El freno a Mujica y el simbolismo triste de Novick

Con el triunfo de Martínez el liderazgo de Mujica sufre un freno

Con el triunfo de Martínez el liderazgo de Mujica sufre un freno

 

Que Daniel Martínez ganara las elecciones departamentales 2015 era algo extremadamente previsible. Todas las empresas encuestadoras marcaban como ganador al ingeniero perteneciente al Partido Socialista. Pero los números también nos brindan un mensaje claro y de cuya lectura podemos obtener dos grandes conclusiones: el poder de Mujica sufrió un gran freno en todo el país y Edgardo Novick representa la desilusión de varios montevideanos respecto al funcionamiento de los partidos políticos.

La jornada de ayer no fue una más en el escenario político uruguayo. Evidenció confirmaciones en el largo plazo pero también despertó transformaciones de grueso calibre en el mapa de la política nacional.

Al final de este período el Frente Amplio va a alcanzar los 30 años ininterrumpidos gobernando Montevideo, manteniendo además su predominio en departamentos como Canelones y el disputado Rocha. Pero la interpretación de los datos cotejados con las elecciones de noviembre circunscribe una importante variante que no podemos dejar pasar por alto.

Al momento en que Martínez brinda su discurso en La Huella de Seregni tenía por detrás a una alicaída Lucía Topolansky. Es que ella sabía que el triunfo del Frente Amplio también significó una derrota muy singular: la del peso político de su marido José Mujica.

Cinco años atrás un acuerdo entre el MPP y el Partido Comunista colocaba en el gobierno montevideano a Ana Olivera pero desplazando a un candidato de elevada aprobación en aquel momento como Daniel Martínez. Parte del pueblo frenteamplista se hizo escuchar con un altísimo porcentaje de votos en blancos o nulos (rondando el 14 %). En las elecciones del 2005 el FA había logrado el 58.4 % de los votos, cinco años más tarde alcanzó los 45.9 %. Una herida se había abierto en el electorado montevideano.

Empujados por el éxito de las elecciones nacionales, donde muchos coincidían en que José Mujica había garantizado una nueva victoria del Frente Amplio y permitido otra vez el gobierno de Tabaré Vázquez, decidieron lanzar al ruedo la candidatura de Lucía Topolansky, sabiendo además del apoyo que venía recibiendo Daniel Martínez.

El murmullo se hizo grito en algunos cuarteles frentamplistas: otra vez quieren desplazar a Martínez y al Partido Socialista. Para los capos del MPP con el apoyo de Mujica las chances de un triunfo de Lucía se multiplicaban, y más a pocos meses de un apoyo arrollador a la figura del Pepe en todo el país.

Sin embargo el electorado dio muestras de autonomía, de independencia y también, por qué no decirlo, de saturación de un predominio mujiquista. La expansión de Mujica y del MPP sufrió un gran freno en la noche del 10 de mayo cuando se dieron a conocer los resultados de las elecciones departamentales.

En Montevideo el revés fue durísimo donde además Lucía fue superada por Edgardo Novick. Pero el MPP también fue frenado en otros departamentos, con candidatos que no lograron, a pesar del apoyo de su líder Mujica, llegar al gobierno departamental.

¿Se puede decir que Mujica está perdiendo legitimidad como líder? No, por el momento no, y la mantiene muy en alto. Sin embargo es cierto que si el mujiquismo no percibe atentamente las luces amarillas que se han encendido corre el riesgo de una extinción mucho más rápida de lo que se pueda imaginar. Si hay un partido que depende en alto grado de su líder, es el MPP. Cuando Mujica no esté la incertidumbre del deterioro electoral del Movimiento de Participación Popular va a explotar en una gran certeza: perderá miles de votos.

El freno del 10 de mayo a un Mujica que en parte “se la creyó” es un balde de agua fría para todo el MPP, pero también simboliza la frescura de la rebeldía electoral, el decir “no te la creas tanto”. Y eso, desde lo personal, siempre es bienvenido.

Novick y la política vacía

Novick y la política vacía

 

El otro gran símbolo de la noche del 10 de mayo fue el triunfo fenomenal de Edgardo Novick dentro del Partido de la Concertación. Pero este triunfo brillante del empresario montevideano es una dura, muy dura, derrota del sistema político uruguayo.

Comenzó su campaña política en diciembre del año pasado con un piso del 1 % del cuerpo electoral y terminó sumando más votos que la candidata del ex presidente José Mujica. Pero eso no es todo, aplastó a los dos candidatos de los partidos tradicionales, logrando el doble de votos que Garcé, el elegido por Lacalle Pou, y dejó en la lona al luchador abandonado del Partido Colorado, Ricardo Rachetti.

¿Qué simboliza este resultado?

Edgardo Novick es un hombre fuera de partido. No pertenece a la orgánica de ningún partido político y fue sin embargo el segundo candidato más votado en la capital de nuestro país. ¿Acaso no hay un mensaje electoral evidente con el crecimiento de Novick en tan pocos meses? Sí, hay un mensaje muy fuerte: los partidos tradicionales no logran cautivar desde sus órganos internos, lo que quiere decir que la forma tradicional de hacer política está siendo golpeada y abandonada por muchos votantes. Tristemente nos encontramos en una encrucijada del escenario electoral donde de la nada puede salir un candidato, pagar su campaña, y tener votos sin el sustento ideológico ni la trayectoria ni el control de un partido político.

Con sus defectos y errores los partidos políticos uruguayos han dado muestras de equilibrio después de la salida de la Dictadura. Pero de sus grietas podría estar germinando su propia desolación. El desespero por recuperar el gobierno de Montevideo llevó a los partidos tradicionales a elegir un candidato independiente para que robe votantes del FA. No robó votos significativos del oficialismo, sino que dinamitó a los propios partidos tradicionales. Los dos partidos fundadores del Uruguay sumaron en Montevideo apenas el 13 % de los votos contra el 21 % del hombre que nació políticamente en diciembre del 2014.

Simbolismo triste el de Novick. Él no es el responsable obviamente. Es el emergente de un sentir político distinto, donde algo ha cambiado en algunas franjas de los electores uruguayos y donde corremos el riesgo de desmoronar años de construcción partidaria y años de representación política legitimada en programas ideológicos relativamente claros.

Un nuevo actor político surgió con las elecciones departamentales 2015: el candidato del vacío político, el candidato de la gestión sobre la visión política, el candidato publicitario sobre el ideológico. No lo digo por Novick, lo digo por lo que él representa en la legitimación política uruguaya: estamos creando bastardos políticos, monstruos del deterioro programático y asesinos mediáticos de la construcción ideológica.

El freno a la expansión del mujiquismo y el simbolismo del vaciamiento político de Novick son los dos grandes mensajes de las elecciones departamentales 2015. Habrá que estar atentos a las lecturas que realicen los dirigentes de todos los partidos respecto a estos mensajes. En el puzzle se han roto algunas piezas y aparecen nuevas que no cuajan del todo bien en él.

 

Por I. S.

 

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