Violencia en el fútbol: el triunfo de un modelo cuasi fascista

Violencia en el fútbol y el fracaso de un modelo cultural de concebir el deporte

Violencia en el fútbol y el fracaso de un modelo cultural de concebir el deporte

 

Los hechos ocurridos de violencia en el fútbol son la más clara evidencia de que el modelo cultural vigente del deporte apunta a la destrucción del rival en lugar de la superación personal y colectiva. Desde esa óptica, los problemas recién comienzan.

 

 

Realmente no tenía interés de escribir sobre los distintos acontecimientos de violencia en el fútbol que hemos vivido este año, pero las tristes declaraciones de la Comisión Directiva de Peñarol, y las de Damiani en particular, del día de ayer me llevan a intentar comunicar un enfoque diferente del problema de fondo.

Los docentes tenemos la sana costumbre de intentar cambiarle el eje de razonamiento a los estudiantes para generar conflicto y desde allí un verdadero aprendizaje significativo (aunque no siempre se puede). En este espacio pretendo aportar humildemente una mirada distinta al problema que, si nos mantenemos en el mismo modelo cultural, solamente se podrá contener, pero no resolver.

Lo primero que hay que señalar es la hipocresía de afirmar que la violencia está instalada en el deporte. No, la violencia está instalada en el fútbol. ¿O acaso vemos hechos de violencia en patín o en hockey o en handball o en esgrima o en gimnasia olímpica? Es cierto que puede haber violencia simbólica en estas disciplinas, pero no se llega al nivel de la violencia física que es noticia en el fútbol uruguayo con una frecuencia cada vez mayor.

Dicho esto, lo segundo que hay que señalar es que el fútbol está siendo guiado por un modelo cultural del deporte que tiene como objetivo ser el mejor. Es un modelo cuasi fascista. Vencer al rival para sentirse superior. De ahí conceptos como “los tenemos de hijos”, “gallinas”, “hijos nuestros”, “tenemos más clásicos”, “tenemos más títulos”, “tenemos más Copas Libertadores”, y donde se llega al pestilente extremo de celebrar una muerte del contrario, y de enaltecerla como un trofeo de guerra. Ese modelo cultural, de pensamiento cuasi fascista, se ha instalado en todas las estructuras del fútbol:

  • La mayoría de los dirigentes, entre ellos los actuales presidentes de Peñarol y Nacional, como también varios de las demás instituciones, apuntan al objetivo de ganar para ser los mejores. Es decir, son agentes reproductores de esa visión de sentirse superior con más títulos o más triunfos que los rivales. ¿Por qué el presidente de Nacional no fue a la inauguración del Campeón del Siglo o por qué el presidente de Peñarol no aceptó la propuesta de Alarcón de mirar un clásico juntos en la Tribuna Olímpica? Porque prima la visión cuasi fascista de no ceder ante el rival, de percibirlo como un enemigo al que hay que derrotar, en vez de verlo como un adversario que me permita mejorar y ser mejor de lo que soy. ¿O acaso por qué los nombres de Gran Parque Central o Campeón del Siglo? ¿Cuáles son los valores detrás de esos nombres? Y yendo a otro plano, ¿por qué Alarcón se fue del fútbol? Un hombre que tenía una mirada diferente del deporte de mayor convocatoria en nuestro país. Justamente, en parte, porque se cansó de enfrentarse a un modelo donde se ve al rival como un enemigo a destruir.
  • Gran parte de la prensa deportiva, no solo la uruguaya, a nivel mundial ocurre lo mismo, también se guía por ese modelo cultural del deporte cuasi fascista. O acaso no vemos y escuchamos permanentemente a periodistas “comunicando” que tal o cual equipo o selección es mejor que la otra y hablan de fracasos cuando no se consigue un título o no se gana un clásico. Ellos mismos reproducen la idea de que en el deporte hay que ser el mejor y utilizan términos como “lo tiene de hijo”, “lo tiene que aplastar”, “es inferior”, “este equipo da lástima”, o “Chile no le ganó a nadie”, etc, etc.
  • En algunos jugadores (no todos), también se percibe esa visión de querer ser el mejor o el goleador o el menos vencido o el más ganador. Aunque en este sector de la estructura del fútbol es donde se puede apreciar que muchos jugadores persiguen el objetivo de ser mejor y desarrollar al máximo su talento, que no significa ser el mejor. Pero también son agentes reproductores del modelo cuasi fascista cuando regalan entradas a barras bravas, o le dan plata, o cuando demandan a su ex mujer por sacarle una foto a su hija con la camiseta del rival (caso Diente López) o cuando hacen un gol y van derecho a la barra brava (Amsterdam o Colombes) en vez de ir a la Olímpica. 
  • Los entrenadores, no todos por supuesto, cuando le inculcan a sus dirigidos el objetivo de ganar a toda costa. Aquí es importante remarcar el rumbo inverso desarrollado por el “Maestro” en la selección. Cuando declara “el camino es la recompensa”, está claramente por fuera de ese modelo que enaltece solamente ser el mejor en vez de guiarse por la superación personal y ser mejor, entendiendo que la competencia con otro equipo es lo que nos permite dar el máximo para superarnos a nosotros mismos y que en ese camino también se acepta la derrota como un aporte para mejorar nuestras habilidades.
  • Los hinchas sin dudas que se mantienen en ese modelo cuasi fascista del deporte, fundamentalmente los barras bravas que encuentran en esa lógica un espacio de identificación, sentirse parte de un lugar o un grupo o una comunidad, y que va de la mano con la idea de que el otro grupo o comunidad es el enemigo y hay que destruirlo. En ese sentido es claro lo que ocurrió en Santa Lucía, que derivó en un asesinato. También es claro lo que ocurrió en el estadio, cuando varios hinchas de Peñarol afirmaban por redes sociales que “el clásico no se iba a empezar” o “no se iba a terminar si Peñarol iba perdiendo”. La insatisfacción social se canaliza en los hinchas que siguen un modelo mediocre del deporte. Ser el superior, para ellos es ser. Y cuando uno ingresa en esa visión, la recompensa no es el camino, la recompensa es la destrucción del “inferior” para mantener mi posición de superior. Entonces, en esa lógica, ¿cómo se puede aceptar la derrota? 

En estos momentos es, más allá de los errores de los procedimientos del Ministerio del Interior, que cedió un espacio para que fuera apropiado por hinchas que tienen un modelo cultural cuasi fascista, cuando es vital reconocer que el rumbo que se está tomando produce más daño y profundiza un modelo de deterioro que no se va a detener.

El filósofo francés Jean Paul Sartre afirmaba que “un hombre es ejemplo para toda la humanidad”. Si cada uno de los protagonistas no se da cuenta que está ayudando a reproducir un modelo que tiene como objetivo ser superior a los demás, tendremos que lamentar más hechos de violencia en el fútbol uruguayo.

El fútbol uruguayo tiene que recorrer otro camino. Tenemos que comprender que el modelo a seguir es otro: concebir al deporte como el camino de autorrealización humano (Osterhoudt R.G., 2006), donde podamos conocer hasta dónde somos capaces de llegar con nuestros talentos y habilidades, comprendiendo que el adversario no es mi enemigo, sino que es quien me posibilita desarrollar al máximo mi potencial para ser mejor deportista y persona.

Los hechos de violencia en el fútbol evidencian que se impuso el objetivo de ganar para ser superior al otro, no a nosotros mismos. De ahí que se acepte la destrucción del rival, porque lo único que importa es estar en el podio para sentirme el mejor, el “padre” (ver foto de arriba) de todos. Para sentirme superior, vale todo. Vale robar, vale disparar, vale empujar, vale engañar, vale violentar, vale no respetar.

Si no desarrollamos un modelo cultural deportivo de autorrealización humano, donde prime el objetivo de ser mejor y no el mejor, los hechos de violencia en el fútbol no se detendrán jamás. Se podrán contener dentro de una cancha, con la policía ingresando a las tribunas o encerrando hinchas en las seccionales durante el transcurso de los partidos, o no dejándolos entrar. Se podrá evitar la violencia en la cancha, pero seguirá latiendo en la pobreza cultural de un modelo que recorre nuestra sangre cada vez con mayor desesperación y aprovechará cualquier nueva circunstancia para volver a estallar.

 

 

¿Sabías esto?

Compartí la información
17

Seguramente te interese...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Simple Share Buttons