De todos los nombres, el nombre. Último libro de Marcelo Estefanell

De todos los nombres, el nombre. Último libro de Marcelo Estefanell
De todos los nombres, el nombre. Último libro de Marcelo Estefanell

De todos los nombres, el nombre es el último libro de Marcelo Estefanell. Nos encontramos con un ser humano que rescata en la memoria la calidez de una infancia antes de la tormenta. Preciosa obra del escritor sanducero

De todos los nombres, el nombre… y veinte relatos breves es un libro colmado de calidez y de cariño. Marcelo Estefanell nos regala una prosa plasmada en ternura, con juegos lingüísticos constantes y, principalmente, con la frescura de recuperar una memoria desplegada en su niñez, que al leerla, se convierte en la niñez de todos.

Marcelo Estefanell nació en Paysandú en 1950, en pleno año del Maracanazo. Mientras cursaba tercer año de Facultad de Veterinaria en Montevideo (1972) fue detenido por su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros.

Su mayor refugio en esos momentos de encierro fue la lectura (llegó a leer 1600 títulos) y su gran pasión fue, desde entonces, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

En 1985 fue liberado junto a otros presos políticos y tomó la decisión de regresar a sus estudios universitarios. También comenzó a trabajar como diseñador gráfico. Se especializó en redes informáticas y comunicaciones. A partir de 1991 y hasta 2017, trabajó como editor gráfico y administrador de redes en el semanario Búsqueda. Entre 2009 y 2012, realizó colaboraciones para el portal 180.com y, desde 2016, colabora con enpespectiva.net. Es autor de Don Quijote a la cancha (2003), El retorno de Don Quijote. Caballero de los Galgos (obra premiada con el Bartolomé Hidalgo en 2005) y El hombre numerado (2007), libro que fue éxito de ventas y que tuvo una edición ampliada por el autor en 2010.

Su último libro, De todos los nombres, el nombre… surge en otro tipo de confinamiento. En un momento de extrema situación sanitaria.

«En los duros momentos que me ha tocado vivir, sobre todo cuando predominó el aislamiento forzado en tiempos de cárcel y soledad, el pasado acudía a mi memoria con una nitidez inaudita, se colaba por todos los intersticios de aquel presente agobiante, para ofrecerme la luz de los grandes patios y la autenticidad de los juegos durante una infancia privilegiada. Ahora, por supuesto, nada se le compara a aquel infierno, pero la pandemia, con sus limitaciones, reflotó, en parte, ese entrenamiento y le dio nuevos impulsos a lo que fue y ya no volverá a ser», nos explica el autor.

Estefanell logra algo que no es sencillo. Que un texto autobiográfico atrape al lector, no tanto por la historia en sí, si no por la capacidad de desprender ternura en cada relato, por el mensaje simple pero humano, con recuerdos que pueden ser comunes, pero mágicos para quien es capaz de descubrirse en ellos.

Ese es un logro que enaltece el pequeño libro, escrito quizás como otra forma de liberación ante una pandemia que por momentos agobia, aplasta, angustia.

El texto es breve y corto, pero profundo y humano. Ya de por sí solamente eso representa el gran mérito para leerlo en este verano del 2022.

«No sé cómo estos recuerdos han permanecido alojados en mí, pero sí sé que siempre acudieron a hacerme compañía en los momentos más oscuros y dolorosos que me tocó vivir, cuando la soledad, extendida en el tiempo, procuraba contrarrestar tanto vacío apoyándose en la memoria».

De todos los nombres, el nombre… es una obra de compañía, de regazos amables y frescos, de raíces emotivas que se expresan en una prosa, como dijimos, colmada de cariño.

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