Cuál es la enseñanza del Coronavirus?

La enseñanza del Coronavirus
La enseñanza del Coronavirus

Un virus de la década de los 60 tiene en jaque a las autoridades sanitarias y a los gobiernos de todo el mundo 60 años después. La actitud de la población nos brinda la posibilidad de aprender en dónde colocamos nuestras prioridades. Cuál es la enseñanza del Coronavirus? Qué nos dice de nosotros mismos?

Desde el gobierno se tomaron medidas drásticas: cierre de fronteras, suspensión de actividades públicas, no pasar la lista en centros educativos o cerrarlos. Por el lado de la población llegó la psicosis, la imperiosa necesidad de abastecerse como si fuera el fin del mundo. Algunas góndolas de los supermercados se vaciaron y las farmacias multiplicaron sus ventas. Cuál es la enseñanza del Coronavirus?

La alarma pública se encendió desde los medios de comunicación. La subida del dólar o la inflación dieron paso a la locura de un inminente contagio. El mundo colapsó, empresas cerraron o suspendieron sus actividades, precios de productos básicos aumentaron, el contacto humano se minimizó y salimos espantados si alguien tose o estornuda.

Estadísticamente hablando una persona tiene más chances de sacar el 5 de Oro o la lotería que morir por el Coronavirus. Pero la paranoia nos envolvió en retazos de miedo. En Uruguay y en el mundo van a morir más personas por suicidio que por el Coronavirus. En Uruguay mueren más personas por enfermedades vinculadas al tabaco y al alcohol que por el Coronavirus o Tuberculosis o Meningitis. En Uruguay y en el mundo mueren más personas por mala alimentación que por el Coronavirus.

Y dónde está la alarma pública?

En el mundo cada tres segundos muere un niño por falta de medicamento o alimento.

Y dónde está la alarma pública?

Se viene realizando un escarnio público a una mujer que vino desde Italia y fue a un casamiento, como si ella fuera la única responsable de la llegada del Coronavirus al Uruguay. Acaso no fallaron las medidas del Ministerio de Salud Pública de nuestro país y las de Europa?

Pero desde qué lugar nos paramos como seres humanos? El que hemos tenido a lo largo de nuestra historia: el de separar, el de discriminar al que puede afectarme, el que se dispone mentalmente como una amenaza latente. Ese mismo que nos ha llevado a decir «hay que matar a todos los delincuentes», ese pensamiento totalitario, típico del nazismo y fascismo, que todos llevamos dentro. Porque si no estuviera dentro nuestro, no se manifestaría.

La enseñanza del Coronavirus es muy clara. Nos brinda un mensaje sublime como personas. Sólo nos interesa salvarnos individualmente. El resto, es decir, lo que está por fuera de mí y de mi círculo familiar y social, que desaparezca, que sucumba, «me da lo mismo». Ese miedo latente del Ego nos defiende totalmente de una supuesta amenaza externa. Necesitamos vivir en amenaza, ya sea en materia de seguridad, de economía, de salud. El Coronavirus se expande y nos enloquece, porque nosotros como humanidad necesitamos del miedo para vincularnos.

En 1974 el filósofo francés Foucault afirmaba que «el control de la sociedad sobre los individuos no sólo se efectúa mediante la conciencia o por la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista es lo bio-político lo que importa ante todo, lo biológico, lo somático, lo corporal. El cuerpo es una entidad biopolítica, la medicina es una estrategia biopolítica».

Cuando la humanidad creó las catapultas para intentar romper los muros protectores de las ciudades, no sólo los quebraba con rocas, también buscaba penetrar las mentes de los sitiados lanzando cuerpos muertos con peste, heces y todo tipo de enfermedades. El control de ciudades enteras a raíz de enfermedades no es nuevo, ya se realizaba hace miles de años atrás. A lo largo de la Historia siempre fue más sencillo manipular a una sociedad con miedo: inculcarle patrones de conducta, necesidades artificiales y creencias irracionales.

El estrés nos invade y nos lleva a tomar decisiones totalmente defensivas, viendo una posible amenaza en todas partes. Algunos nos paralizamos por el miedo, otros acopiamos y nos aislamos, y otros atacan antes de ser atacados. Esa lógica del terror penetra nuestros pensamientos y nos aleja de lo más hermoso que tenemos los humanos: el amor, la alta consciencia al decir de los griegos.

Einstein decía que la fuerza más poderosa del Universo es el amor, esa fuerza capaz de conectarnos con lo mejor de nosotros.

Pero esta vez la alarma mundial la generó una amenaza individual. En el mundo cada cuarenta segundos una persona se quita la vida y no vemos a los medios despertando nuestros peores miedos. Por qué? Porque el suicidio es la decisión del otro, el Coronavirus es la posibilidad de ser infectados en contra de mi voluntad. La alarma la genera nuestro miedo a ser contagiados, no las muertes provocadas por el virus o la solidaridad con los afectados.

La gran enseñanza del Coronavirus es que seguimos viviendo en una sociedad construida desde el miedo, basada en intereses comunes y cuando esos intereses se ven amenazadas, sólo nos defendemos sin importar las consecuencias.

Así como humanidad hemos tenido a un Hitler o a un Stalin en el siglo XX, pero no nos olvidemos de los 60 millones de habitantes negros de África que murieron por el tráfico de esclavos o la misma cantidad de muertes a causa de la conquista de América.

Maquiavelo lo decía a la perfección: «el fin justifica los medios». Nuestros miedos, qué medios justifican? Hoy justifican acaparar todo el papel higiénico del supermercado, el alcohol en gel, los tapabocas, el atún enlatado, los productos de limpieza, enjuiciar a una mujer que vino de Italia y fue a un casamiento, o aprovechar el momento para aumentar los precios y ganar más dinero. Ese mismo miedo, que en otro ámbito, justifica el uso de la fuerza indiscriminada por parte de la policía a un malabarista en la calle porque nos sentimos inseguros.

Y mañana qué van a justificar?

Vivir en el medio solo nos aparta, nos separa como seres humanos, nos aísla con los nuestros y nos coloca en falsa oposición con el resto. El resto es visto como amenaza.

El daño continúa siendo irreparable.

El Coronavirus vino para quedarse, como una gripe o un resfrío. Un resfrío también es capaz de matar a una persona que está inmunodeprimida. Pero el miedo que provoca el Coronavirus no llegó con él, ya estaba en nuestra sociedad y en cada uno, controlando nuestros actos y desplegando, en muchos casos, la peor versión de nosotros mismos.

Siempre en estas situaciones han surgido actos de amor, de comprensión, de trascendencia personal. Aceptar la enseñanza del Coronavirus podría ayudarnos a empezar a trascender nuestro propio ego, nuestro propio ombligo del mundo y reconocernos como humanos, aceptando que cada uno de nosotros es igual de valioso que el resto.

Profesor Rafael Suárez

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1 Response

  1. Omar dice:

    Muy buena nota. Para meditar bastante. Gracias.

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