La desigualdad social en el mundo y en Uruguay: hipocresía y concentración de riqueza

La desigualdad social en el mundo y en Uruguay: hipocresía y concentración de riqueza
La desigualdad social en el mundo y en Uruguay: hipocresía y concentración de riqueza

Con el triunfo electoral de sectores de Derecha en varios países de América Latina, inclusive en Uruguay, mucho se ha hablado de la desigualdad social en el mundo y en el continente. Está bueno relativizar algunos aspectos.

A veces la hipocresía aterra. Fundamentalmente por la capacidad que tenemos los seres humanos de mirar hacia el costado en situaciones eternamente complejas. La desigualdad social en el mundo no es nueva. Desde el surgimiento de la propiedad privada de los medios de producción han existido sectores sociales privilegiados y no privilegiados. Lo que sí es cierto es que jamás en la historia de la humanidad, nunca antes, se dio una desigualdad tan abismal.

Hoy el 1 % de la población tiene la misma riqueza que el otro 99 %. Según el informe Oxfam menos de 65 familias tienen la misma riqueza que la mitad más pobre del plantea. Hay 65 familias en el mundo que tienen el mismo capital que casi 4 mil millones de personas. Pero vayamos a contextualizar otros datos de desigualdad. A pesar de lo que puedan hacer organizaciones como Médicos Sin Fronteras, hoy en el mundo muere cada tres segundos un niño por falta de medicamento o alimento. Sí, contá hasta tres y murió una persona por enfermedad o hambre. Jamás la humanidad vivió algo así.

Ni siquiera en la sociedad esclavista romana o durante la servidumbre de la Edad Media. Nunca se vivió una concentración y acumulación de riqueza de este tipo en la historia de los seres humanos.

Somos la única especie de este planeta que deja morir de hambre a sus congéneres. Hoy, si aprovecháramos y distribuyéramos la cuarta parte de la basura orgánica del mundo, se terminaría el hambre en la Tierra.

Los números son aterradores. ¿Qué hacemos los seres humanos para que la desigualdad social en el mundo no genere consecuencias tan nefastas, mejor dicho, tan «inhumanas»?

Sigamos considerando algunos aspectos interesantes de lo que hemos realizado como especie. En Alemania de cien niños que nacen, 99 lo hacen en un centro hospitalario. En Somalia, menos de 5. Hay países que tienen una esperanza de vida que alcanza los 80 años, otros, los 45. Eso es lo que hemos construido como humanidad.

Según el historiador David S. Landes, quien se desempeñó como profesor de la Universidad de Harvard, «las personas de los países ricos se preocupan por su vejez, la que a su vez se prolonga mucho más. Hacen gimnasia para conservar un buen estado físico, se controlan y combaten el colesterol, mientras pasan el tiempo acompañados por la televisión, el teléfono, los entretenimientos y se consuelan a sí mismos con eufemismos tales como los años dorados. Ser joven es bueno, ser viejo es despreciable y problemático. Entretanto, las personas de los países pobres tratan de seguir vivos. No tienen que preocuparse por el colesterol ni por los depósitos grasos en las arterias, en parte a que consumen una dieta magra, en parte porque mueren en forma prematura. Tratan de asegurarse una vejez tranquila, en caso de que lleguen a la vejez, teniendo muchos hijos que crezcan con un sentido correcto de la obligación filial».

Para tener otra referencia interesante acerca de la desigualdad social en el mundo, en la década del 90 la diferencia del ingreso por cápita entre, por ejemplo, Alemania y Somalia, era de 400 a 1. Antes de la Revolución Industrial (hace unos 250 años atrás) era de 5 a 1. El número es aterrador.

Acaso en Europa no han predominado estados benefactores, ¿con distribución de riqueza alta? Sí, sin embargo hay casi 150 millones de pobres en Europa. La desigualdad social en el mundo no puede ser vista exclusivamente por aspectos geográficos.

La concentración de riqueza no se mide solamente en fronteras. En Chile por ejemplo el 1 % de la población concentra el 30 % de la riqueza. En Uruguay, el país menos desigual de América Latina, el 1 % de la población más rica concentra el 15 % de la riqueza (la mitad que los trasandinos, por algo también se explican las manifestaciones actuales en Chile).

La lección de Chile es evidente. No es lo mismo crecimiento económico y distribución de riqueza. Un país puede tener mayor ingresos pero también mayor concentración de riqueza y por lo tanto mayor desigualdad social.

Nunca el mundo fue tan rico como ahora, jamás. Pero nunca el mundo fue tan desigual. Jamás. Nunca existió la concentración y acumulación de riqueza que existe en la actualidad.

Y qué hemos hecho como humanidad? Seguimos reproduciendo la desigualdad social en el mundo a través de diferentes componentes, entre ellos, la educación. Pero más que nada con las decisiones políticas que tomamos como sociedad. En el 2008 se generó una crisis financiera Global debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos dos años antes. Decenas de bancos de los países más ricos se vieron afectados por sus propias decisiones. A nivel político se tomó una determinación que desde el punto de vista económico parecía razonable: rescatar a los bancos. Para ello se destinaron miles de millones de dólares y de esta manera los bancos salieron de la crisis. Según la ONU, con todo el dinero destinado a rescatar los bancos en crisis, se erradicaba el hambre en el mundo durante más de 200 años. Sí, lo que estás leyendo. Con todo el dinero volcado a rescatar a los bancos se podría haber evitado el hambre en el mundo por dos siglos. ¿No es aberrante pensar lo que somos capaces de hacer como personas? Salvamos bancos pero dejamos morir a un niño cada tres segundos por falta de medicamento o alimento cuando tenemos los recursos para evitarlo.

Ese es el mundo que hemos construido hasta el momento. Ni siquiera los gobiernos de «izquierda» han hecho grandes cosas para eliminar esta brecha tan desigual. Se han preocupado más por erradicar los miedos de una clase media influyente a nivel electoral, esa misma clase media norteamericana que votó a Trump en Estados Unidos, o esa clase media británica que votó separarse de la Unión Europea o esa clase media y alta brasilera que votó a Bolsonaro en Brasil. En Uruguay no escapamos a ese miedo a perder privilegios. ¿O acaso el voto a Lacalle Pou o a la coalición multicolor se realizó para mejorar la distribución de riqueza en nuestro país?

La mayoría de los seres humanos reproducimos una estructura que fortalece cada vez más la concentración de riqueza y el aumento de la desigualdad social en el mundo. Primero deberíamos asumir esa responsabilidad, ser conscientes de nuestro accionar diario, el resto, es hipocresía de nuestra parte.

La desigualdad social en el mundo tiene a personas más responsables que otras, por supuesto. Un malvinense de clase media no determina la desigualdad de la misma forma que un accionista de Coca-cola o Samsung o que un político que vota medidas para rescatar bancos en lugar de seres humanos.

Pero tampoco podemos mirar hacia el costado sin dejar de ser conscientes que la concentración de riqueza cada vez es mayor en la Tierra y cada vez succiona más recursos naturales. Si todos los habitantes del planeta viviéramos como un japonés, se necesitarían los recursos de tres Tierras para abastecernos.

Hay algo que no estamos haciendo bien como humanidad. Y dentro de lo mucho o poquito que podemos hacer como personas, ¿qué hacemos? La desigualdad social en el mundo es un reflejo evidente de lo que somos capaces de construir como especie. Lo primero que tendríamos que hacer es reconocerlo. De allí en más, siempre hay espacio para construir una Humanidad más sana. Si no lo vemos, es como permanecer en una «isla de la fantasía» llenándonos de miedos por perder privilegios, carecer de ingresos suficientes para un auto 0 Km o el último modelo de celular. El miedo a la carencia hasta ahora nos ha llevado a más inseguridad (en todo el sentido de la palabra). ¿No será momento de ver la realidad con ojos nuevos, como diría Gandhi?

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1 Response

  1. Beatriz Pereira dice:

    Estaría bueno que se identifique quiénes escriben y las fuentes de los datos. Me interesó y aportó. Gracias

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