Conocimos la maravilla del Ecoparque del Cerro Tupambaé en Maldonado

Conocimos la maravilla del Ecoparque del Cerro Tupambaé en Maldonado
Conocimos la maravilla del Ecoparque del Cerro Tupambaé en Maldonado

En un fin de semana precioso conocimos la maravilla del Ecoparque del Cerro Tupambaé en Maldonado, un lugar de ensueño que vale la pena visitar. Aquí te contamos nuestra experiencia

Por lo que sabemos el Cerro Tupambaé en Maldonado, con sus 470 metros, está dentro de los 5 cerros más altos de Uruguay, por debajo del Catedral, el de las Ánimas y el Pan de Azúcar. Forma parte de las Sierras de las Ánimas y se ingresa por la Ruta 9 a la altura del pueblo Gregorio Aznárez.

Es importante señalar que es una propiedad privada y está integrado al circuito del Ecoparque del Cerro Tupambaé. De todos modos, y eso fue una sorpresa para nosotros ya que no sabíamos de la conexión de ambos cerros, para poder ascender a la cima del Tupambaé es necesario subir el Cerro Cimarrón, de unos 350 metros sobre el nivel del mar.

La palabra Tupambaé tiene como origen el vocablo guaraní formado por Tupá «trueno, Ser Supremo» y mbaé «perteneciente a», siendo traducido como “cosa que pertenece a Dios”, «propiedad de Dios» o en un sentido más amplio ”lugar donde habita Dios”.

En la cima del Cerro Tupambaé en Maldonado, uno de los cerros que se ve detrás es el de Aguiar, el cual visitamos hace unos días

Algunos datos a considerar antes de pensar en subir el Cerro Tupambaé

Antes que nada comunicarse con los responsables de la propiedad y quienes administran el Ecoparque.

El celular de contacto es 098 288 487. El nombre del responsable es Mario, quien siempre se mostró dispuesto a atender todas nuestras consultas y dudas.

El costo de ingreso es de 200 pesos por persona.

El recorrido total del circuito principal del Ecoparque es de unos 11 quilómetros. Nosotros entre ir y venir demoramos unas cinco horas, como nos sucedió cuando visitamos el Cerro Aguiar y el Cañadón de la Palma. Esto significa que es sumamente importante llevar agua suficiente para varias horas de caminatas, considerando además el esfuerzo de subir dos cerros.

Por otra parte el calzado es clave. El suelo es rocoso y hay muchas raíces sueltas o tronquitos cortados para permitir el paso. También hay cardos y algunas zonas resbalosas y húmedas, como en la zona de la cascada. Así que a nadie se le ocurra ir de ojotas. Buen calzado, con buen agarre y en lo posible calzas o pantalones largos para evitar algunas lastimaduras.

Para llegar a la portera del lugar se puede seguir el siguiente enlace en Google Maps: https://maps.google.com/?q=-34.679382,-55.373962

Portera del Cerro Tupambaé. Al fondo, el Cerro Cimarrón de más de 350 metros de altura

Al llegar al pueblo de Gregorio Aznárez van a ver la iglesia principal al costado de la ruta. Frente a la iglesia se abre un camino que se llama Camino de las Sierras. Nos adentramos por él unos 10 quilómetros hasta llegar a la portera.

Allí nos estaba esperando Paolo, uno de los guarda parques del lugar que nos atendió con muchísima amabilidad.

Se subió a su moto y lo seguimos hasta la base del cerro.

Base del Cerro y oficina del ecoparque Tupambaé

Allí abonamos el costo de ingreso y nos organizamos para subir.

La idea era que nos acompañara Paolo, y lo hizo por un buen tramo. Pero nos fuimos dando cuenta que todo el lugar está muy bien señalizado y no hacía falta la presencia de un guía.

Hay cintas naranjas y azules que van indicando el recorrido y es muy difícil perderse.

Cuando comenzamos a subir el Cerro Cimarrón nos encontramos con una acompañante que nos sorprendió marcándonos el paso.

La oveja Lucero, que es la mascota del ecoparque, no nos daba tregua y nos incitaba constantemente a seguir subiendo.

Eso sí, ella tenía que ir en segundo lugar detrás de Paolo, sino nos corría del camino. Nos marcó toda la cancha.

En este primer tramo del Cerro Cimarrón fuimos conociendo más los detalles del ascenso, además de saber que el ecoparque hace pocos meses que fue diseñado y está en obra (se hizo un camino principal que serpentea al cerro, se piensa instalar un camping y se colocó un inmenso tanque de agua para estar abastecidos sin depender de la OSE).

Cuando llegamos a ese camino, Paolo nos explicó cómo llegar a la quebrada, llegar a la cascada y luego continuar con el ascenso. Luego de la explicación nosotros seguimos por nuestra cuenta.

Rumbo a la quebrada

Habíamos ascendido parte del Cerro Cimarrón y al dirigirnos hacia la izquierda tomábamos rumbo a la quebrada, donde allí teníamos que bajar. El Cerro Tupambaé todavía estaba lejos, aunque nosotros nos habíamos hecho la idea de que la distancia era menor.

Siguiendo las señales claras comenzamos a descender y a disfrutar de la vista de la quebrada. Al cabo de unos 10 o 15 minutos el sonido del agua cayendo comenzó a sentirse en nuestros oídos cada vez con mayor fuerza.

Primero vimos un hilo de agua en la roca, pero a medida que nos acercamos el sonido evidenciaba una linda caída de agua. Aquellos que conocen la Cascada del Venado en el Cañadón de la Palma pueden tener una buena referencia sobre lo que decimos.

Cascada en la quebrada del Cerro Cimarrón

Es un paraje precioso. El sonido del agua es sublime.

Si uno se guía por las señales puede confundirse y seguir de largo. Cuando se sigue el camino no hay que cruzar la vertiente de agua ya que en ese caso se empieza el ascenso, sino ir unos metros hacia la derecha para llegar a esa piscina natural.

Uno de nosotros decidió darse un baño. El agua no estaba profunda pero sí muy fría, salvo en la caída, ya que el sol la calentaba antes de caer.

De todas formas una vez adentro y el cuerpo acostumbrado el frío se templa y uno se puede quedar varios minutos disfrutando del agua mineralizada (incluso bebimos de ella -de la caída- no de la piscina).

Recordar que es un espacio rocoso, hay que tener mucho cuidado si se va con niños.

Habíamos llegado a la base del cerro a las 14:30 aproximadamente. Estando uno de nosotros en el agua nos dimos cuenta que ya eran las 16 horas y todavía teníamos que subir a la cima del Tupambaé, así que nos dispusimos a avanzar.

Ahora sí cruzamos la vertiente de agua y seguimos las señales. Por momentos el cerro se volvía muy empinado. De hecho en un tramo hay una cuerda para ayudarnos a avanzar ya que es un espacio bastante vertical y húmedo. Para los que no tenemos mucha experticia conviene usar la cuerda, como hizo uno de nosotros ;).

Este pasaje es bastante cansador y come piernas.

Al cabo de unos minutos llegamos a un camino más llevadero y no tan empinado. También con menos arbustos.

Allí se distinguen fácilmente algunas construcciones del lugar. Se ve el gran tanque de agua y unos metros más adelante el inicio del camino principal del que les hablamos antes.

En ese momento es cuando se empieza a vislumbrar el Cerro Tupambaé.

¡Pero fuimos engañados!

¡Esa no era la cima!

Nos encontramos con lo que podemos ver en la imagen. Pensamos que esa era la cima del cerro.

Primero tuvimos que cruzar un alambrado tomando rumbo a la derecha y ahí estábamos en el Tupambaé. Al ver la cima nos acordamos del Cerro Catedral, ya que uno no lo sube desde la base sino que comienza el ascenso varios metros más arriba y sube la última parte.

Al ver lo que restaba para subir pensamos que lo podíamos hacer en unos 15 minutos, así que decidimos recostarnos un poco en el pasto y descansar. El cansancio en las piernas se sentía.

Otra cosa que se empezó a sentir es el viento fresco. Había que abrigarse como en todas las cimas de todos los cerros de Uruguay.

¡Comenzamos a subir y cuando pensábamos que ya estábamos en la cima nos percatamos de nuestro error! Todavía nos faltaban muchos metros más de ascenso.

El Cerro Betete a la derecha

Mientras subíamos podíamos admirar el majestuoso Cerro Betete a la derecha y más atrás, varios quilómetros, el Pan de Azúcar.

El paisaje se vuelve cada vez más imponente.

Cuando parecía que habíamos llegado a la cima otra vez el cerro nos jugó una mala pasada. Quedaba otro tramo!

El ascenso se vuelve continúo y las piernas se van cansando más. Hay que tener cuidado que el cansancio no provoque algún tropezón o resbalón.

Hasta que llegamos a la cima. Allí, aparte del paisaje espectacular, lo que distingue el lugar son unos hierros oxidados de una antena caída.

Previo a llegar la cima, y esto va para los amantes de la Radiestesia, nos encontramos con un punto que en unidades Bovis superaba las 25 mil, ideal para aquellos que pretendan realizar alguna instancia de meditación.

El paisaje en la cima es una delicia, como en todos los cerros de nuestro país. Si bien el frío se sentía bastante por el viento fuerte que soplaba desde el norte, vale la pena permanecer allí varios minutos para disfrutar de una vista 360.

Como dijimos a la derecha se ubica el Cerro Betete. Pero la vista 360 incluye el mar, el Pan de Azúcar, incluso Punta del Este a lo lejos y el precioso Cerro Aguiar, el cual visitamos hace poco.

A la izquierda se puede ver el Cerro Aguiar y también el Cerro Lagunitas, que será nuestro próximo destino antes de fin de año, esperemos!

Tratamos de refugiarnos del viento mirando hacia el suroeste para sentir un poco el calor del sol que estaba bajando a toda prisa. Comimos algo. Guardamos las sobras en la mochila como corresponde (el cerro está totalmente libre de deshechos y así tiene que permanecer) y comenzamos el descenso.

Cruzamos el alambrado y decidimos salirnos del circuito tradicional y tomar el camino de balastro o pedregullo y eso nos propició un par de enormes ventajas. En primer lugar el retorno se hizo menos exigente, no solo tomando en cuenta que estábamos en bajada, sino porque el camino no presentaba desniveles como para resbalarnos si estábamos pocos atentos. Como nos encontrábamos bastante cansados nos vino mejor. Y por otro lado, que fue una verdadera yapa, tuvo que ver con disfrutar de un atardecer de ensueño. Si hubiéramos bajado por el circuito de senderismo no íbamos a disfrutar tanto la caída del sol debido a la vegetación frondosa.

El sol descendía en el horizonte y hacia brillar los tajamares y las copas de los árboles que se veían a los lejos.

Cerca de las 19:15 llegamos a la base del cerro bastantes cansados, con hambre y sed.

Pero nuestro encuentro con el ”lugar donde habita Dios” fue irrepetible. Realmente nos encantó y los invitamos a vivir la experiencia de recorrer el Cerro Tupambaé en Maldonado junto con el Cerro Cimarrón!

Imperdible!!!

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