Sabías que espías rusos operaron en Malvín?

Sabías que espías rusos operaron en Malvín?
Sabías que espías rusos operaron en Malvín?

El escándalo del caso Astesiano nos trajo a la memoria una situación que para muchos es desconocida en nuestro barrio. Sabías que espías rusos operaron en Malvín? Aquí te contamos lo que sabemos de esa historia

La respuesta a la pregunta Sabías que espías rusos operaron en Malvín? en la mayoría de los casos fue algo parecido a «no tenía ni la más pálida idea» y en otros caras de total asombro. Sin embargo a partir de la investigación de Raúl Vallarino, quien escribió el libro Mi Nombre es Patria, podemos tener un acercamiento al espionaje soviético en Uruguay y en el barrio.

La tercera esposa del excelente cuentista uruguayo Felisberto Hernández fue África de las Heras, una espía rusa de vastísima trayectoria durante toda la Guerra Fría. De las Heras fue protagonista en la Guerra Civil española, participó en el atentado a Trotski y creó una red clandestina de espías en toda América Latina desde Uruguay.

África de las Heras -así la bautizaron en España- tuvo muchos nombres. Pero su identidad en clave para la KGB fue Patria. En México la conocieron como María de la Sierra. Y en nuestro país la conocían como María Luisa.

María Luisa logró el matrimonio con un expreso anticomunista como Felisberto Hernández. Y de él y más que nada de sus amigos y conocidos, esperó obtener todo tipo de información durante la Guerra Fría.

Ambos se conocieron en París en el año 1947. La capital francesa todavía desprendía columnas de humo por los destrozos provocados tras la invasión nazi. Ella trabajaba en su pantalla de agente de inteligencia como modista, codeándose con la alta sociedad de la francesa, mientras que Hernández llegó a Europa tras obtener una beca de residencia gracias a su amigo, el poeta Jules Supervielle, para escribir y hacer algunas presentaciones literarias.

Dicen que María Luisa «va un día a una de estas charlas y con su trajecito apretado de dos piezas, un mono alto y su piel brillante y morena, se pone en la fila para pedir una dedicatoria. Cuando llega su turno, levanta una de sus largas y delineadas cejas y le dice al escritor: ¿me firmas? El cae redondo (eran famosas las cejas de África)«.

Dos años más tarde, y con la bendición de la KGB a África, se celebra el matrimonio y se mudan a Montevideo.

Permanecieron casados entre 1948 y 1950, y luego se separaron en los primeros meses del 51. Pero África o María Luisa aprovechó cabalmente su aceptación en la alta sociedad montevideana, la cual además fomentó desde un taller de alta costura y posteriormente desde una casa de antigüedades en la calle Bartolomé Mitre, y a partir de allí formó una red de espías en toda América Latina por casi veinte años, hasta que decide viajar a la Unión Soviética para jubilarse.

Desde Moscú le llegó la orden de recibir a un joven agente soviético de nombre Nikolai, proveniente de Argentina, quien con fondos enviados desde la URSS pagó el alquiler de una vivienda en el barrio Malvín. Junto a África y a otro espía que operaba en Uruguay tenían como objetivo reclutar a un hombre llamado Iván, quien podía acceder a información diplomática importantísima para los soviéticos ya que era integrante del gobierno y del Partido Colorado.

Por lo que sabían Ivan estaba casado y tenía tres hijos. Sin embargo escondía su admiración a los hombres. Nikolai fue el sebo para que Ivan cayera en la trampa. Como Ivan era cliente de la casa de antigüedades en una de sus llegadas fue seducido por Nikolai, quien lo llevó a su casa alquilada en Malvín.

Iván vivía en Carrasco.

Se vieron por días hasta que en uno Nikolai tomó la iniciativa y lo invitó a entrar en su casa en la calle Amazonas, a pocas cuadras de la playa Malvín. Se vieron a las cinco de la tarde. Lo que no sabía Iván es que en la noche anterior África de las Heras y Marko, el otro agente soviético, habían instalado una cámara fotográfica en una pared falsa del dormitorio.

Al llegar Iván vio que Nikolai lo recibía apenas con un short de baño puesto. «Bebieron un par de cervezas frías y se sentaron juntos en un sillón de dos cuerpos».

Según relata Vallarino en su libro, «ya en el dormitorio y sobre la cama, Iván pidió que cerrara el amplio ventanal que daba a los fondos de la casa, con el fin de evitar miradas indiscretas».

Desde el otro lado, en la falsa pared, María Luisa comenzaba a gatillar la cámara fotográfica registrando cada movimiento de los dos hombres desnudos.

Pocos días después Nikolai citó a Iván en una confitería y colocó sobre la mesa la variedad de fotografías tomadas por África de las Heras y le exigió que le proporcionara información vital. De lo contrario las fotografías serían repartidas en todos los rincones del país.

Abrumado por la vergüenza, Iván pensó incluso en suicidarse, pero finalmente tomó la determinación de colaborar. El integrante del Partido Colorado comenzó a entregar información del gobierno y de las embajadas a los espías soviéticos que le pusieron la trampa nada menos que en una casa de nuestro barrio.

Sabías que espías rusos operaron en Malvín? Ahora ya tenés una idea!

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