El Cerro Arequita y Gruta Colón: te contamos nuestro paseo

Visitamos Cerro Arequita y Gruta Colón

 

En esta Semana de Turismo Ciudad Malvín se fue de paseo al Cerro Arequita y Gruta Colón. Te contamos lo que fue nuestra visita a un lugar que posee un encanto especial. Realmente un paisaje maravilloso que tiene nuestro país y al cual tenés que ir.

 

 

Hacía tiempo que no escribíamos en esta sección. La última vez fue en agosto del año pasado cuando le contamos nuestro viaje a San Carlos de Bariloche. Como no son temas propios del barrio nos cuesta a veces compartirlo con ustedes. Sin embargo para nuestra sorpresa muchos visitantes del portal de Malvín continúan leyendo nuestras notas en esta sección de Viajes y Lugares. Hoy queremos contarles nuestra visita al Cerro Arequita y Gruta Colón.

Tiempo atrás habíamos narrado nuestra experiencia en Villa Serrana. Es que el departamento de Lavalleja tiene una magia especial, con un relieve distinto al del resto del país.

El Cerro Arequita y Gruta Colón entran en esos lugares que los uruguayos debemos conocer y visitar con frecuencia, para conocer la tranquilidad de un espacio calmo y lleno de energía.

Según nos afirmaron en nuestra visita, el Cerro Arequita cuenta con más de cien millones de años de antiguedad. Mide 305 metros de altura y posee una cima aplanada que lo caracteriza ante las figuras de los demás cerros. En algún momento fue un volcán y estuvo incluso, según parece, invadido por las aguas del mar. El contraste del calor y el frío, le generó una estructura singular. De allí se explica la Gruta Colón y sus miles de murciélagos, grillos blancos y vampiros.

Cima aplanada del Cerro Arequita

 

¿Cómo llegar al Cerro Arequita?

Aprovechando la Semana de Turismo nos fuimos a pasar la tarde al Cerro Arequita y Gruta Colón. Ubicado a 12 kilómetros del norte de Minas, en auto demoramos una hora y cuarenta cinco minutos aproximadamente, en una ruta relativamente tranquila, salvo algunos tramos donde el tráfico se enlenteció un poco por los camiones.

Salimos de Malvín, pasamos por el Aeropuerto, tomamos la Ruta 101 y luego, antes de llegar a la ciudad de Pando, doblamos por la Ruta 8. La Ruta 8 nos depositó en Minas. Allí necesitamos un poco de la ayuda del GPS, ya que en un momento hay que doblar a la izquierda y la señalización no era buena. Por suerte ahora todos tenemos celulares con GPS. Sin dudas una gran ayuda. Cuando llegamos a la base del Cerro tampoco estaba clara la señalización. Al menos uno esperaba un cartel grande con la leyenda “Bienvenidos al Cerro Arequita” o algo similar. No. Solamente había un cartel que más que aclarar te confunde.

Luego nos enteramos que el Cerro Arequita en parte es propiedad privada, pero también otro sector es propiedad del Estado. Sin dudas que entre ambos no hay buena comunicación para ofrecer una mejor calidad de información al turista o visitante.

 

Ingreso “público” al Cerro Arequita

Por un camino de tierra llegamos a un lugar donde había varios autos estacionados, donde las personas saltaban por una portera para subir al Cerro. No vimos a nadie “oficial” para consultar. Le preguntamos a uno de los visitantes si por este lugar era el ingreso y nos dijo que “por acá se puede subir sin pagar, sino tenés más adelante el parador pero tenés que pagar la visita guiada”. Como nos interesaba más que nos guiaran nos dirigimos al parador, a unos 200 metros de la “portera pública”.

Vista desde el parador del Cerro Arequita

El parador del Arequita

Visto por afuera el parador del Arequita es hermoso y está ubicado en una zona de la base del Cerro que sin dudas es bellísima. El paisaje que uno puede apreciar sentado en su terraza es inigualable.

El parador es atendido por los propios dueños de un sector del cerro, la familia Alzogaray. La comida no tenía mucha variedad, pero los precios no era muy elevados. También venden bebidas, un agua con gas por ejemplo está a 50 pesos uruguayos (poco menos de 2 dólares). Los costos más baratos que cualquier lugar de Montevideo.

En el debe están los baños, realmente les faltaban limpieza acorde a la cantidad de visitantes que llegaron un día de Turismo (temporada alta para Lavalleja) y la atención. O estaban cansados o no disfrutaban de lo que hacían en el parador.

Allí se nos presentó un problema. O visitábamos la Gruta Colón o subíamos a la cima del Cerro Arequita. Ellos ofrecen los paquetes por separado. Por persona el precio es de 200 pesos uruguayos (unos 7 dólares americanos). Como ambas actividades comenzaban a las 16 horas, por un tema de la caída del sol no nos daba para realizar las dos. La subida al cerro dura dos horas y la visita a la gruta una hora y cuarto.

Tomamos la decisión uruguaya. Decidimos visitar la Gruta Colón y luego ir por la “portera pública” para subir a la cima mientras nos quedara luz solar.

Entrada a la Gruta Colón

La Gruta Colón del Cerro Arequita

La Gruta Colón está casi a la mitad del cerro. Fue descubierta en 1872 por Pedro Carvallido y Juan Beracochea y se ubica entre dos paredes rocosas.

La visita guiada duró una hora y cuarto. Pero la visita a la gruta en sí no duró más de veinte minutos. El resto del tiempo se destinó a una charla sobre la historia del Cerro Arequita, sus características y sobre su fauna y flora.

¿Qué significa el nombre Arequita?

Según nos explicó el guía, Arequita es una palabra guaraní que significa Agua de las Altas Piedras de las Cuevas. Los indígenas que allí habitaron (el guía no tenía claro cuáles etnias vivieron en ese territorio, aunque supone que hayan sido Charrúas), dieron ese nombre ya que anteriormente se supone había agua en las alturas. Recordemos que el Arequita se ubica entre el Río Santa Lucía y el Cerro de los Cuervos o de los Buitres (en otro paisaje maravilloso), y se cree que anteriormente fue superado por las aguas oceánicas.

En la Gruta Colón existen tres especies distintas. Por un lado la presencia de miles de murciélagos (que se alimentan de insectos y por lo tanto es muy difícil que en la noche haya mosquitos por ejemplo), algunos vampiros (que se alimentan de sangre animal) y grillos blancos (que comen guano, es decir, el resto de los murciélagos), logrando un equilibrio en la cadena alimenticia.

Luego de la extensa (igual interesante) charla didáctica, ascendimos unos cien metros en dirección a la gruta. Uno percibe lo imponente de las rocas y logra apreciar la majestuosidad de los millones de años de su formación geológica.

Ingreso a la Gruta Colón

Luego de subir unos metros, es momento de bajar por una escalera en un pasaje estrecho y donde cada vez se vuelve más oscuro y húmedo.

El guía solicitó a los visitantes hacer silencio y no sacar fotos con flash para no molestar a los murciélagos y vampiros, a quienes les perjudican los ruidos y las luces. La oscuridad no era total, había pequeños y tenues focos en el piso que permitían tener una referencia.

La oscuridad de la Gruta Colón

La oscuridad envolvía a los visitantes, uno o dos murciélagos se pudieron apreciar en su vuelo, pero ninguno más. Al hacer silencio uno se conecta con los ruidos del ambiente. El sonido de los grillos y del agua son espectaculares de percibir.

El momento cumbre llegó cuando el guía apagó las luces y todo quedó oscuro, totalmente oscuro. Fue un minuto vibrante y que vivirlo vale la pena.

Luego culminó la visita y volvimos tras nuestros pasos. Como conclusión, nos pareció una linda experiencia, aunque la haríamos más corta y más económica. La visita a la gruta queda con una sensación de poca cosa luego de tanta charla didáctica.

 

Visita al Monte de Ombúes y subida al Cerro Arequita

Nos fuimos rápidamente para la “portera pública” intentando de subir a la cima del Cerro Arequita antes de que nos ganara la puesta del sol.

Monte o Isla de Ombúes en Arequita

Tras pasar la “portera pública”, y luego de caminar unos 50 metros, nos adentramos al Monte de Ombúes del Cerro Arequita, o también conocido como Isla de Ombúes.

Según se afirma, estos ombúes crecieron entre las piedras, con troncos de hasta un metro de diámetro y con copas frondosas en la falda del Cerro Arequita. Se trata de la segunda agrupación más importante de ombúes en Uruguay. Esta agrupación es custodiada en la actualidad por el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (y no por la familia propietaria del otro sector del cerro).

Realmente el Monte de Ombúes es hermoso, ideal para quedarse allí a recibir una vibración especial de esos árboles llenos de energía antigua.

Pero la idea era llegar hasta la cima antes de que se ocultara el sol. Apuramos el paso. Entre subir y bajar demoramos 35 o 40 minutos y nos dio perfecto el tiempo. Sin embargo no pudimos disfrutar de toda la belleza del recorrido y de la cima.

Subiendo el Cerro Arequita

Subir el Cerro Arequita por primera vez no presenta mucha disficultad. Si bien hay distintos senderos y uno puede confundirse, con un poco de sentido común logra ubicarse rápidamente y subir sin grandes dificultades.

El camino es rocoso, hay que tener cuidado con no resbalarse. Y ni hablar si llovió horas antes. En la subida se puede cansar un poco, fundamentalmente si no estás acostumbrado en hacer actividad física. Pero a un ritmo suave se sube sin problemas. Llevar agua!

Vista desde el Cerro Arequita

La vista desde la cima del Cerro Arequita es espectacular en cualquier dirección. Nos hubiera gustado llegar con más tiempo para recorrer la cima. Al ser aplanada permite un recorrido más amplio y lugares para mirar los diversos paisajes en todas las direcciones.

Pero como el sol se ocultaba decidimos comenzar a descender. Sin dudas algún día volveremos para disfrutar de toda la cima y del Monte de Ombúes. A disfrutarlos con calma y apreciando cada centímetro de ellos.

El sol nos dio el tiempo suficiente para bajar el Arequita

El descenso fue rápido y con menos cansancio. Si bien conviene tener cierta precaución para no perder el equilibrio en el algunos tramos, se baja sin problemas.

El sol nos dio tiempo para llegar con luz a la base, maravillándonos con la espectacular postal que nos regaló el astro rey.

Visitar el Cerro Arequita y Gruta Colón sin dudas que vale la pena. Es un paseo formidable que nos obsequia nuestro país, cargado de una energía que brinda mucha paz a quienes los visitan.

Tenés que ir!

 

 

 

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