Aldo Mazzucchelli: «la mayoría de los miembros del extinto GACH operan como políticos de túnica»

Aldo Mazzucchelli: "Estamos asistiendo, gracias a la "pandemia", a un nuevo escalón de autodestrucción"
Aldo Mazzucchelli: «Estamos asistiendo, gracias a la «pandemia», a un nuevo escalón de autodestrucción»

La decisión de Aldo Mazzucchelli de retirarse como miembro del jurado del Gran Premio a la Labor Intelectual debido a que Rafael Radi, excoordinador del GACH, es uno de los candidatos, generó una levantisca en diferentes medios y en las redes. Aprovechamos el momento para entrevistarlo acerca de su decisión y de temas muchos más profundos acerca de la pandemia y su rumbo

Aldo Mazzucchelli es escritor, periodista, PhD de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) y docente Grado 5 de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en nuestro país. Desde la revista digital www.extramurosrevista.com viene marcando una postura clara y sólida acerca de lo que está sucediendo respecto a la pandemia en Uruguay y en el mundo.

Por ese motivo su decisión de retirarse como jurado del Gran Premio a la Labor Intelectual debido a que Rafael Radi es uno de los candidatos a recibirlo no llamó la atención de sus lectores pero sí de la prensa nacional e incluso de la Academia de Medicina.

Nos gustó mucho la idea de contar con su palabra en este momento y con mucha amabilidad y fundamentos respondió las diferentes preguntas que le formulamos.

En estos días fuiste noticia por retirarte de una premiación que involucraba a uno de los integrantes del GACH. ¿Cuál fue el motivo?

En los 36 números ya publicados de nuestra revista, www.extramurosrevista.com, se encuentran los muy abundantes fundamentos de mi postura. Decenas o centenares a esta altura de artículos científicos traducidos y publicados, más ensayos de análisis y opinión.

Quienes piensan que la «pandemia» y la actitud que cada uno adopte ante ella debe estar dirigido por argumentos de autoridad institucional, emanados exclusivamente de las fuentes oficiales -burocráticas como la OMS, políticas como el MSP, ideológicas como los partidos políticos y la mayoría de los medios, o económicas como las fundaciones «filantrópicas» o las grandes farmacéuticas- está simplemente delegando sus deberes como ciudadano.

Esa actitud implica tercerizar la propia mente.

Implica negarse activamente a conocer lo que está pasando, y confiar en la palabra de supuestas autoridades «científicas» infalibles. Me parece una posición peligrosa y falsamente cómoda, apoyada en miedo y en el deseo de mantener el status quo a cualquier costo. Debido a que los argumentos que se nos están dando son manifiestamente falsos, es una postura que a la larga o a la corta demostrará su falsedad, y arrastrará a diversas dimensiones de fracaso a quienes se hayan comprometido con ella.

Lo que nosotros proponemos, en cambio, es negar la infalibilidad de esas supuestas autoridades, examinar por uno mismo los hechos y los argumentos en contrario, que existen en abundancia y han sido y son expuestos diariamente por científicos y médicos de extensa y prestigiosa trayectoria como Robert P. Malone, Sucharit Bhakdi, John Ioannidis, Michael Yeoman, Wolfgang Wodarg, Knutt Wittkowski, Vladimir Zelenko, Pierre Kory, Tess Lawrie, Peter McCullough, Peter Breggin, David E. Martin, etc. El lector puede seguir cada uno de los links indicados para aprender mucho sobre la seriedad de las razones contrarias a esta movida política, social y empresarial global, hecha bajo el pretexto de una turbia situación sanitaria que está muy lejos aun de estar clara en todos sus alcances. Por poner solo un ejemplo más, casi nada se ha informado de una declaración pública firmada hace ya un año -y que sigue siendo apoyada, no sé en qué cifras estará ahora- por decenas de miles de profesionales de la Salud, encabezados por los Dres. Martin Kulldorff, profesor de medicina en Harvard University, Dra. Sunetra Gupta, profesora de epidemiología en Oxford University, y Dr. Jay Bhattacharya, profesor de epidemiología en la Stanford University Medical School. Ellos y los demás firmantes, médicos, científicos o profesionales de la salud, tampoco parecen merecer respeto de estas supuestas autoridades infalibles locales, así como tampoco lo merecen los a menudo estremecedores testimonios directos de enfermeras y doctores, algunos uruguayos, que deben dar su testimonio de forma anónima debido al miedo y las amenazas que se han instalado en aquellos ámbitos en donde la gente tiene más para perder, y es más fácilmente controlable. El área de la salud es uno de esos ámbitos, desgraciadamente.

De modo que la sugerencia hecha por algunos de quienes, según se me dice, han comentado en redes y medios locales mi renuncia al famoso tribunal -no he leído directamente ninguna de las repercusiones o comentarios, ni positivos ni negativos, aunque sé que hay bastantes de ambos- de que no puedo hablar ni tener opinión porque mi formación especializada es en Humanidades, sólo revela el nivel de ignorancia en el que vive parte de nuestra población respecto de las responsabilidades que conlleva ser un ciudadano en una democracia.

Mucha gente parece tener la idea equivocada de que para tener alguna opinión sobre la crisis social, política y «sanitaria» del último año y medio hay, poco menos, que pasarse horas bajo un microscopio haciendo ciencia básica o investigación especializada. Eso no es lo que se requiere. Esa investigación la hacen, desde luego, algunos científicos como los que he mencionado y otros, y está a disposición de quien la busque. Desde luego, no la hacen la inmensa mayoría de los miembros del extinto GACH, que operan como políticos de túnica en el mejor de los casos. Hoy se usa la túnica de médico o científico como un elemento de marketing, pero cuando uno mira sus declaraciones constata que están siendo los operadores locales de una línea política global que, sean conscientes de ello o no, lleva a totalitarismo, censura, destrucción de la trama social y la economía de muchos, e imposición de una «nueva normalidad» que nadie votó ni exigió. Que ellos piensen mesiánicamente que tienen derecho a imponerla es, en mi opinión de ciudadano informado, un atropello. Ese es el fundamento último de mi renuncia: resistirme como ciudadano a ese atropello. Los «argumentos» que pide quien no los da a su vez (la Academia de Medicina local, por ejemplo, en su carta del 18 de octubre, apela una vez más al chantaje emocional) están abundantemente expuestos en todo lo publicado en eXtramuros desde marzo de 2020. Los distinguidos y acongojados miembros de esa Academia pueden informarse allí.

Pues, cuando se nos insiste en «seguir la ciencia», ya desde marzo de 2020 hemos interrogado: ¿cuál ciencia? Porque nosotros estamos exhibiendo desde hace un año y medio muy autorizadas opiniones contrarias a todo lo que el GACH y organismos burocrático-políticos han aconsejado y llevado adelante, opiniones que vienen, como acabo de referir, de científicos de indudable y largo prestigio.

La ciencia sana debería ser un ámbito de disputa libre. Lo que se viene llamando «ciencia» en los grandes medios en los últimos tiempos es más bien una religión cientifista, debido al componente autoritario central que tiene, que responde a agendas ideológicas, políticas y de intereses, muy alejados todos de cualquier sincero deseo de investigar la verdad.

Al momento de publicar esta entrevista la cuenta de Youtube de Aldo Mazzucchelli está censurada
Al momento de publicar esta entrevista la cuenta de Youtube de Aldo Mazzucchelli está censurada

Los científicos que opinan diferente, mientras tanto, han estado siendo atacados, calumniados, cancelados, suprimidos y censurados por parte de los grandes medios de comunicación globales y los gigantes tecnológicos -Google, Facebook, Twitter, Youtube, Wikipedia…- Sólo quien se resista a informarse puede ignorar cómo están operando ambos grupos como portavoces unánimes de una campaña de pensamiento único a nivel de la tierra entera. Sus intereses están alineados al discurso pandémico, y en su mayoría además son, o bien dependientes de los intereses económicos que están moviendo el discurso y las iniciativas «pandémicas», o no tienen más remedio que sumarse a ellas porque, debido a su presencia e incidencia global, las presiones políticas y de otra índole que tienen que soportar todos los días sus responsables serían de otro modo irresistibles.

Si esto no fuese notorio por sí mismo, sigo invitando al lector a pensar por qué es preciso ahora censurar opiniones no sólo de estas figuras mundiales, sino también de alcance local o regional. ¿No alcanzaría con emitir argumentos mejores y permitir un debate verdaderamente plural, informando con honestidad de las distintas posiciones?

Sin embargo, no vemos argumentos ni debate abierto, sino censura abierta. Todos conoceremos a esta altura casos de canales de YouTube, cuentas de Twitter o posteos de Facebook bajados, censurados, eliminados. Mi propia cuenta de YouTube tiene una prohibición de que suba nuevos videos hasta diciembre. El delito cometido es haber cuestionado la lógica del relato pandémico, o haber llamado la atención sobre hechos vinculados a las campañas de vacunación. Mi caso es ínfimo comparado con miles de otros casos, canales, comunicadores, etc. ¿Cómo es posible que las personas que se dicen «demócratas» y «liberales» en el Uruguay no estén preocupados ni hagan nada ante este avance generalizado de la censura?

Nuestra resistencia -que es también global- a la revolución totalitaria impuesta desde arriba que significa la pandemia está siendo activamente suprimida, también, por los grandes medios y por sus repetidores, los pequeños medios locales como nuestros canales de televisión. Se evita activamente informar de los millones de ciudadanos de la tierra que nos estamos movilizando, especialmente en las grandes ciudades europeas y de Australia en los últimos meses. También la información respecto de la política global, particularmente la norteamericana, viene siendo sometida a un tratamiento maniqueo de «discurso único» desde hace un lustro aproximadamente. Y los medios uruguayos y los periodistas locales reproducen todo eso sin la más mínima capacidad crítica.

Como estamos viendo lamentablemente no fuiste noticia por tus argumentos expuestos en varias de tus columnas que hubieran permitido abrir el debate. Si bien ya lo has mencionado, ¿cómo evaluás la cobertura de los medios de comunicación privados y públicos, también los internacionales, respecto a la pandemia?

Me remito a mi artículo de abril de 2020 sobre el particular. Nada ha cambiado, sino sólo se ha profundizado. Mi querido Fernando Andacht ha escrito abundantemente analizando esto. Sus artículos son extraordinarios y también podrían ser tenidos en cuenta por quienes, hoy o mañana, quieran pensar sobre lo que está pasando.

¿Por qué no te vacunaste?

Hay muchas razones para no hacerlo, y en mi opinión ninguna valedera para hacerlo, en esta situación. Enumero sólo algunas, de las más suaves a las menos.

* Una «pandemia» cuyos números de «casos» y «fallecidos» están obviamente manipulados desde el principio (un «caso» es un PCR positivo corrido a 35 o más CT; un «fallecido Covid» es cualquier fallecido con un PCR positivo); y que aun así ha tenido una incidencia muy menor en términos de muertes (0.026% de la población mundial habría fallecido «por Covid», aun con estas cifras infladas que se manejan) no amerita dejar de confiar en el propio sistema inmune. La inmensa mayoría de los fallecidos atribuidos a Covid se cuentan entre la población con condiciones previas y que ya ha superado el promedio vital. Ninguno de estos datos recomienda arriesgarse a una inyección cuyos beneficios son de hecho inexistentes, pese a la insistencia de la campaña oficial de marketing para que todo el mundo se la ponga.

* La así llamada «vacuna» experimental no ofrece garantías, salvo las que pretenden dar sus fabricantes, quienes lucran con ella. Las vacunas no han superado fases decisivas ni los tiempos que se hubiesen requerido normalmente para su aprobación.

* Pese a la férrea negativa del oficialismo Covid a reconocer nada de esto, y a que presentan cifras amañadas, las vacunas ya han demostrado ser muy peligrosas para la salud. Las muertes, como se puede apreciar en el video al comienzo de este informe (datos universidad Johns Hopkins) se han incrementado de manera exponencial a partir del inicio de la campaña, y los argumentos que se dan para explicar este estremecedor fenómeno -aparición misteriosa, y siempre coincidente con el segundo o tercer mes de la vacunación masiva, de «variantes»- no tienen mayor asidero. Esas pseudo explicaciones que parecen inventadas al vuelo sin ninguna prolijidad, se mezclan con confusas «conclusiones» sobre una misteriosa «pérdida de efectividad» de las vacunas, nunca explicada, salvo que como lo había advertido el vacunólogo belga Geert Vanden Bosche se trate del llamado «escape inmunológico viral». Es lo que acaso pase en Israel, donde se está ante un nuevo pico de «casos» y «fallecidos» que se concentra en los vacunados, pese al alto porcentaje de cobertura de la inyección Pfizer. O acaso sea, como denuncian en los últimos meses científicos de diversos orígenes, el efecto de la proteína espiga inoculada con la vacuna misma.

Mientras que el resto, la mayoría de la población vacunada, al principio sólo exhibe algunos molestos efectos secundarios, las muertes se concentran primero en los más vulnerables y ancianos, algunos de los cuales han muerto luego de la primera dosis. Puesto que con una dosis no se consideran «totalmente vacunados», las autoridades atribuyen sus fallecimientos a cualquier otra causa. Esa acaso sea parte de la explicación del pico lamentable de fallecimientos que hemos visto en Uruguay y en cientos de países apenas comenzada la campaña masiva. Luego, con el correr de los meses, se empiezan a ver efectos secundarios crecientemente graves -a nivel del sistema cardiovascular sobre todo- que los médicos tampoco están preparados para asociar a la vacunación -pareciera que el dogma o la amenaza son más fuertes, y en general se habla de misteriosas «alergias». Veremos cuando estos casos avancen a medida que pase el tiempo, qué clase de explicación se les da, así como al aumento ya notificado de muertes súbitas de personas sanas y jóvenes.

Los efectos secundarios de las vacunas, aun en un registro como el VAERS norteamericano que solo toma un porcentaje menor de los mismos, es estremecedor.  Normalmente hasta ahora en Estados Unidos se había detenido una vacuna si aparecían alrededor de 20 muertes asociadas a ella. En lo que va del año se han reportado directamente más de 16.000 muertes asociadas a estas vacunas solo en USA -y esto se considera generalmente que, para el VAERS, es alrededor de entre el 5 y el 10% del total de eventos reales-, y las autoridades del CDC y FDA no hacen nada. En cambio, están a punto de aprobar otro refuerzo, y la vacunación de niños entre 5 y 12 años. En mi opinión, se trata de una imprudencia criminal recomendar y hacer marketing usando todas las formas conocidas de coacción sobre padres, jóvenes y niños, para inocular con una protección que -como vemos en todo el mundo- no es eficaz, pero además no es necesaria, especialmente a esa edad.
Un resumen razonablemente amplio de varios de los problemas vinculados a estas vacunas puede ser consultado en este número de eXtramuros.

Uno de tus conceptos lo hemos citado mucho en nuestro portal, el de «ortodoxia covid». Qué significa?

Un conjunto de creencias no sometidas a examen, basadas en argumentos de autoridad y en peticiones de principio ideológicas, que se constituyó en la única versión autorizada a repetir por autoridades públicas, políticos, y comunicadores sensibles más a los «likes» que a la investigación de la verdad.

Anthony Fauci es el director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos

Seguramente seas la persona en nuestro país que analizó mejor los contenidos de los mails de Fauci, de los cuales aquí la prensa no se hizo eco. ¿Cuáles son tus conclusiones sobre los contenidos de los mails?

Aquella serie de mails que fueron analizados hace meses en eXtramuros son la segunda parte de una larga «nota triple», digamos, en donde me propuse repasar lo que se podía entonces averiguar acerca del origen de este supuesto nuevo «virus». La primera de las notas es una titulada «Mierda de murciélago (o el origen de todo)» publicada el 10 de mayo de este año. A ella la siguió, el 10 de junio, «Teorías de la conspiración«, que se ocupa del análisis de los emails de Fauci -y cómo de ellos surgen varios de los actores fundamentales en el montado y manejo de la «ortodoxia Covid». Y la tercera es del 17 de julio, y se llama «La larga y deliberada preparación del SARS-CoV-2 y sus «vacunas»«, donde en base a investigaciones del experto en patentes David E. Martin, se muestra cómo ha habido una extensa colocación de diversos agentes a lo largo de dos décadas en el mundo (y el negocio) de los para nada novedosos virus «SARS». Esos agentes están aprovechando ahora lo que viene ocurriendo hace año y medio de diversas formas.

En una de nuestras columnas el profesor Rafael Suárez consideraba que el covid fue aprovechado para alcanzar distintos objetivos: evitar la reelección de Trump, multiplicación de ganancias por parte de las grandes corporaciones y debilitamiento de los estados nacionales (y en consecuencia sus burguesías) apelando a las inseguridades de nuestros egos. Para vos cuál es el escenario que existe detrás del covid?

Es grosso modo ese. Nosotros también hemos marcado estos puntos y otros, como el aceleramiento en la generalización del uso de diversas tecnologías, y en general, un aumento masivo del control de la ciudadanía. También hay una transferencia masiva de recursos a grandes grupos globales. Yo agregaría que todo esto es una gran maniobra mezclada: por un lado (como en el caso de la tecnología) busca acelerar la adopción de una versión tecnocrática de «futuro», que se pretende además hacer real en materia no sólo de aparatos, sino también de ingeniería social y manipulación de la conciencia humana. Por otro, busca frenar la democratización y participación real de la gente que las nuevas tecnologías de la información -y otras- posibilitan. Es decir, es también una maniobra reaccionaria. Es reaccionario censurar. Es reaccionario lo que hacen los canales y los periodistas: vender un discurso de miedo para aumentar el rating, a costa de la salud mental, física y social de la población. Es reaccionario porque buscan recuperar audiencia que con toda justicia venían perdiendo hace dos décadas casi a manos de la nueva comunicación digital, que por suerte siempre tiene un componente invencible de anárquica y libre -pese a que están haciendo lo imposible para liquidar esto. La insistencia en atacar las fuentes libres en internet es pruebna de que son reaccionarios completos. No quieren permitir que nadie piense distinto a ellos, y para eso se apoyan en sus ridículas y amañadas compañías «verificadoras de datos», financiadas por los mismos capitales que financian los grandes periódicos y canales globales.

Todo lo anterior se inscribe en una decadencia general de «Occidente». Estamos asistiendo, gracias a la «pandemia», a un nuevo escalón de esa autodestrucción civilizatoria, que probablemente es algo natural y necesario. Lo que seguirá no será como 2019, por suerte.

Junto al ex Presidente JM Sanguinetti presentando un libro de Luis Hierro Lopez sobre Joaquin Suarez. Teatro Politeama, Canelones, 13 de octubre 2021

Eres un hombre de letras. ¿Si pudieras equiparar un mito con lo que está sucediendo ahora cuál sería y por qué?

Habría muchos. El rapto de Perséfone es interesante, aunque inesperado para muchos lectores. Hades secuestra por un tiempo a las fuerzas de lo creativo y natural. La tierra entra en un período triste, invernal. «Distanciamiento social», pérdida de alegría, soledad, enfermedad y muerte. De una negociación con Zeus (hermano de Hades) se conseguirá que esa fuerza vuelva a la tierra de un modo más equilibrado que el que tenía. Eso espero para el futuro. Por el momento la doncella está oculta -y quizá pasándola bien en los palacios subterráneos de Hades.

¿Y un libro?

Brave New World de mi tocayo Huxley, claro.

En todo esto que parece sobrepasarnos, ¿dónde queda parado el ser humano?

Estamos todos un poco en una trasmutación y un reciclaje. Yo diría que cada uno podría prestar atención interiormente a las opciones que está haciendo en estos tiempos. No sólo si se vacuna o no (esto es muy trascendente de por sí), sino cómo negocia y articula sus diferencias con los demás, y qué tan firme es capaz de ser en sus convicciones. Esto, creo, es una especie de gran prueba espiritual a la que nos estamos sometiendo. De las decisiones que vayamos tomando individualmente en estos tiempos dependerá cómo nos encaminamos a lo que sea que viene.

En estos pasajes de incertidumbre y pensando en lo que se puede venir en los próximos años, ¿qué autor recomendarías leer y por qué?

Cualquier clásico es recomendable. Especialmente aquellos que recuerden las dimensiones ocultas y espirituales de la existencia, que el materialismo y cientifismo ambientes intentan destruir.

Muchas Gracias Aldo Mazzucchelli por tu tiempo y tu análisis!

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *