Gratiferia: un concepto de solidaridad

Gratiferia: un concepto de solidaridad
Gratiferia: un concepto de solidaridad

Gratiferia: un concepto de solidaridad. Nuestra colaboradora Bonnie nos presenta una nueva nota muy especial sobre la solidaridad y la militancia social de muchos uruguayos que en momentos complejos dan lo mejor de sí.

Llamé a Lily por teléfono, porque la nueva normalidad te obliga a interactuar con distancia. Habíamos coordinado para conversar sobre Gratiferia, una iniciativa de intercambio y donación, porque Malvín tiene esa versatilidad tan característica, lo que ayer fue un balneario residencial hoy es una comunidad capitalina con variedad de emprendimientos.

En un momento en que la inconveniente pandemia nos obliga a replantearnos lo que hacemos y lo que no, un grupo de personas del Mercado Popular de Subsistencia de Malvín Norte no dudó en llevar adelante esta iniciativa con una postura de conciencia y militancia social, “es intercambio solidario, llévate lo que necesitas o nada y deja lo que puedas o nada” me dijo Lily.

Hace dos años que vienen implementando la Gratiferia de manera mensual en el Centro Cultural de Malvín Norte, “como llegaba el pedido, se sacaban mesas para afuera con ropa y se recaudaba para el CAIF El Coyote o para comprar pinturas para el jardín del Centro”.

Parece que Raquel, una de las coordinadoras del Centro la llamó un día, muy temprano en la mañana, porque dadas las dificultades económicas derivadas de la situación de emergencia sanitaria, el equipo sentía la necesidad de ayudar al barrio. Raquel había vivido la experiencia de la Gratiferia porque antes de que comenzara el aislamiento, por allá por marzo, se había realizado una. Ni la primera ni la última. Este concepto de feria, con una estructura de organización horizontal, probablemente de raíces europeas, se comenzó a implementar en Uruguay a finales de los noventa, asomando el año 2000.

“En Europa funcionan con libros y otras cosas. Hay lugares que no tienen personas que la supervisen, vas caminando por la calle y ves una biblioteca, te llevas un libro y dejas otro a cambio”, agregó Lily.

En el año ´98 cuando “la Grati”, como la llamó varias veces, se inició en nuestro país, Lily tenía 18 años. En aquellos tiempos no era más que un pañito con ropa, un domingo de feria en Tristán Narvaja, “la Grati se gestionaba sola, tomábamos mate, tocábamos la guitarra, conversábamos con amigos y no pasaba nada”.

Al Centro Cultural de Malvín Norte también le llegaron esos tiempos. Se dejaba una mesa afuera donde la gente que ya conocía la mecánica dejaba la bolsita con donaciones al costado del clásico cartelito de “ya vuelvo”.

Con el estado de emergencia Lily, Raquel y todos sus compañeros demostraron sus dotes creativos y reinventaron la feria, contando con la colaboración de grupos de vecinos de toda la capital, encargando productos mensualmente a distribuidores y abasteciéndose de mercadería que después sería donada a una cantidad considerable de familias. Actualmente reciben donaciones de ropa y otros alimentos, los días jueves y viernes.

Lily, esta voz en mi teléfono, clara, segura, con conocimiento de causa, es una mujer entrando en sus 40, que vive su vida acompañando a otros. Es madre de un púber y un adolescente, y Acompañante Terapéutico Especializada en TEA –Trastorno de Espectro Autista-. Desde sus 17 años anduvo “metida en varias cosas” fue colaboradora en merenderos y voluntaria en algunas organizaciones sin fines de lucro.

“Tiene sus cosas lindas y cosas tristes”, reconoció mientras me contaba la movilizadora historia de una señora que se acercó a la Grati, en tiempos de pandemia, preguntando por alguien del servicio que impulsa el desarrollo comunitario (SOCAT), que también trabaja en el Centro Cultural, “cuando le dicen que no está se larga a llorar. Era una mujer que era instrumentista, dada de baja por depresión del Hospital Militar, no tenía para darle de comer a su hijo adolescente. Una vez por semana nos gusta hacerle llegar una canasta a alguien, ese día le armamos una. Para ella era como si le estuviéramos salvando la vida, y cuando nos estaba dando las gracias nos dijo que necesitaba alguien que la escuchara. Se estaba rindiendo”.

Y Lily no dudó. Ni el distanciamiento social ni la voz interior de su propio juicio, que le recordaba lo poco que disfruta el acercamiento y lo “dura” que puede llegar a ser, impidieron que abrazara a esa mujer quien le había compartido su historia y su dolor.

“Ahora es cuando más se necesita del abrazo. Era un poco mayor que yo pero más pequeña de tamaño que mi propia hija. Me tiré arriba de ella y la abracé. Rompí el distanciamiento social y la coraza que tengo. No soy de lágrima fácil”.

La Gratiferia no es un hecho aislado, está en contacto permanente con 6 de las 12 ollas populares de Malvín, con las que tiene comunicación. Entre emprendimientos se trabaja colaborativamente realizando intercambios de ropa y de alimentos a granel. La Facultad de Ciencias y el Instituto Pasteur son algunos de los organismos que ayudan a que la Grati funcione. Incluso en el Mercado Popular se elaboran canastas, que más tarde servirán de insumo para las donaciones, y se venden bonos de colaboración.

“Se están acercando otras personas que ayudan y recibimos donaciones de Comités de Base, Gurises Unidos, otras ONG que escucharon hablar de nosotros. Lo que me gusta más es que se replica esta idea en otros lados. La propusimos en otros lados y funciona. En Casavalle hacen intercambios, 5 prendas por 1 alimento”.

Para Lily no hay mejor historia que la que cuenta una prenda usada. Ella nunca compra ropa nueva, se siente orgullosa de conservar un saco que le sirvió de abrigo a algún alma desnuda hace 40 años atrás. Si bien no espera conocer el uso que le den a las donaciones se preocupa porque alcance para la mayoría.

“No todo el mundo tiene la misma concepción romántica de la Gratiferia. No es el espíritu gestionar ni fiscalizar la ropa que se llevan, pero si los alimentos, porque las primeras veces que dejábamos la comida en la mesa, la gente en la desesperación te saqueaba. Ahora tenemos una lista de las familias que retiran donaciones. Algunos entienden otros se enojan, pasamos de ser los vecinos a los chetos del barrio”.

De lo que está segura Lily es que, en la medida que haya, todos van a recibir; un ejemplo de democracia social de una mujer que baraja su tiempo entre la crianza de sus hijos, su trabajo, sus proyectos de formación y el servicio voluntario.

Todo este equipo de colaboradores solidarios trabaja incansablemente los días jueves y viernes entre las 12hs y las 16hs en el Centro Cultural de Malvín Norte (Iguá e Hipólito Irigoyen). La ubicación no es un problema, resuelven el traslado poniendo vehículos a recolectar las donaciones. Por consultas o donaciones @gratiferiamalvinnorte en Instagram.

Bonnie

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2 Responses

  1. Lily dice:

    La solidaridad nos hace fuertes! No tengo duda de ello. Mil gracias por la nota, por hacernos visibles, necesitamos de todos para seguir existiendo!

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