Caso Juan Pedro Mir: Vázquez reprobado

Nota insuficiente: puede y debe mejorar

Nota insuficiente: puede y debe mejorar

El caso Juan Pedro Mir volvió a sacudir el ambiente de los actores de la educación nacional y evidenció la falta de «pedagogía» de Tabaré Vázquez que nuevamente dio un paso en falso en la transformación del ADN de la enseñanza uruguaya.

El Director de Educación Juan Pedro Mir debió alejarse del cargo a raíz de sus declaraciones formuladas en una actividad política del propio partido de gobierno. En dicha ocasión Mir señaló que «no hay nada más de izquierda que articular una transformación educativa real, estamos muy lejos… Sin entrar en detalles, más que cambio de ADN, y lo digo bajito, si las cosas siguen así vamos a hacer una transfusión. No creo que hagamos un cambio de ADN porque no están dadas las condiciones políticas en el gobierno de la educación».

¿Cuál fue la postura de Tabaré Vázquez al respecto? La censura y la intolerancia. Le solicitó a la Ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, exigiera a Mir su alejamiento del cargo y efectivamente el maestro terminó presentando su renuncia.

En lugar de analizar las palabras del Director de Educación y reflexionar sobre sus dichos a partir de la crítica constructiva, articulando su pensamiento con el de otros protagonistas educativos para proyectar o no el horizonte educativo, Vázquez tomó la pésima determinación de separarlo del cargo.

Para muchos utilizar la palabra autoritario puede resultar excesivo. En este caso creo que Vázquez mostró nuevamente que las cosas se hacen a su manera o no se hacen. El decreto de esencialidad que eclosionó en el medio del conflicto de los sindicatos docentes por la redistribución y priorización del presupuesto fue otra gran perla que se colocó nuestro presidente en su collar de medidas «antipedagógicas».

Que un experto en la materia no pueda contradecir con el presidente, que de educación sabe poco, es un claro ejemplo del perfil que está teniendo el gobierno, que pretende corporativizar en una dirección de firmeza, pero sin sentido educativo democrático.

Vázquez no está sabiendo liderar la transformación que la enseñanza necesita y tampoco tiene un proyecto realizable para imponerlo, por eso muestra dientes y garras en vez de articular procesos con todos los involucrados.

Juan Pedro Mir (foto de La Diaria)

Juan Pedro Mir (foto de La Diaria)

El día que asumió su segundo mandato como presidente, afirmó: «Debemos cambiar el ADN de la educación. Especialmente el de la educación media para alcanzar un modelo educativo de excelencia e inclusión. Nos comprometemos a la construcción de un sistema integrado para la educación básica de 3 a 14 años. Primaria y educación media básica son condición de ciudadanía (…) Es necesario contar con más centros de enseñanza media de escala más pequeña, estos centros se podrán realizar a través de anexos de educación media básica en las escuelas del país donde no haya espacios físicos».

Las palabras de Mir a pocos meses de las que acabamos de leer representan un golpe al mentón al presidente. Eso es cierto. ¿Se puede pensar que un integrante de la fuerza política que está en el gobierno contradiga las declaraciones del propio presidente? Yo creo que en un gobierno de izquierda sería un gran error no hacerlo. Las palabras de Mir no solo son acertadas, están dadas en un contexto de cuasi exterminio educativo y de demonización de los sindicatos de la enseñanza, colocados ahora por todas las fuerzas políticas como los responsables del deterioro del aprendizaje de nuestros niños y adolescentes.

Y realmente señor presidente, seguir alimentando esa lógica no es transformar el ADN en la educación. Reconocer las limitaciones de sus afirmaciones realizadas el primero de marzo sería dar un gran paso en la inyección de un horizonte posible en base a un presupuesto real que priorice un formato de enseñanza construido por todos los actores involucrados, porque son ellos en la diaria los que deberán aplicarlo.

Primero que nada sería bueno reconocer que ni este gobierno ni el anterior son los responsables del deterioro educativo. Estamos hablando que en Uruguay por décadas el presupuesto para la educación fue más que magro. Es cierto que ha habido un viento de cambio desde la llegada del Frente Amplio, pero también es cierto que con eso no alcanza y no alcanzará para transformar la matriz educativa de la enseñanza pública uruguaya.

Son bien certeras las palabras del propio Mir cuando habla de transfusión. Eso sí es viable y es un horizonte posible para construir entre todos. Haberlo separado del cargo muestra el desconcierto del gobierno y del mismísimo Tabaré Vázquez de hallar una alternativa sólida para mejorar el aprendizaje de las nuevas generaciones. Y esa alternativa, tenemos que tener esto todos muy claro, no se soluciona solamente dentro del sistema de enseñanza. ¿Cómo se compensa el bajo capital cultural de miles de familias que no tienen un libro siquiera en sus hogares? ¿Cómo se compensa un niño que al nacer no ingiere los nutrientes necesarios para desarrollar de forma óptima su aprendizaje? ¿De qué manera se logra que un docente alcance su máximo rendimiento cuando está agotado por el multiempleo y los bajos salarios?

Esto no se arregla barriendo para adentro y exigiendo obediencia a los que tienen que liderar los procesos de cambio. La educación uruguaya es de todos los uruguayos. Y sin ellos no hay transformación del ADN posible.

Una reforma de izquierda concebida en escritorios, no es una reforma de izquierda. Es un acto administrativo que tiene como objetivo el éxito de un proceso electoral.

Pensar una educación que permita el desarrollo del potencial de docentes y estudiantes, no solo en el plano académico, también en lo emocional y social, es clave para transformar el ADN educativo, el cual, hasta el momento, continúa siendo, en alto porcentaje, un agente de reproducción de desigualdad.

Un líder negro sudafricano llamado Steve Biko decía que para demoler el Apartheid la clave estaba en desarrollar la esperanza, esa vibración que nos lleva a ser mejores y que nos impulsa a confiar en nuestras propias fuerzas. En nuestro caso, la educación concebida como valor democrático lo que menos tiene es esperanza.

Tabaré Vázquez, en el caso Juan Pedro Mir, la mató otro poquito, la despojó nuevamente de esa sangre que lo llevó de la escuela pública de La Teja a ser el primer oncólogo presidente del Uruguay, le quitó otro pedacito de alma… y por ser un gobierno de izquierda, cada vez duele más.

 

 

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