Sobre el vídeo de Nacho Álvarez

Opinión sobre el vídeo de Nacho Álvarez (foto TV Show)

Opinión sobre el vídeo de Nacho Álvarez (foto TV Show)

La aparición reciente de un vídeo que dejó en evidencia la vida privada de un conductor de televisión, Nacho Álvarez, abre múltiples debates para reflexionar. ¿Acaso pensamos que los periodistas reconocidos, políticos o deportistas de elite no pueden vivir el sexo a su manera? No seamos hipócritas.

 

 

El vídeo de Nacho Álvarez cobró vuelo propio desde hace unos días y la hipocresía nos ganó por goleada a los uruguayos.

Es cierto que los fundamentos del conductor televisivo no han sido los más acertados: “el lunes entraron a mi casa a robar y se llevaron un celular viejo que no uso desde hace años. De hecho el vídeo en cuestión es del 2010-11”. Pero Nacho, por favor, ¿qué hacías con un vídeo grabado manteniendo relaciones sexuales con una persona que sin dudas no representaba ningún sentimiento para tu persona, salvo el de un encuentro ocasional?

A veces los hombres tenemos la mala y pésima costumbre de mantener “trofeos de guerra”, como si no maduráramos para comprender que una “relación adulta” no implica una competencia para ver cuántos “polvos me eché” en mi vida y qué tan linda fueron las “víctimas” de mi opulento machismo.

Esa cola de saurio que arrastramos y que nos hace ver una relación sexual como un partido de fútbol, donde gana el que hace más goles y en el cual nadie aprecia el empate. Ubicarse en ese lugar sí es reprochable en el marco de una sociedad de respeto, de tolerancia, de convivencia, de aceptación. Que se diga al aire o en discursos públicos no significa que la comprendamos, que estemos de acuerdo interiormente en sentirnos parte de una relación adulta plena, de cariño, de vínculo que nace en el sentirse parte del otro, no por sus culos o tetas, sino porque esa persona nos puede hacer mejores.

Si hay algo que reprocharle a Nacho Álvarez es que se comportó como un niño buscando sobresalir en una cacería adulta de presas carnívoras del género opuesto cuando en sus programas divulga lo contrario. ¿Pero acaso eso no lo hacen muchísimos uruguayos? ¿Acaso no hay hombres que ven en la mujer una futura cacería para colgar su cuerpo embalsamado sobre la estufa a leña? Obvio que sí, como también hay mujeres que saborean ese ritual de cazador y víctima, reproduciendo esa situación para llenar vacíos internos.

¿Acaso los hombres no llevamos fotos de nuestras presas a las reuniones de amigos? ¿Acaso las mujeres no hacen lo mismo? No pretendo generalizar, pero sabemos que en muchos casos sí ocurre que vivamos como carnívoros buscando atrapar las mejores presas.

No seamos hipócritas.

Reprocharle a Nacho Álvarez que actuó mal por ser un hombre público es una verdadera hipocresía. Quizá, como hizo Alberto Sonsol, se le puede reprochar no respetar códigos en el mundo periodístico metiéndose en la vida privada de los demás (escuchar audio).

 

Pero bajo ningún concepto podemos reprochar que pueda vivir su sexualidad como él mismo la desee. A veces tenemos la idea que los periodistas, los políticos e incluso algunos deportistas, no tienen una vida sexual como la que cualquier uruguayo puede tener. Creemos que son angelitos que viven la sexualidad casi puritanamente, sin grandes liberaciones emocionales, sin morbo, sin caricias previas que despierten la libido en su máximo deseo, sin juguetes sexuales comprados en un sexshop, sin fantasías abiertas a sus parejas, sin pasiones escondidas que les causan verguenza decir, sin tapujos en sus cuerpos deseosos de no sentir. Claro, nos costaría imaginarnos a Mujica diciéndole “mi putita” a Lucía. Obvio. ¿Pero acaso no están en su derecho de vivir su sexualidad de acuerdo a sus criterios privados? ¿El hecho de ser hombres y mujeres públicos los hace alejarlos de sus deseos sexuales personales?

No seamos ingenuos ni hipócritas. La sexualidad entre adultos toma caminos lejos de los corsés tradicionales y cada uno tiene derecho a vivirla como mejor le plazca.

Eso sí, de vivir la sexualidad como mejor nos plazca a compartirla en redes sociales o espacios públicos es otra cosa, porque allí se cae en el abismo de pretender que todos y todas la vivamos de la misma manera.

Desde lo cultural ha quedado muy claro que existen diversas prácticas sexuales a lo largo del mundo, algunas milenarias. Cuando se desprende un vídeo del ámbito sexual al ámbito público (como le ocurrió también a Chris Namús, por ejemplo), no hace falta señalar con el dedo, colocándonos en un pedestal de moral y ética falsa, creyendo que somos mejores mientras en el fondo somos tan rastreros como la misma persona que decidió subir ese material a la red.

La sexualidad es algo hermoso y no hace falta banalizarla ni bastardearla entre nosotros mismos, buscando enemigos que nos coloquen en el medio de una guerra que no existe ni tiene sentido.

Dejemos disfrutar el sexo en paz!

 

 

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