Sobre la explotación sexual de menores en Uruguay

Sobre la explotación sexual de menores en Uruguay
Sobre la explotación sexual de menores en Uruguay

Mucho se ha hablado en estos días sobre la red de explotación sexual de menores en Uruguay donde diversas personalidades políticas, académicas y empresariales están en manos de la justicia. El Profesor Rafael Suárez nos brinda su opinión acerca del tema.

Son 11 los hombres imputados por explotación sexual de menores en Uruguay y realmente la mayoría de nosotros arde de indignación. Las redes han multiplicado las imágenes y los nombres de los diferentes implicados alzando una condena social que parece más fuerte que la condena judicial. Habrá que esperar lo que resuelva la Justicia, que evidentemente actúa de una manera con los delincuentes «comunes» que con aquellos provenientes de los sectores más altos.

Según se desprenden de los distintos medios de comunicación, «los primeros cinco imputados fueron: Washington Balliva, abogado, ex juez penal de menores y de Aduanas; Nicolás Ortiz, docente y diputado suplente por el Partido Colorado (sector Ciudadanos); Miguel Ángel Larramendi, abogado, ex asesor de la URSEA nombrado en el 2014 y docente de Derecho Administrativo de la UDELAR; Nicolás Chirico, empresario, propietario de La Terraza y organizador de fiestas electrónicas en Punta del Este; y el arquitecto Mauricio Zardo Cabrera».

Posteriormente se sumaron seis personas más. Ellos son, según informó el periodista Antonio Ladra en su cuenta de Twitter: «Manuel Nande Bagnulo (nieto de un ex futbolista), el escritor y fotógrafo Leonel Enrique D’Albenas Castro, los empresarios Matías Sosa De León, Sergio Pfeffer Slobodinsky (directivo de Endeavor y líder del grupo “Nos cuidamos entre todos” que realizó donaciones al Fondo Coronavirus), Diego Francisco Susena y Jacques Paul Symonds.

Los 11 fueron formalizados por el artículo 4º de la Ley 17.815 referido a la “retribución o promesa de retribución a personas menores de edad para que ejecuten actos sexuales o eróticos de cualquier tipo”.

Muchísimos uruguayos coparon las redes sociales manifestando su indignación y está bien, así debe ser. Pero también resulta conveniente complejizar el tema y no colocarnos solamente en el juicio público, en un lugar exclusivo de condena social y moral.

En el 2018 el INAU constató 350 situaciones de explotación sexual de niñas, niños y adolescentes. Sí, 350 casos. No recuerdo que en ese año las redes sociales colapsaran de indignación. En el 2017 los casos fueron casi el doble, y tampoco vi incendiar las redes sociales.

En este 2020 la situación nos desbordó. Todos manifestamos nuestra indignación, fundamentalmente por la procedencia social de los protagonistas. Resulta evidente que ese origen social nos provoca mayor irritación, enojo y cólera. Personas que desde el punto de vista económico no pasan dificultades y que cuentan con una formación académica de la cual pueden entender la realidad del abuso y de la explotación, no para involucrarse en ella, sino para ayudar en su erradicación.

Sin embargo no fue lo que sucedió, 11 personas de buen nivel económico y de formación, han sido las responsables de una red de explotación sexual de menores en Uruguay.

No será momento de empezar a entender las razones de por qué suceden estas cosas en nuestro país y en el mundo? Más allá de la condena, que está perfecto, no será conveniente analizar los aspectos culturales y sociales por los cuales se producen casos de abusos sexuales? Porque cada año se repiten, una y otra vez, independientemente de la escala social de los involucrados. Con la condena no basta. Debemos entender qué sucede para transformar una realidad que nos hace daño como comunidad.

No alcanza con llamarlos degenerados y mostrar sus caras en todas partes. Esta situación volverá a repetirse en poco tiempo y hay otras que continúan reproduciéndose hoy como si nada, fuera de todo conocimiento público.

En lo personal no tengo la formación para dar explicaciones claras de la raíz de esta situación. Pero me gustaría lanzar algunas consideraciones.

Qué lleva tanto a un hombre como a una mujer a ingresar en una red sexual?

La respuesta primaria es sencilla. Sí, considero que hay una respuesta básica a todo esto. Sé que para entenderlo debemos comprender los diferentes factores que inciden, como por ejemplo la situación económica, el nivel cultural, etc, etc. Pero en lo personal tengo la certeza que existe una causa primaria de la cual nace todo esto (y muchas cosas más).

Cuál sería esa causa primaria?

La carencia.

A veces nos cuesta entender este concepto y nos preguntamos qué carencia puede tener un empresario con diversos ingresos. Porque es lógico que entendamos la carencia de una adolescente que necesita dinero ya que su familia no lo posee en demasía. Pero nos estamos refiriendo a otro tipo de carencia. Aquí la ausencia más evidente es el amor. El amor en la visión del filósofo Erich Fromm, quien afirma que amar no es una emoción sino una capacidad que puede desarrollarse, y que está íntimamente ligada a la responsabilidad, el respeto y el cuidado de los demás. En ese sentido el amor requiere que se hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de unión. Cuando esto se cumple, para Fromm «la experiencia del amor es el acto más humano y humanizador».

Ese acto humano del que somos capaces no se encuentra presente en una sociedad que promueve, todavía, valores patriarcales, donde se profundiza en la satisfacción personal por encima del respeto, donde se condice el valor con posesión, y no el valor con libertad y derechos, donde se escapa de la conexión con uno mismo en un todo y nos individualizamos en nuestros deseos y caprichos, donde, ahora sí, la degeneración moral de nuestros valores parte de un vacío interno incapaz de llenarse y con la necesidad furiosa de aliviarse a partir de patrones sociales basados en el dominio del otro a través del control sexual y del sometimiento ilusorio de nuestra libido.

Puede resultar complejo de entender pero es simple. En una sociedad basada en el amor, en el respeto hacia el otro y en la responsabilidad, ¿habría espacio para una red de explotación sexual de menores en Uruguay? Y vayamos más allá, ¿habría espacio para algún tipo de discriminación, por ejemplo la racial?

No lo habría.

Lo que tenemos que entender es que como sociedad todavía no logramos resplandecer en el valor del amor, entendido como responsabilidad y respeto por el otro y por nosotros mismos. Desde el momento que tenemos carencia de amor por nosotros y por los demás, este tipo de situaciones se van a seguir reproduciendo. Habrán más degenerados que enjuiciar públicamente porque nosotros mismos los estamos formando. Creer que como sociedad no somos responsables de lo que está pasando es una creencia irracional. Esos «monstruos» no bajaron de Marte o de Venus o de la Luna, son nuestros vecinos, nuestros conocidos o nuestros familiares. Desde el punto de vista social algo no estamos haciendo bien para que una y otra vez siga sucediendo lo mismo.

Creo que antes de iniciar la condena social a los degenerados, tenemos que asumir la responsabilidad que como sociedad tenemos. Año tras año hay explotación sexual de menores en Uruguay y ahora que nos estalla en la cara, es un buen momento para comprender que también tenemos una cuota de responsabilidad, mínima, es cierto, pero la tenemos. ¿Fomentamos desde nuestra casa una cultura de amor, de respeto y responsabilidad? ¿Lo hacemos día a día? ¿Transmitimos en nuestra familia el valor del amor o continuamos reproduciendo valores de poder, dominio, control? ¿Llenamos nuestra vida desde el respeto por lo que somos y por lo que es el otro, o seguimos validando la carencia, en el sentido de creernos menos o más que el otro, en el sentido que seguimos buscando un reconocimiento social basado en el éxito, en la riqueza, en la posesión, en la apariencia?

Siempre es un buen momento para reflexionar cómo me trato y cómo trato a los demás, desde que valor primario lo hago. Ahora que nos indignamos por la red de explotación sexual de menores, tal vez nos ayude a entendernos un poco mejor. Si no damos ese paso como sociedad, la historia volverá a repetirse, como viene sucediendo año tras año.

Como bien podemos interpretar las palabras de Simone de Beauvoir, el amor debe ser fuente de vida, su carencia, un peligro mortal.

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