Maldonado y Paraguay: no es una esquina cualquiera

Maldonado y Paraguay: no es una esquina cualquiera

Maldonado y Paraguay: no es una esquina cualquiera

El proceso que desembocó en la última Dictadura en nuestro país llenó de angustia y dolor el alma de miles de personas. En la esquina de Maldonado y Paraguay se organizó el servicio de inteligencia donde se violaron los derechos humanos. Una placa pretende mantener viva la memoria.

 

 

Este miércoles 20 de julio se llevará a cabo en la esquina de Maldonado y Paraguay la colocación de una placa para recordarnos la violación de los derechos humanos en nuestro país.

Para muchos uruguayos, así lo dejaron ver con claridad al mantener vigente por voto la ley de caducidad, es un tema que ha provocado cierto agotamiento. Desde esa visión puede parecer cansador este tipo de actos.

Sin embargo es fundamental mantener la memoria viva para que este tipo de sucesos no vuelvan a ocurrir en nuestro país nunca más. El dolor que se mueve en el corazón de los familiares de las víctimas de violación de los derechos humanos es irreversible y de muy difícil sanación.

La tortura, el secuestro y la violación sexual no tendrían que haber sido protagonistas de nuestra sociedad a fines de los 60, en los 70 y en la primera mitad de los 80. Ni siquiera en la lógica de guerra interna como así pretendieron hacernos ver algunos militares (no todos).

Maldonado y Paraguay: no es una esquina cualquiera

Maldonado y Paraguay: no es una esquina cualquiera

En la esquina de Maldonado y Paraguay funcionó el Departamento de Inteligencia y Enlace en la última Dictadura, y fue además uno de los tantos centros clandestinos que existieron en nuestro país donde se aplicaron métodos de tortura y violaciones sexuales.

Para los uruguayos que fueron detenidos y torturados en ese establecimiento “ninguna sede represiva del régimen dictatorial fue tan conocida. Fue el símbolo de la represión política, sindical, estudiantil, cultural y social. Por allí desfilamos miles de compatriotas por las más diversas causas, aunque todas con un elemento común: los servicios consideraban subversivo todo lo que no fuera apoyo al régimen. Así, junto a la tortura sistemática a los presos políticos, sindicales y gremiales, mujeres y hombres, inclusive adolescentes, se citó, interrogó y presionó a cantantes, poetas, actores, murguistas, directivos de clubes deportivos, integrantes de comisiones de fomento y cualquier actividad donde olfatearan oposición”.

Además señalan que “sus agentes de particular – los tiras -, infiltrados en toda la sociedad; las escuchas telefónicas, los seguimientos, los allanamientos, las camionetas azules patrullando la ciudad, sus publicaciones, su presencia en todos los escenarios teatrales y carnavaleros, en los recitales de canto popular, en la Feria del Libro y toda actividad colectiva, incluso en servicios religiosos, hizo de su accionar masivo y terrorista que la DNII se transformara en uno de los íconos más conocido y temidos del régimen”.

Por otra parte afirman que “a su frente, desde su creación, estuvo el Inspector Victor Castiglioni, personaje nefasto del estado uruguayo, ideólogo y principal responsable de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos allí cometidas. Desgraciadamente, el hecho que el Salón de Actos de dicha sede lleve su nombre afrenta especialmente, a la sociedad uruguaya que padeció su política y sus prácticas y que sigue luchando por la Verdad y la Justicia”.

Por lo dicho se le solicitó al Estado uruguayo retirar el nombre de Castiglioni y colocar una placa que recuerde los hechos así ocurridos.

El breve acto se llevará a cabo el 20 de julio a las 18 horas en Maldonado y Paraguay.

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