Coronavirus como arma para impedir la reelección de Trump? Armando un puzzle

Coronavirus como arma para impedir la reelección de Trump? Armando un puzzle
Coronavirus como arma para impedir la reelección de Trump? Armando un puzzle

Es posible que esté siendo utilizado el Coronavirus como arma para impedir la reelección de Trump? Se esconde algo más detrás de toda esta alarma mundial cuando algunas voces especializadas afirman que es exagerada? Intentaremos armar un puzzle con algunas piezas a ver qué te parece.

El tema del Coronavirus tiene en vilo a todos los uruguayos y por supuesto a la mayor parte de los países del mundo. Cuando una idea impacta en la mente de tantas personas se vuelve imparable. Habrá existido intencionalidad? Qué refleja la coyuntura internacional? Una pregunta que nos ayudará a ver algunas aristas de lo que está ocurriendo es si está siendo utilizado el Coronavirus como arma para impedir la reelección de Trump. Habría algo más?

Muchas personas sentimos que algo no cierra. De hecho mi columna de opinión anterior tuvo más de 10 mil visitas en dos días (y sigue aumentando más rápido que el virus), lo que evidencia una curiosidad diferente a todo el tema de la pandemia. Lo cierto es que toda la información está puesta en un sólo sentido (la alarma) y lo que queda por fuera de ese enfoque no es validado. Siempre ocurre lo mismo cuando una idea es hegemónica, tanto en política como en medicina (y en cualquier otra área o zona).

En lo personal me dispuse a armar un puzzle de lo que estamos viendo, utilizando algunas piezas y sin tener la imagen de referencia como guía (esa que tenemos en la tapa de todos los puzzles). Así que nada de lo que diga puede ser creíble y menos en el marco de las teorías conspiratorias. Lo que voy a transmitir es solamente una opinión, una sospecha, y mi intención no es convencer (vencer con el conocimiento) a nadie. Solamente compartir una foto de una visión de la realidad.

Haya sido intencional o no, la aparición del Coronavirus va a ser utilizada básicamente con tres objetivos:

  • Impedir la reelección de Trump
  • Mantener al máximo los beneficios del capital por parte de las grandes corporaciones transnacionales
  • Debilitar los Estados de Bienestar

Si bien voy a hacer mención a ellas, los que estén más interesados en conocer más profundamente el hilo de mis opiniones les sugiero estos tres enlaces anteriores:

Voces disonantes respecto a la alarma mundial provocada por el Coronavirus

En lo personal me he centrado mucho en la opinión de dos especialistas que no están compartiendo las medidas que se vienen desarrollando. Sus voces son permanentemente calladas o desvalorizadas. Pero obviamente siempre ocurre lo mismo cuando existe una corriente hegemónica que se desplaza a tanta velocidad y virulencia.

Pablo Goldsmith es un virólogo argentino radicado en París. Algunos medios de la vecina orilla levantaron su opinión: «Para el virólogo y especialista en enfermedades infecciosas Pablo Goldschmidt, el pánico que se está generando en torno a la cepa de coronavirus identificado en China (COVID-19) es tan injustificado como el que se creó en 2003 con el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) o en 2009 con el virus de la influenza (H1N1)».

Al respecto una de las conclusiones del diplomado de farmacocinética, farmacología clínica, neuro-psicofarmacología y farmacología de antimicrobianos es elocuente: «Llama la atención que a principios de este año se hayan disparado alertas sanitarias mundiales como consecuencia de infecciones por un coronavirus detectado en China, COVID-19, sabiendo que cada año hay 3 millones de recién nacidos que fallecen en el mundo de neumonía y 50.000 adultos en los Estados Unidos por la misma causa, sin que se emitan alarmas».

¿Acaso no nos llama la atención? En estos momentos el Coronavirus a nivel mundial está alcanzando los 10 mil fallecimientos en todo el mundo desde que apareció en diciembre. ¡Pero en este 2020 van a morir 3 millones de recién nacidos por algún tipo de virus que les provoque neumonía y no hay alarma!

Algo no cierra, aparte de la insensibilidad del sistema a esta tragedia que pasa todos los años y algunos recién ahora cobramos consciencia.

En otro lado del mundo, pero en una línea parecida, John P.A. Ioannidis, «epidemiólogo, especialista en prevención de enfermedades, experto en ciencia de datos biomédicos, matemático, y cumple funciones como codirector del Centro de Innovación Meta-Investigación en la Universidad de Stanford», es otra de las opiniones discordantes en todo este tema.

Al respecto este hombre que asesora a gobiernos en temas médicos, afirmó que «la actual enfermedad coronavirus, COVID-19, se ha determinado como una pandemia que se da una vez en un siglo. Pero también puede ser considerada como un fiasco de una vez en un siglo… Este fiasco en la evidencia crea una tremenda incertidumbre sobre el riesgo de morir por COVID-19. Las tasas de mortalidad de casos reportados, como la tasa oficial de 3,4% de la Organización Mundial de la Salud, causan horror, y no tienen sentido».

Ambos referentes de la salud van a contramano del resto. Pero lo interesante es que sus opiniones han tenido poca repercusión a nivel de los grandes medios y son tan válidas como el resto. Así que, subjetivamente, como primera pieza del puzzle, voy a suponer que la alarma mundial (el abuso o el horror según los dos especialistas) generada por el Coronavirus es una plataforma para obtener otros resultados ya que para ambos las medidas tomadas por la OMS son exageradas y no tienen sentido.

En el caso que este razonamiento sea probable, qué otros resultados se buscarían obtener y por parte de quién?

El Coronavirus como arma para impedir la reelección de Trump

Lo primero de lo que tenemos que ser conscientes es que las brazadas de la economía mundial vienen cayendo en su dimensión productiva pero no especulativa.

Según el FMI la economía global entre 2008 y 2018 creció a una más que respetable tasa anual media del 3,4%. El sistema logró sobreponerse a la bestial crisis del 2008. Pero cuidado! Según Barry Eichengreen, de la Universidad de California, «la mayoría de los aumentos de rentas que se produjeron tanto en Reino Unido como en Estados Unidos se concentraron en la población rica, el llamado 1%. En 2015 la renta real media por familia, medida por la Oficina del Censo de Estados Unidos, estaba casi el 2% por debajo de su punto máximo en 2007 y casi el 3% por debajo de su nivel a finales del siglo XX. La tendencia de los aumentos de renta a concentrarse de manera desproporcionada en los ricos resultó menos pronunciada en Europa continental que en los países de habla inglesa, pero también fue patente».

Desde la crisis del 2008 hasta ahora la concentración de riqueza no dejó de crecer. Cada vez menos personas poseen más riqueza. En Estados Unidos no es un dato menor y por algo Trump ganó las elecciones. No en vano fue votado por los sectores sociales más golpeados por esa concentración de riqueza que reclamaban recuperar sus privilegios con más empleos y políticas drásticas de contención de inmigrantes.

De qué manera Trump logró mejorar la economía norteamericana, tanto como para liderar las encuestas de cara a las próximas elecciones presidenciales?

Con una política de proteccionismo económico. Es decir, políticas regulatorias y aranceles, englobadas en una guerra comercial con China. En este camino tomado por Trump el 1 % de los más ricos comenzaron a ganar menos. En el 2018 el presidente norteamericano impuso aranceles a importaciones de bienes chinos de hasta 250.000 millones de dólares, afectando a empresas estadounidenses que producen en el país asiático. Pero Trump multiplicaría su apuesta. En setiembre del año pasado colocó aranceles elevados a productos europeos y en octubre aumentaría los aranceles a los productos desarrollados en China. Por supuesto que el país asiático tomó la misma medida y colocó aranceles a casi 60 mil millones de productos norteamericanos. Qué pensaría sobre todo esto el 1 % de la población que se había enriquecido más desde el 2008 con políticas liberales y con aranceles muy bajos? Qué casualidad que un mes después se despertara el Coronavirus en la ciudad más industrial de China.

La guerra comercial con el país asiático y la política arancelaria tomada por Estados Unidos, sumado a las negociaciones fallidas con Europa, Canadá, Japón, y por supuesto China, colocaron a Trump en una posición incómoda respecto a las grandes corporaciones norteamericanas y hasta con el FMI y el Banco Mundial, quienes se manifestaron en contra de sus medidas. Grupos muy poderosos comenzaron a perder mucho dinero con la administración de Trump.

Además, el presidente contaba con apoyo en varios sectores sociales y tenía casi despejado el camino a la reelección.

Hasta que apareció el Coronavirus.

La propia CNN informaba el 13 de marzo que «las consecuencias del coronavirus le pueden costar la reeleción a Donald Trump«.

Será solo coincidencia? O realmente se utilizó el Coronavirus como arma para impedir la reelección de Trump? En lo personal me permito el margen de la duda.

Pero no es lo único que levanta sospecha en todo el panorama global. Pasemos a la segunda pieza del puzzle.

Mantener al máximo los beneficios del capital por parte de las grandes corporaciones transnacionales

Cuando hablamos de grandes corporaciones mundiales estamos refiriéndonos a empresas y bancos que son dueños de subsidiarias, que además emiten deuda, y son los acreedores principales de los Estados. Para tener una idea Estados Unidos tiene una deuda acumulada del 100 % de su producción y Japón más del 200 %. A quién le deben?

En la columna anterior escribía lo siguiente:

Empresas como Apple, Disney, Deere, Caterpillar y Coca-Cola emitieron a principios de septiembre del 2019 bonos a 30 años por USD 75.000 millones para refinanciar su deuda, la mayor cantidad en una semana desde 1972. ¿Será casualidad que lo hayan hecho cuando las bolsas en todo el mundo comenzaban a caer y cuando seguramente colapsen en breve? ¿Acaso no ganaron miles de millones con la especulación? ¿Ya manejaban información que el resto de los inversores no? Seguramente, y más por el lado de Bill Gates que en el 2015 profetizó que una pandemia pondría a la Humanidad en riesgo. Qué coincidencia!

Para Bill Gates, gran perjudicado por las políticas arancelarias de Trump, «puede que exista un virus con el que las personas se sientan lo suficientemente bien mientras están infectadas para subirse a un avión o ir al supermercado y eso haría que se extienda por todo el mundo de manera muy rápida». Esto lo dijo en el 2015!

¿Qué hacen empresas como Apple invirtiendo en el mercado de valores una cifra récord dos meses antes que estallara lo del Coronavirus? ¡Nunca había invertido tanto en bolsa! Bank of América y Citigroup también vendieron acciones a precios altos antes que estallara la crisis sanitaria. ¿Qué hacen las empresas y corporaciones más ricas del mundo vendiendo acciones dos meses antes de la aparición del Coronavirus en China?

Demasiada coincidencia o fantasía mía, es posible.

Pero sigo con la duda, y más cuando Bill Gates anunció el 13 de marzo que renunciaba a su cargo de CEO de Microfost argumentando que se iba a dedicar a la filantropía.

A lo largo de las diferentes fases del sistema económico actual, las grandes corporaciones siempre buscaron maximizar sus beneficios. Pero en el siglo XXI se ve una dinámica diferente. Las grandes corporaciones buscan rentabilidad muy rápida para su capital. Por lo tanto especulan y especulan, manipulando la venta de acciones y demandando menos participación de los Estados.

Si bien estamos en el auge de lo que los economistas llaman capitalismo financiero, es evidente que las ganancias provocadas por la producción no podrán sostenerse, a no ser que compremos celulares y autos todos los meses. ¿Cómo se sostiene un crecimiento económico sin elevar el consumo? ¿Y cómo podemos elevar el consumo sin agotar los recursos finitos del planeta? Imposible. Es imposible para las grandes empresas sostener rentabilidad solamente desde la producción y lo tienen muy claro. Por eso invierten en bolsa de valores cada vez con mayor presencia. Pero esa ganancia en la bolsa no se puede sostener con alta presión fiscal. De qué les sirve especular si el Estado les cobra más del 25 % de impuestos?

Las grandes corporaciones necesitan cambios a nivel mundial para sostener su rentabilidad. Mayor tecnología, menor empleo, menores impuestos, menos aranceles, más libre comercio, desaparición del dinero físico. El objetivo, conseguir el máximo beneficio de su capital invertido en el menor tiempo posible. Qué casualidad que el Coronavirus los ayudó!

Debilitar los Estados de Bienestar

Siguiendo el razonamiento, los Estados de Bienestar, es decir, aquellos Estados que cobran más impuestos para distribuirlos en sectores sociales más vulnerables, son un obstáculo para las grandes corporaciones.

Evidentemente con sus impuestos de su producción y de su inversión están sosteniendo beneficios para trabajadores de clase baja y media, subsidios a pequeñas y medianas empresas, así como también a sectores muy sumergidos socialmente (pensemos en Uruguay lo que fue el Plan de Emergencia).

Para las grandes corporaciones los aranceles de los Estados Nación son un problema a considerar, como lo fueron para los burgueses los peajes de los señores feudales en la Edad Media. Encarecen el precio final del producto aumentando su carga impositiva.

Más arriba informábamos que «la mayoría de los aumentos de rentas que se produjeron tanto en Reino Unido como en Estados Unidos se concentraron en la población rica, el llamado 1%», mientras que «la tendencia de los aumentos de renta a concentrarse de manera desproporcionada en los ricos resultó menos pronunciada en Europa continental». Este punto es clave. En Europa está el eje sustancial de los Estados de Bienestar. Son Estados que tienen políticas de salud, educación, empleo o seguridad social de alto impacto, generando mucho gasto público para su plasmación. Eso irrita fuertemente a las grandes corporaciones, siendo conscientes que esas políticas representa pérdidas para sus empresas debido a los impuestos que se les cobra.

Recordemos que si bien estamos en el auge del capitalismo financiero, las grandes corporaciones saben muy bien que sus ganancias en el largo plazo, en el sistema de producción actual, van a bajar. Para ellas es extremadamente importante que los beneficios sociales aplicados por los estados europeos sean privatizados y alivianados para obtener mayor rentabilidad.

Por supuesto, privatización de empresas públicas, reducción de subsidios, tendencia a la desaparición de las jubilaciones, tecnología de última generación en detrimento del empleo. El mundo tiende hacia eso.

El Coronavirus ha sido una demostración de cómo los Estados de Bienestar no pueden enfrentar con éxito un virus ni contener una supuesta epidemia. Esta alarma pública favorece la imagen que los Estados o más bien provocan más críticas y reproches por parte de la población? Acaso el Coronavirus no evidencia sus fallas? Acaso un beso no puede dañar más que todas las armas del mundo a partir del virus? Las fronteras de los estados no nos protegen y el miedo nos invade.

Pero hay algo más potente aún. Estados Unidos y Europa anunciaron que destinarían miles de millones de dólares para reactivar la economía y ayudar a los más afectados por la crisis provocada por el Coronavirus, es decir por la crisis que hasta ahora lleva 10 mil fallecidos, no por la de los 3 millones de recién nacidos que mueren por neumonía cada año. Pregunta, de dónde sacarán el dinero para eso? Respuesta histórica, tienen que emitir deuda pública. Y quién tiene el dinero para asumirla? Las corporaciones transnacionales.

Es lógico que en todo esto hay un claro ganador. Muchos de nosotros buscamos los ganadores en los países. Si Estados Unidos se posicionó mejor que China o que Rusia o que toda Europa. Tener ese enfoque es incompleto. Hay grupos de presión más poderosos que los mismos gobiernos (por qué Kennedy fue asesinado sino?). Más allá de la geopolítica, que es extremadamente válida en todo el razonamiento, siendo en un principio China más perjudicada que Estados Unidos en lo global por esta pandemia, es importante remarcar los grandes beneficios obtenidos por las corporaciones transnacionales, que permanecen manejando a su antojo la vida de miles de millones de personas con decisiones que toman desde su visión de rentabilidad. Esa elite económica mundial tiene como objetivo fijo obtener más capital y en el tiempo más corto posible. No importa si nuestros padres y abuelos permanecen encerrados en sus cuartos para evitar el contagio, si el almacenero pierde su comercio o el jornalero no trabaja. Tampoco les importa el gran empresariado uruguayo ni el argentino ni el brasilero y por lo tanto las fuentes de empleo que ellos generan.

Importa la ganancia inmediata.

Si eso no es Cultura del Ego, qué es?

Vuelvo a reiterar que estas sospechas son solo eso, una interpretación de lo que está pasando. Se crea o no, algo raro hay en todo esto y uno no está preparado emocionalmente para estas nuevas circunstancias, no sacan de nuestra zona de confort, nos aíslan, nos generan muchísimo miedo contando cada muerto a cada hora. Pero por qué nunca vemos este despliegue de información cuando mueren millones de recién nacidos por neumonía o miles por Tuberculosis?

Por qué los medios no ponen contadores de muertes por país en esos casos? Por qué no hay conferencias de prensa de los gobiernos (que son «víctimas» en todo esto) anunciando medidas?

Porque hoy es rentable la alarma y el miedo.

Ahí tenemos la clave para transformar un camino en otro. La alarma se puede transformar en calma. A no entrar pánico con cada noticia que llega. Tenemos que serenar la mente que también se está viendo desbordada por las noticias de cada hora. Cuidemos nuestra salud desde la calma. Y el miedo se transforma en consciencia. Seamos conscientes de la situación. Seamos conscientes que todos estamos afectados y que ninguno merece más alcohol en gel que el otro, ni más tapabocas ni más papel higiénico, ni una cama en un hospital por un estornudo. No miremos al otro como una amenaza, así nos gana el miedo, nos justifica nuestras decisiones egoístas.

Ante la alarma y el miedo, sería mejor responder con calma y consciencia. Ante la insensibilidad, con humanidad. No estoy diciendo de salir a la calle a abrazar a los demás. Digo de vincularnos desde el respeto por las necesidades del otro y desde la consciencia que todos somos iguales como seres humanos.

Profesor Rafael Suárez

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