Sociólogo Rafael Bayce: «el lobby del big pharma le dio el estate quieto a Lacalle Pou»

Sociólogo Rafael Bayce: "el lobby del big pharma le dio el estate quieto a Lacalle Pou"
Sociólogo Rafael Bayce: «el lobby del big pharma le dio el estate quieto a Lacalle Pou» (Foto: UDELAR)

En esta tercera entrega de la entrevista exclusiva realizada al sociólogo Rafael Bayce se abordan diferentes temas: el lobby del big pharma le dio el estate quieto a Lacalle Pou, el pase verde, la ortodoxia covid, el suicidio, y el fútbol. Imperdible!

En el 2021 les presentábamos a nuestros lectores la primera y segunda parte de una extensa entrevista al sociólogo Rafael Bayce donde el gran académico uruguayo nos brindó pinceladas removedoras del pensamiento único establecido en un discurso oficial que es similar en diferentes países del mundo. En esta tercera entrega Bayce nos coloca en el ojo de la tormenta al afirmar que el lobby del big pharma le dio el estate quieto a Lacalle Pou, y además nos regala opiniones sobre el pase verde, la ortodoxia covid, el suicidio, y el fútbol.

En este 2022 queremos presentarles el tercer tramo de la entrevista que nos concedió con mucha amabilidad el sociólogo Rafael Bayce.

Estamos viendo un grupo de grandes corporaciones transnacionales que aumenta su dominio en detrimento de las burguesías nacionales. Qué escenario podríamos ver en los próximos años para las clases altas nacionales?

Es muy simple. Siempre las burguesías nacionales, aun pataleando y golpeándose los patrios pechos, se curvaron antes los poderes superiores del extranjero o de los nuevos poderes trans-nacionales, cuando éstos llegaron para sobrepujar a los imperios y poderosos inter-nacionales. Inicialmente intentan resistir las invasiones o hegemonías, temiendo perder sus ventajas; pero terminan capitulando, cuando ven que hacerlo les rendirá más que resistirlas. Las burguesías nacionales se creyeron al principio, e hicieron creer, que con las independencias derrotaban a los poderes extranjeros y consolidaban sus soberanías vernáculas, asegurando así sus privilegios. Nada de eso. Solo cambiaban de señor; de España y Portugal a Inglaterra, y luego otros. Las clases altas y burguesías se plegarán a lo que necesiten hacer política y económicamente, con disimulo y enarbolando símbolos tradicionales y del querido terruño; siempre lo hicieron así en toda la historia de la humanidad; y de esos mismos enmascarados modos.

Contemporáneamente, se plegaron progresivamente a la ortodoxia covid; esa suerte corrió la libertad responsable de Lacalle Pou, con sus aparentes victorias relativas iniciales contra la pandemia. Pero el lobby del big pharma, las plataformas comunicacionales, los gobiernos, los organismos internacionales, le dieron el ‘estate quieto’: no te pases de la raya que todo esto es para vender vacunas y otros fármacos, aumentar el control social desde pantallas móviles y estar pronto para simulacros similares. Y así fue: nos invadieron las vacunas, las poblaciones objetivo crecen, las dosis se multiplican porque funcionan menos de lo proclamado; pero las ovejas ya están amansadas, las mutaciones se reproducirán convenientemente, y todos irán al matadero, atropellándose para morir y con cara de héroes racionales.

Diputado Rafael Menéndez: "aforos si, discriminación no"
Diputado Rafael Menéndez: «aforos si, discriminación no» (Foto: Cabildo Abierto)

Desde el punto de vista social qué impacto podría tener la aplicación constante del llamado pase verde?

Tendrá el impacto que el disciplinamiento de la gente requiera. La libertad responsable dará paso, si no es suficiente, a cualquier grado de autoritarismo para imponer las medidas sanitarias y la cadena infinita de vacunas que cayó, cae y caerá sobre la humanidad.

El pasaporte verde será cada vez más abarcativo de viajes, presencias en espectáculos y en instancias públicas; los padres no podrán ir a los colegios de sus hijos, etc.

La paranoia hipocondríaca lo cubrirá todo, progresivamente, con la insuficientemente convincente razón de la salud pública. Nunca se ha evaluado seriamente cuánto perdieron otros rubros de la salud pública debido a ese privilegio maniático del riesgo covid frente a todo otro riesgo sanitario somático, y menos se ha medido aún, el riesgo de dolencias psíquicas perdurables y mucho más dañinas que la mayoría de los síntomas del covid. Por ejemplo, los tapabocas podrán frenar y disminuir la circulación y contagio del virus en alguna medida; pero lo que dañarán en el largo plazo es inmenso, y con seguridad inexorable aunque no fácilmente visible en síntomas o en un PCR trucho. Por ejemplo, en el mecanismo fisiológico fundamental de la respiración, la catástrofe orgánica de una oxigenación insuficiente a partir de una inhalación imperfecta, y la expulsión sólo parcial de los desechos metabólicos, a partir de una exhalación imperfecta, que además se re-inhala. Estos daños orgánicos, de intoxicación o envenenamiento, por malas inhalación y exhalación, son seguros, mientras que los síntomas-efecto del covid son casi siempre menos importantes que eso y más improbables en calidad y cantidad. Y no contemos todas las dolencias mal tratadas por privilegiar la espera de covids; los lugares de atención temidos, los operadores temidos como contagiosos. Una catástrofe sanitaria para mitigar y prevenir algo no tan grave como para el daño que se planeó y ejecutó en su lugar.

Aldo Mazzucchelli: "Estamos asistiendo, gracias a la "pandemia", a un nuevo escalón de autodestrucción"
Aldo Mazzucchelli: «Estamos asistiendo, gracias a la «pandemia», a un nuevo escalón de autodestrucción»

Aldo Mazzucchelli introdujo un concepto muy utilizado en nuestro portal que es el de «ortodoxia Covid». Cómo se puede contrarrestar el discurso unánime?

En el mundo está siendo -probablemente será cada vez más difícil- contrarrestar el discurso dominante, hegemónico, mayoritario, progresivamente naturalizado como ‘sentido común’, ‘opinión pública’. A) Porque los análisis de datos agregados pueden ser cada vez más masivos e instantáneos, proporcionando mejores indicadores sobre aquello sobre lo que se quiere saber. B) Porque las ciencias sociales y las neurociencias, así como las tecnologías comunicacionales, dan mejores y progresivas herramientas para identificar tendencias y estados psico-emocionales, que además pueden influirse y moldearse cada vez más.

Las dos tendencias maximizan a un grado insondable la posibilidad de descubrir e impactar en las mentes y los corazones. Si hay determinado grado de control (conocimiento fáctico) y de posibilidad de influir, la superabundancia de medios de comunicación resultará más en una difusión, exasperación y simplificación de lo mismo que en una promoción de alternativas; más en el cavado de grietas que en el tendido de puentes. Claro que, aparentemente, esa misma profusión, bajo costo y accesibilidad de los medios de comunicación hace posible la aparición y hasta difusión de novedades y alternativas. Pero esa alternatividad más fácil no significa que esas novedades y alternativas tengan también mayor probabilidad de adquirir importancia, o de emparejar o superar al punto de vista hegemónico. Que pueda ‘aparecer’, eventualmente ocupar ciertos nichos pequeños de mercado (hasta relativamente numerosos y lucrativos), y figurar junto a los dominantes en un menú de alternativas no quiere decir que tenga chances apreciables de desplazar a la alternativa dominante, hegemónica.

Cada vez es más fácil patalear sobre algo, y más difícil sustituirlo. Es cierto que en la historia de la humanidad enorme cantidad de ideas, obras y objetos han alternado, competido y hasta sustituido a otros bien afirmados; la religión católica, de ghetto y secta perseguida devino, en 4 siglos, religión oficial del imperio romano, el más extenso de la historia hasta entonces. Y puede usted agregar ejemplos de su propio conocimiento. Pero estos fenómenos, tan comunes en la historia, serán cada vez más arduos: porque la disidencia es cada vez más detectable, y cada vez más combatible, cooptable y alineable.

Un disidente de cualquier ortodoxia podrá con creciente facilidad encontrar cómo expresarse, encontrar ciertos coincidentes y construir cierto nicho de mercado material o simbólico en áreas diversas. Pero tendrá creciente dificultad en ser tolerado como alternativa legítima por las ortodoxias consolidadas y, mucho menos, lograr ser aceptado como alternativa sustituyente.

Expresividades parciales, sectas, ghettos, nichos y cierto lugar en menús serán fáciles. La alternatividad y la sustitución, cada vez más difíciles. Uno, si disidente o alternativo, a) puede expresar legítima y sanamente lo suyo; b) puede aspirar a que se constituya un grupo de disidentes o alternativo; c) a que éste se constituya en un nicho de mercado material o simbólico; d) a que éste sea considerado en menús o mapas del tema como una opción, aunque sea minoritaria; f) aspirar con fe y esperanza cuasi-religiosas, a que su alternativa o disidencia repita utopías históricas ucronizadas, una vez más, y se vuelva mesiánica, mártir o, suficientemente inocua como para ser permitida o tolerada, si su riesgo no amerita inquisición profana. La esperanza es lo último que se pierde, reza un proverbio popular; y es cierto, por definición semántica de la palabra. Lo que tiende a perderse es la fe en la esperanza, debilitada su base racional, solo una de sus bases –es cierto-; pero…

Rafael Bayce: «el suicidio es muy nuestro»

En Uruguay cada 11 horas una persona se quita la vida y se agravó durante la pandemia. Qué refleja de los uruguayos?

Desde que en el mundo se recolectan y comparan estadísticas creídas como confiables, a mediados de los 50, el Uruguay presenta las máximas tasas de suicidio de América Latina y de las más altas del mundo, independientemente de niveles de bonanza económica, de regímenes políticos y de partidos gobernantes. El suicidio es muy ‘nuestro’, ya una marca idiosincrática nacional, mal que nos pese. El suicidio fue también uno de los fenómenos más precozmente registrados por las estadísticas del siglo XIX. Durkheim, para su insuperado estudio de 1897 sobre el suicidio, dispuso de buenas estadísticas proporcionadas por otro gran sociólogo francés de fines de ese siglo, que se las facilitó desde su cargo nacional: Gabriel Tarde.

Durkheim dice que los hechos o la cadena de hechos que puede terminar en una tentativa de suicidio o un suicidio consumado -que para él indican lo mismo- no son lo esencial para explicar por qué se producen o no suicidios. Que lo más importante es el grado de cohesión social que le proporcionan al desafortunado sus grupos de pertenencia, siendo entonces el suicidio más que nada un fenómeno social de pertenencias y relacionamientos, aunque su registro sea caso a caso y con explicaciones intentadas desde hechos individualmente sufridos, o del orden psíquico. Hechos menos duros pueden provocar suicidios porque no hay estructuras cohesivas de pertenencia que amortigüen el daño. No necesariamente catástrofes originan más suicidios que otras instancias menos lesivas si las estructuras de continentación, públicas y privadas, soportan. Hay instancias sociales que se caracterizan por producir déficit de cohesión social de respaldo; los viudos y los solteros se suicidan más que los casados o unidos, por ejemplo, y es inmediatamente empatizable eso.

Si un país tiene elevadas tasas de suicidio más o menos permanente, como el Uruguay, algún déficit de cohesión social tendrá; o algún déficit relativo se está viviendo. Aunque el suicidio ha sido visto y analizado como un hecho policial y psíquico; desde al menos 1897 sabemos que así ni se entiende ni combate; pero es lo que hay, se ha enfrentado con total ignorancia, de ahí que siga caminando entre nosotros tan campante como Johnnie Walker. De modo general, la sociedad civil uruguaya siempre ha estado subdesarrollada frente a la sociedad política, en un país hecho desde el Estado, los partidos y la macrocefalia capitalina; pero esa sociedad política no es vivida con la cotidianeidad con que la sociedad civil se viviría. Y el Estado ahoga mucho, con requisitos de institucionalización engorrosos y caros, la vida social de cualquier asociación civil que despunte. Es solo pensar lo que tiene que pasar, gestionar y gastar quien quiera obtener algún ingreso como trabajador independiente; deberá prever un lucro respetable para que los costos y trámites para habilitarse como tal le valgan la pena en tiempo y dinero. Peor aún si alguien quiere poner un negocito o fundar un club; la ordalía será muy riesgosa en requisitos, impuestos, tasas, inspecciones, informes, balances, o en coimas para saltearse parte de todo eso… El Estado ahoga a la sociedad civil, pulpo de infinitos tentáculos; esa sociedad civil ahogada en sobre-institucionalizaciones genera un déficit de cohesión y asociación que en otras sociedades con una sociedad política menos ubicua y exigente no se producen. Y un superávit de suicidios puede aparecer, en ese panorama, que, no obstante, muestra sus méritos históricos.

Es probable, entonces, que en el Uruguay falten articulaciones sociales cohesivas entre la familia y las estructuras estatales (Durkheim afirma esto de todas las sociedades en el cambio del siglo XIX al XX); quizá por ello haya tantos clubes sociodeportivos per cápita, tantos clubes de bochas casi vacíos, y a los que les cuesta tanto sobrevivir: porque ese nivel de articulación falta relativamente, respecto de las estructuras étnicas, raciales, regionales, religiosas, subculturales, que articulan ese espacio entre familia y estado en otros países que quizás en parte por eso lucen menores tasas de suicidio. Tampoco olvidemos que es un país laico y por períodos hasta anticlerical, que no obsta mucho la disolución de las sociedades conyugales, con más facilidades relativas para la divorcialidad que para la nupcialidad; muchas restricciones para las adopciones y solo muy reciente institucionalización del concubinato; dificulta instancias cohesivas y facilita disruptivas. En fin, hay mucho por decir, pero no es sorpresivo que la tasa de suicidios en el Uruguay haya sido y sea siempre alta, porque tenemos menos fuentes de cohesión que otras sociedades, y también pocas catástrofes que las despierten artificialmente.

Uruguay Ecuador 2015

Sos entrenador de fútbol además de sociólogo. Si cada vez más nos dirigimos a una sociedad de mayor control social, qué rol podría jugar el deporte en ese escenario?

Está más que claro que, en la medida en que el fútbol es uno de los espectáculos más importantes y lucrativos en una ‘sociedad del espectáculo’ (Guy Débord), que es también ‘sociedad de consumo’ (Jean Baudrillard) y ‘sociedad de la abundancia’ (Kenneth Galbraith), debería ser un medio de control crecientemente útil. Y en cierto sentido lo es, aunque su contribución más precisa al ‘control social’ depende de la acepción que se adopte para esa expresión. O bien la acepción de la 1ª. Escuela de Chicago, de principios del siglo XX; o la de Parsons de 1951, o la de Foucault de los 70. Coincidiría más su función de control con la de Foucault, y creo que en ese sentido se piensa. Pero sería largo y muy especializado pensar la pregunta en medio de esa ambigüedad semántica.

De todos modos, yo no soy particularmente afín a la ecuación ‘pan y circo’ afirmada como criticable, pese a que ya fue sostenida para sociedades esclavistas, pre-feudales, y que se enuncia aun como válida para el contexto capitalista, y más aun dentro de su etapa reciente de ‘sociedad del espectáculo’. Es normal que la gente quiera centralmente comida y diversión, en cualquier sociedad. La ecuación podría ser criticable si el afán de circo hiciera descuidar la búsqueda del pan, o el olvido de algunas preocupaciones sociales, culturales o políticas, obnubilado por un hinchismo desmesurado, clubista o nacionalista. Pero recordemos, por ejemplo, lo que les ocurrió a los dirigentes de la dictadura, cuando organizaron el Mundialito de 1980, promoviendo un circo que les mejorara su legitimidad política: debió sufrir unos estentóreos ¡tiranos temblad!, que presagiaron el referéndum del 80 y el acto vecino al Estadio de ese entonces.

Pero aun dentro del espectacular crecimiento del fútbol como negocio, como espectáculo, como índice de salud política, en este siglo de vida su importancia no ha impedido la realización de tareas políticas; por el contrario, dimensiones políticas han sido focalizadas porque el fútbol ha despertado el interés por algunas conexiones a nivel de asociaciones, de clubes y de dirigentes que podrían no despertarse sin esos hechos futbolísticos mediante. Hasta las asociaciones de jugadores profesionales politizan relativamente a jugadores nacidos en estratos lumpen o desvinculados de las prácticas políticas.

Aunque, por otro lado, el aumento de la ubicuidad del opiáceo circo de la sociedad del espectáculo, por medio del entretenimiento ofrecido todo el tiempo a través de pantallas que permiten la presencialidad sin estar en el lugar de realización del espectáculo, sin duda que aumenta la posibilidad de que el circo secundarice otras dimensiones de la vida, más allá del pan. Pero no es seguro que se materialice como circo alienante, pese a ese riesgo. Es más complejo y depende, como vimos, de la acepción de ‘control social’ que adoptemos para enmarcar la comprensión antropo-socio-política del fútbol.

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