Existe una conexión entre la pandemia, los autos eléctricos y el retiro de tropas de Afganistán?

Existe una conexión entre la pandemia, los autos eléctricos y el retiro de tropas de Afganistán?
Existe una conexión entre la pandemia, los autos eléctricos y el retiro de tropas de Afganistán?

En una nueva columna de opinión el Profesor Rafael Suárez nos brinda una mirada acerca de la intrincada geopolítica a nivel mundial. Existe una conexión entre la pandemia, los autos eléctricos y el retiro de tropas de Afganistán?

Evidentemente lo que voy a plantear aquí son puras conjeturas. Es imposible probar el análisis que voy a desarrollar en esta columna de opinión. Así que, como siempre digo en clase, no hay que creer nada de lo que digo en las siguientes líneas. Solamente voy a dejar planteada una visión basada en indicios y señales que suceden en el mundo en la actualidad. Ante la interrogante de si existe una conexión entre la pandemia, los autos eléctricos y el retiro de tropas de Afganistán mi respuesta es afirmativa e intentaré explicar por qué.

Es claro que esta columna se enmarca en las llamadas «teorías conspiranoicas» y así debe tomarse. La interpretación de datos siempre nos conducen a miradas singulares de la realidad que nos toca vivir y en esta oportunidad no existe una excepcionalidad.

Habiendo advertido que el fundamento de mi opinión tiene que ver con la interpretación que hago de pistas y señales, no de pruebas contundentes, comienzo a compartir con ustedes mis impresiones.

El objetivo de corto plazo de la pandemia

En varias columnas de opinión desarrolladas en el inicio de la pandemia sostuve que la misma era utilizada con tres objetivos específicos por parte de las grandes corporaciones trasnacionales.

El 19 de marzo del 2020 escribí lo siguiente:

Haya sido intencional o no, la aparición del Coronavirus va a ser utilizada básicamente con tres objetivos:

  • Impedir la reelección de Trump
  • Mantener al máximo los beneficios del capital por parte de las grandes corporaciones transnacionales
  • Debilitar los Estados de Bienestar

El objetivo de corto plazo se logró con abultada solvencia. Lo que tenemos que empezar a reflexionar es sobre qué tiene que ver esto con los autos eléctricos y el retiro de tropas de Afganistán. ¡Ya vamos a llegar a ello!

Recordemos por las dudas que cuando nos referimos a las grandes corporaciones trasnacionales estamos diciendo que tiene su origen en el sistema financiero global, el cual comienza a tomar una fuerza inagotable y de alguna manera se planta la semilla de una nueva clase alta. Una clase alta sin patria, sin nación, que tiene como objetivo acumular mayor cantidad de riquezas sin importar el país donde radica. Es una entidad que cobra conciencia de sí misma y opera a través de bancos, industrias y empresas tecnológicas.

Para esta nueva clase alta sin nación los peajes de la Edad Media son los aranceles de los Estados actuales. Los Estados, que son el eje de las burguesías nacionales ya que protegen su producción, son un contratiempo para sus intereses. A esta nueva clase alta le conviene que los Estados no tengan aranceles ni grandes beneficios para trabajadores y jubilados.

Trump llegaba con una posición extremadamente dura respecto a las grandes corporaciones y les hizo frente. Multiplicó los aranceles para productos chinos y siempre quedó clara, al igual que Bolsonaro en Brasil, su postura contraria a las medidas tomadas por la pandemia a nivel global. Pero además Trump llegaba con un discurso demoledor sobre el cambio climático. Para él no existía y desde un primer momento cuestionó los aportes de Estados Unidos a investigaciones vinculadas a ese tema. De hecho las retiró. Obviamente que esta postura contra el cambio climático va de la mano con un ataque directo a la industria de los autos eléctricos. Su principal motivo de existencia tiene que ver con la no contaminación y con el uso de energías limpias. ¿Pero esto es así?

Detengámonos unos momentos en ello.

Los autos eléctricos utilizan baterías de litio

Los autos eléctricos son amigables con el medio ambiente?

Akira Yoshino fue uno de los tres científicos que recibió el premio Nobel por haber desarrollado las baterías de iones de litio. El mismo día que recibió la distinción ya marcó una postura preocupante al respecto: aseguró que la clave para el futuro de la movilidad eléctrica es el reciclaje de las baterías, un proceso que presenta muchas lagunas.

Una evaluación de la Directiva Europea sobre Baterías ya nos alerta que «el reciclaje de baterías de iones de litio emite grandes cantidades de gases de efecto invernadero como resultado del proceso pirometalúrgico. El refinado de cobre, cobalto y níquel es también intensivo en energía y produce emisiones adicionales de gases de efecto invernadero».

También tenemos que considerar el cobalto.

«En un mundo de vehículos 100% eléctricos, la demanda de cobalto aumentará en un 2.000%», según un informe de UBS.

«El cobalto es altamente tóxico y tiene un impacto directo en la salud humana», afirma el geoquímico Olivier Pourret.

Entonces, qué es esto de que los autos eléctricos protegen el medio ambiente? Es una afirmación real o está invadida por intereses económicos?

Existe algún vínculo directo con las medidas tomadas por la pandemia y los autos eléctricos?

En este punto es donde la «teoría de la conspiración» comienza a ponerse interesante. Sí, hay algo en común, un nexo. ¿Cuál sería ese nexo? Los accionistas de las vacunas y de los autos eléctricos son casi los mismos.

Vamos a poner un ejemplo que es el más elocuente. Bill Gates tiene acciones en 7 laboratorios que desarrollan vacunas.

Bill Gates financia 7 vacunas

«Hoy ordeno a mi Gobierno suspender los fondos para la Organización Mundial de la Salud mientras reviso su conducta para determinar su papel y su grave mala gestión y el encubrimiento de la expansión del coronavirus», comunicó el presidente estadounidense, Donald Trump el pasado 14 de abril.

Mientras tanto Bill y Melinda Gates salieron al cruce de la decisión de Trump anunciando que donarían 250 millones de dólares a la OMS para la lucha contra el Covid-19. Previo a esa decisión, la fundación Gates ya había destinado fondos para el proyecto de la Universidad de Oxford liderado por la inmunóloga Sarah Gilbert, que ha sido señalada por los Gates como la gran salvadora del planeta ante esta pandemia. Además, Melinda y Bill Gates han afirmado que están escogiendo los mejores siete estudios de vacunas disponibles y están investigando para que se puedan producir. «Aunque terminaremos escogiendo dos de ellas como mucho, vamos a financiar la fabricación de las siete, y así no perder el tiempo diciendo qué vacuna funciona», ha señalado el segundo hombre más rico del mundo en 2019, según la lista anual de la revista Forbes.

Por otra parte Gates declaró en febrero de este año que «creo que Tesla es una compañía increíble. Me hubiese gustado tener más acciones a largo [risas], pero es grandiosa». Se hizo público que el magnate había comprado acciones a corto en la compañía líder en investigación en autos eléctricos, más allá de las diferencias sustanciales con su CEO Elon Musk (quien criticó públicamente el plan de vacunación de Gates).

Más allá de mencionar a dos de los hombres más ricos el mundo, tengamos presente a un actor clave en las grandes corporaciones trasnacionales. La empresa financiera J. P. Morgan recomienda a sus accionistas invertir en autos eléctricos, al igual que otra mole mundial como Citibank.

Serán casualidad estas declaraciones del nuevo presidente norteamericano hace apenas un mes habiendo tomado la decisión de retirar las tropas de Afganistán?

«Estamos deseando trabajar con el gobierno de Biden, el Congreso y los gobiernos estatales y locales para promulgar políticas que permitan alcanzar estos ambiciosos objetivos», aseguraron en un comunicado conjunto Ford, General Motors y Stellantis, propietaria de Jeep y Chrysler.

La orden ejecutiva establece «un nuevo y ambicioso objetivo para que la mitad de todos los vehículos nuevos que se vendan en 2030 sean de cero emisiones, incluyendo vehículos eléctricos de batería, híbridos enchufables o de pila de combustible».

Pero el problema ambiental no se resuelve en lo más mínimo.

Baterías de vehículos eléctricos en el mercado (azul) al final de su vida útil (amarillo) y para reciclaje (verde)

El lugar de China

Recordemos que en China surgió la pandemia hace casi dos años.

En la actualidad, las baterías de iones de litio que equipan los vehículos eléctricos se reciclan principalmente en China, el gigante asiático recicla el 70% según los expertos.

Tenemos que tener en cuenta que las compañías chinas CATL y BYD son las que predominan en el mercado de los nuevos motores eléctricos, muy por delante de Estados Unidos y de Europa. Estas empresas están subsidiadas por el gobierno chino, que ve el negocio redondo en el futuro, ya sea en su mercado interno como en los mercados internacionales, y donde también genera alianzas con empresas extranjeras.

De hecho, la empresa Tesla anunció recientemente que colocará 27 estaciones de carga para autos eléctricos a los largo de 5.000 kilómetros, cruzando China de este a oeste.

Solo en 2020, en China se vendieron más de 1 millón de autos eléctricos, dentro de los cuales, Tesla compite con grandes compañías como Nio, o pequeñas marcas como Wuling.

Es evidente que proteger las inversiones en las nuevas energías es vital para todos los actores, accionistas y gobiernos.

Los talibanes toman el control

La conexión Afganistán

Tras 20 años de ocupación norteamericana en Afganistán y habiendo gastado la suma de 9 mil millones de dólares, el país aumentó el desempleo y la pobreza, aunque también aumentó las cifras de producción de amapolas (de 20 mil hectáreas pasó a casi 300 mil) y de la producción de litio y cobre.

El litio, como sabemos, es clave para sostener la industria de los autos eléctricos.

Cuando los talibanes ingresaron a Kabul el 15 de agosto, no sólo se hicieron con el control del gobierno, no solo provocaron horrores con las mujeres afganas, también se hicieron con el control del acceso a enormes depósitos de minerales que son cruciales para la economía mundial de la energía limpia.

En 2010, un memorando interno del Departamento de Defensa de Estados Unidos denominó a Afganistán “la Arabia Saudí del litio”, después de que los geólogos estadounidenses descubrieran la enorme riqueza mineral del país, valorada en al menos un trillón de dólares. El litio, como ya hemos señalado, es vital para los vehículos eléctricos y las baterías de energías renovables.

Esta retirada apurada de las tropas norteamericanas de Afganistán preocupó a Trump, ya que dejaba un claro para que China se acercara al país afgano. Es decir, si Estados Unidos se retira, ¿quién se beneficia?

«Es hora de que Joe Biden renuncie por permitir lo que sucedió en Afganistán, pero también por el vertiginoso ascenso del Covid-19, el desastre en la frontera, la supresión de nuestra independencia energética y la parálisis de nuestra economía», manifestó Trump hace pocos días.

Quedémonos un segundo en el concepto de «supresión de nuestra independencia energética».

Al asumir en su mandato, Trump había destrozado el plan de Obama de robustecer la energía limpia reduciendo la energía en base a carbonos. El plan de los demócratas estaba en línea con los intereses de los grandes empresarios de las energías renovables. Trump los demolió firmando un decreto en 2017 para dejar atrás la lucha contra el cambio climático y retomar la producción de la energía en base a carbonos.

Los intereses de Trump se oponían a los deseos de las grandes corporaciones trasnacionales y por supuesto a los de China, quien cuenta con 91 kilómetros de frontera con el país afgano y además está diseñando la famosa ruta de la seda, la cual cruza por Pakistán hasta el mar arábigo para acelerar la venta de su producción.

Algunos de los yacimientos importantes en Afganistán

Conjetura

Habrá sido inocente la desproporción de las medidas tomadas en el mundo por el coronavirus por la cuales se logró evitar la reelección de Trump, favoreció los ingresos económicos de las grandes corporaciones y permitió el acercamiento de China a las «tierras raras» afganas pudiendo alcanzar un acuerdo con el gobierno talibán para explotarlas?

Bill Gates, por tomar un ejemplo, se benefició de la suba de acciones de su empresa Microsoft (entre las 10 mejor cotizadas en el 2021), la venta de vacunas (accionista en 7 vacunas) y sus acciones en Tesla.

J. P. Morgan y Citibank también se beneficiaron con la pandemia.

China, que fue el origen de todo, también creció comparativamente con otros países, fundamentalmente con Estados Unidos y Europa, y recibió más inversiones de Tesla y Gates, entre otros popes de la economía mundial.

Con el anuncio reciente de Biden y tras la retirada de Afganistán, las acciones de las empresas de autos eléctricos también se elevaron.

En ese sentido el primer objetivo (evitar la elección de Trump) y el segundo (aumentar las ganancias de las corporaciones) se ven con claridad en el nuevo escenario mundial pandémico.

Pero quiénes son los que salen más debilitados de todo esto?

Los Estados de Bienestar de Europa y la economía del gobierno norteamericano.

Europa y Estados Unidos tuvieron que multiplicar la deuda pública para hacer frente a las medidas de la pandemia. ¿Quién «compró» esa deuda? China, por supuesto, y las grandes corporaciones financieras.

Aquí comienza a plasmarse el tercer gran objetivo de esta pandemia: debilitar a los estados de bienestar a través de la paralización económica y del endeudamiento.

La alianza entre las grandes corporaciones y China tal vez quede reflejada en las siguientes palabras de Xi Jinping: “Siempre he dicho que los seres humanos son de una comunidad de destino compartido. La solidaridad y la cooperación son las armas más poderosas para superar las epidemias relacionadas con la seguridad de los pueblos de todos los países. La Fundación Gates se unió al esfuerzo global para combatir la epidemia de neumonía causada por el nuevo coronavirus desde el principio y ha desempeñado un papel positivo. Apoyo la cooperación entre la Fundación Gates y las instituciones chinas relevantes. También espero que la comunidad internacional fortalezca la coordinación y trabaje conjuntamente para salvaguardar la salud y el bienestar de la humanidad”.

No es una prueba, pero podemos considerar una señal entre un país supuestamente comunista que saluda a uno de los empresarios más agresivos del sistema capitalista.

Como he dicho a lo largo del texto, solamente dirigí la interpretación de los hechos a los intereses de esta columna. Para muchos de los lectores podría considerarse que es un razonamiento traído de los pelos. Y tal vez lo sea, ¿pero en caso que no? Si este razonamiento tiene un atisbo de verdad en los próximos años nos encontraremos con un mundo totalmente nuevo, que comenzará a ser dirigido por grandes corporaciones asociadas a organismos internacionales y donde los estados de bienestar no podrán hacer frente a las demandas sociales y laborales debido a su endeudamiento público. Primero intentarán pagar deuda con la herramienta de la inflación, pero no podrán sostener sus estructuras aumentando los precios y lentamente irán disminuyendo los beneficios a los sectores más vulnerables. Los subsidios desaparecerán y la obra pública dependerá de las grandes corporaciones. Si algo de esto es verdad, la pobreza en los sectores populares se acentuará y la concentración de riqueza continuará aumentando como en ningún otro momento de la historia humana, en una ruta que nos llevará a la deslegitimación de los estados nacionales en favor de un gobierno mundial corporativo que bregará por «salvaguardar el bienestar de la humanidad» de acuerdo a sus códigos y directrices.

Profesor Rafael Suárez

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