al menos es digno que otras voces se digan… y se escuchen.

De alguna manera, cada uno de nosotros es testigo real de la indignidad de los conductores de Peñarol, de ese club que nos llenó de alegrías, tristezas y bromas cada fin de semana desde que tengo plena memoria de que existe una pelota que entra a una cancha de tierra y de pasto y que un hombre vestido de amarillo y negro la hace rodar, rozando la maravilla de un juego que nos toca cada centímetro del alma simplemente por haber nacido en Uruguay.

Compartir la indignación hace que duela un poquito menos…

 

 

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2 Responses

  1. Juan dice:

    Comparto enormemente lo que decís y expresas en tus palabras es indignante ser hincha de peñarol si nuestros dirigentes optan por la mediocridad colectiva de todo un país que siente y ama el futbol favoreciendo al un hombre sin escrúpulos con tal de obtener la migas que les da es lamentable!!!!!

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