Hacia el Panóptico Digital como consecuencia del Coronavirus?

Hacia el Panóptico Digital como consecuencia del Coronavirus?
Hacia el Panóptico Digital como consecuencia del Coronavirus?

En esta nueva columna de opinión el Profesor Rafael Suárez aborda una pregunta inquietante: hacia el Panóptico Digital como consecuencia del Coronavirus?

La pregunta en un principio puede sonar insípida para muchos de nosotros, o al menos inoportuna. Pero en lo personal me inclino a pensar que es una interrogante extremadamente válida y como ciudadanos responsables que somos tenemos que empezar a esbozar, al menos, algunas respuestas. Hacia el Panóptico Digital como consecuencia del Coronavirus? Todo indica que sí.

El Panoptismo tuvo su momento de repercusión en el sistema carcelario y de alguna manera se fue expandiendo a otras áreas, como a la educación. A fines del siglo XVIII, Samuel Bentham concibió un nuevo modelo arquitectónico que facilitaría el control del personal en las fábricas. Ese nuevo modelo tenía como objetivo principal minimizar el número de accidentes de los obreros y mejorar la productividad, evitando además problemas «disciplinarios», ampliados a la órbita sindical. El modelo se basaba en otorgarle al edificio una forma que permitiera observar a todos los trabajadores al mismo tiempo y por lo tanto tener una visión global de los acontecimientos.

El hermano de Samuel, Jeremy, anexó ese modelo al sistema carcelario. Así se originó lo que se conoce como la estructura panóptica: las celdas, individuales y aisladas entre sí, se distribuyen alrededor de una torre central de vigilancia desde donde se puede observar a todos los prisioneros sin que ellos a su vez puedan visualizar si están siendo vigilados.

Estructura Panóptica clásica
Estructura Panóptica clásica

Hacia 1975, mientras en Uruguay vivíamos los primeros años de la Dictadura, el filósofo Michel Foucault desarrolló el concepto del panóptico en su libro “Vigilar y castigar“. En esa obra exponía que estamos viviendo en lo que él denomina “sociedad disciplinaria». Según Foucault, la disciplina no es más que una nueva y sutil forma de dominación que sustituye otras más directas como la esclavitud o el vasallaje. Su objetivo principal es crear sujetos dóciles y útiles, seres simultáneamente fuertes (productivos, resistentes) y débiles (sumisos, obedientes).

El Uruguay tuvo un proceso muy elocuente en ese sentido. Lo que el historiador Barrán llamó el pasaje de la sociedad bárbara a la sociedad disciplinada a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Según el razonamiento de Foucault existen tres caminos claros para la creación de sujetos «dóciles».

  • La vigilancia constante y personalizada
  • Aplicación de mecanismos de control de castigos y recompensas
  • La corrección y transformación del sujeto según las normas prefijadas

Como consecuencia de este modelo, el Panoptismo logra que nos comportemos de forma “socialmente aceptable” por miedo, y no por una decisión individual derivada de un análisis o reflexión. Miedo a que alguien, en alguna parte, nos esté vigilando y nos castigue (puede ser un jefe, un referente familiar o social, una autoridad estatal o municipal, etc). El resultado es el mismo que en el sistema carcelario: acabamos interiorizando los comportamientos adquiridos bajo la sensación de sentirnos vigilados, y los reproducimos incluso cuando no hay nadie que nos vigile.

Un claro ejemplo de este modelo son las cámaras y los radares utilizados en el tráfico en los últimos años por la IMM, evidencia contundente de la arquitectura panóptica: dispositivos ubicados en sitios visibles, pero con ojos humanos ocultos. ¿Qué sensación te provoca venir desde Carrasco hacia Malvín por la rambla a la altura de Coimbra?

Nos sentimos vigilados y cada vez naturalizamos más esa vigilancia. La aceptamos y la reproducimos.

Hacia el Panóptico Digital como consecuencia del Coronavirus?

Desde hace un tiempo a esta parte algunos autores ya hablan del Panóptico Digital. Es el caso del filósofo surcoreano y radicado en Alemania Byung-Chul Han. Se ha convertido en un referente mundial sobre el tema de la vigilancia en la actualidad. Su obra se multiplica sobre el Panóptico Digital y el «Big Data».

Según este filósofo, la gran nube de información que cruza todos los datos de las redes sociales llamada Big Data brinda psicoperfiles de los usuarios que son usados para controlarlos, la represión ha sido sustituida por el exceso de información y de placer. En ese sentido Byung-Chul Han describió a un sujeto contemporáneo que tiene resueltas sus necesidades básicas, pero no sus angustias. El gran peligro para él es que las personas quedan expuestas como mercancías en las redes sociales entre el flagelo de la transparencia o el auge de la autoexploración, lo que nos lleva a encontrarnos deserotizados, cansados y víctimas del vértigo que nos impone la sociedad del rendimiento.

Hay dos conceptos que son vitales en Foucault y en su teoría del poder: Panóptico y Biopolítica. Para el filósofo francés el poder no se posee, sino que se ejerce en relaciones no-igualitarias. Está presente en todos los ámbitos de las sociedades, no hay zonas sin poder, ni siquiera nuestra cuerpo escapa a ese poder (pensemos en cómo nos producimos).

El filósofo coreano aprieta esos dos conceptos y los actualiza. El panóptico se modernizó en la forma de las redes sociales, ahora “cada uno es panóptico de sí mismo”. La antigua Biopolítica quedó ahora superada por la “Psicopolítica” y su psicopoder, que se basa en la creación de psicoperfiles de la población a partir del cruzamiento de datos e información recopilada en nubes online denominadas Big Data, que son administradas por las empresas y ofrecidas como mercadería al Estado Big Brother, creando así una forma de control y organización social llamadas Big Deal. Que según el autor significaría “el fin de la libertad”.

En el documental El gran hackeo (Netflix) se narra el caso de Cambridge Analityca, una empresa de “campañas electorales” que, valiéndose de la información obtenida de los datos personales de la población vendidos por Facebook, influyó y operó políticamente en las elecciones norteamericanas que dieron por ganador a Trump y, en el caso de Brasil, a Bolsonaro (entre muchos otros países).

La llegada del Coronavirus, o la declaración de Pandemia por parte parte de la OMS, hizo desbordar en algunos países, caso de China, Corea, Japón, a estos mecanismos de vigilancia digital.

De hecho en estos días algunos uruguayos se sienten orgullosos de que Google y Apple nos seleccionaron para el desarrollo de una aplicación especial para la «prevención» del Coronavirus, donde allí se alerta si una persona que está cerca nuestro ha padecido el virus.

Bill Gates, que como dije anteriormente, no es ningún santo en todo este tema, ha manifestado la necesidad de extender una vacuna obligatoria para el Coronavirus y además maneja la idea de incluir un chip en ella para el control de la población (necesario para viajar por ejemplo).

Lentamente vamos naturalizando un sistema de control digital donde nos controlamos a nosotros mismos. Cuando se hacía referencia al sistema panóptico en las prisiones se argumentaba que era por nuestra seguridad, lo mismo escuchamos hoy con las cámaras y radares ubicados en Montevideo. Ahora se agrega un nuevo argumento que es el de la salud. China justificó el uso de la tecnología invasiva por razones de prevención de salud. ¿Y acaso no estamos dispuestos a aceptar lo mismo con ese argumento?

Primero llegaron las cámaras térmicas: vigilan la temperatura corporal de los ciudadanos. Luego, el gobierno de Xi Jinping desarrolló aplicaciones para los smartphone que, imitando al semáforo, clasifican a los ciudadanos hasta condicionarles qué hacer y con quién relacionarse: el verde, para quien puede moverse con libertad; el amarillo, para quien había estado o residido en una zona con peligro de infección, razón por la que debía permanecer siete días en cuarentena; el rojo para quien hubiera estado en contacto con zonas de alta afectación del Covid-19, estando obligado a permanecer catorce días en cuarentena.

Este gran sistema de vigilancia digital, donde nosotros somos víctimas y victimarios, lentamente se extiende en nuestros pensamientos. El miedo provocado por la pandemia nos lleva a suponer que este tipo de tecnología se vuelve impostergable para nuestra seguridad.

Cada día vamos dejando atrás nuestra privacidad y la del resto de las personas en beneficio del control y la vigilancia. El objetivo: alejarnos del contagio. La validez moral de esta sociedad vigilada por nosotros mismos se ampara en un virus que hasta ahora lleva menos fallecidos que la gripe común o el hambre o el SIDA o los suicidios o por las enfermedades cardiovasculares.

Sin embargo hemos desarrollado un pensamiento más profundo en materia de vigilancia. Cada vez compartimos más datos privados, aceptamos la invasión de prestadores de salud y el compartir nuestra información por parte del Estado y empresas como Google o Apple.

En Uruguay todavía no alcanzamos los 20 fallecidos por Coronavirus, pero cuánto avanzamos en aceptar la vigilancia digital? Quién se opone a una forma de saber si estoy cerca de alguien contagiado si para eso debo entregar mi información personal a la red de vigilancia? O quién se opone a una vacuna con chip para evitar los efectos del virus?

Una pregunta clave, ¿qué sucede con esos datos una vez que no exista más la pandemia? ¿Los borran?

Byung-Chul Han remarca que parte del dominio de las redes sociales está vinculado a que la gente voluntariamente entrega sus datos e información a las corporaciones, pero nada más lejano de la realidad. De acuerdo al surcoreano, los datos personales son sustraídos involuntariamente a los usuarios por medio del engaño y abuso, no es algo que los usuarios acepten de forma consciente. Nadie entregaría sus datos sabiendo que las plataformas se quedan con el derecho de autor de los mismos para venderlos, como se hizo en Estados Unidos para las elecciones pasadas.

Ese océano de información que fluye en las redes sociales nos ayuda a vigilarnos, aplica mecanismos de control y recompensa (Me gusta, comentarios en redes, seguidores, etc) y nos lleva a transformar conductas que no son compartidas por las normas establecidas. Ese control social que nosotros mismos aplicamos y nos aplicamos, cada vez está más presente y en mayor profundidad.

Hacia el Panóptico Digital como consecuencia del Coronavirus? Sí, en estos momentos estamos caminando en esa dirección cada vez más de prisa, dejando atrás, por seguridad o salud, un concepto de libertad específico: ¿estamos desarrollando verdaderamente nuestras facultades para tomar decisiones o las tomamos de acuerdo a nuestras angustias y miedos ensalzados por un virus que nos distancia del resto, nos aísla en una nueva capa de individualismo y nos aleja de nosotros mismos? Estamos siendo cada vez más vigilados sin saber qué ojos humanos nos miran ni para quién trabajan. Nos importa? Esa será la nueva normalidad planteada por el gobierno?

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