La redención de Pascasio Báez libro de Pablo Vierci

La redención de Pascasio Báez libro de Pablo Vierci
La redención de Pascasio Báez libro de Pablo Vierci

La redención de Pascasio Báez, la nueva novela de Pablo Vierci, nos introduce en una polémica más que interesante sobre nuestra historia reciente. El relato moralizante del autor intenta jaquear parte de la narrativa fomentada por los Tupamaros, primero, y por el MPP, después

Los amigos de la editorial Sudamericana nos acercaron la reciente novela de Pablo Vierci: La Redención de Pascasio Báez, la cual nos invita a reflexionar acerca de la historia reciente de nuestro país.

El libro, por lo menos, es polémico. Y nosotros, para no quedar atrás, compartiremos en esta reseña nuestro parecer y nuestras discrepancias con total respeto hacia el autor.

Pablo Vierci no necesita presentación. Es uno de los escritores más prolíficos de nuestro país como así lo indica su obra y los premios recibidos.

  • 1979, Los tramoyistas
  • 1984, Pequeña historia de una mujer
  • 1987, Detrás de los árboles
  • 2004, 99% asesinado
  • 2009, La sociedad de la nieve
  • 2010, De Marx a Obama
  • 2011, Artigas – La Redota
  • 2012, El desertor
  • 2014, Ellas 5
  • 2016, Tenía que sobrevivir 
  • 2018, El fin de la inocencia

Premios de Pablo Vierci

  • 1987, segundo Premio Nacional de Literatura de Uruguay.​
  • 2003, ganador Premio Citigroup Excelencia Periodística de la Universidad de Columbia de Nueva York​
  • 2004, segundo Premio Nacional de Literatura de Uruguay.​
  • 2009, Premio Libro de Oro de la Cámara Uruguaya del Libro

En esta oportunidad, quizás aprovechando el viento de cola de un nuevo gobierno nacional y a modo de homenaje de los 50 años del acontecimiento, Pablo Vierci aborda un momento complejo de nuestro país en los años previos a la Dictadura Cívico-Militar: el asesinato del peón rural Pascasio Báez por haber descubierto una tatucera tupamara en un campo en Maldonado.

Ya nos hemos referido, básicamente, a los motivos por los cuales se produjo un Golpe de Estado en Uruguay (para ver el artículo clic aquí). Allí dejamos resumidos varios elementos que incidieron en el desarrollo de uno de los pasajes más trágicos de nuestro país.

En la nueva novela de Vierci, la narrativa toma un curso diferente y eso de por sí vuelve ineludible la lectura del libro, más allá de nuestras discrepancias que iremos compartiendo en el correr de esta reseña.

Nuestras impresiones de la novela La Redención de Pascasio Báez

Las primeras 100 páginas dejan en claro el rumbo que piensa tomar el autor en el libro. Realmente Vierci realizó un trabajo de investigación histórica que ya de por sí hace que valga la pena su lectura, al menos para los amantes de la historia nacional.

Existen infinidad de datos y términos utilizados en ese período histórico que evidencian el esfuerzo del escritor por sintetizarlos y compartirlos y lo logra, aunque de forma parcializada.

Pero las primeras 100 páginas también nos ubican en la postura ideológica del autor. En este tramo el libro se vuelve un evangelio antitupamaro, o mejor dicho, un juicio a los distintos acontecimientos de ese momento histórico donde los culpables, únicos, son los integrantes del movimiento guerrillero inspirado en Túpac Amaru.

El relato deja a un costado la redención y la estética literaria, se vuelve en un juicio simbólico donde ya están definidos los culpables.

El riesgo de comenzar así es que lo que tendrá que emerger del resto del relato deberá ser consonante con el inicio y así lo será, asumiendo el riesgo de compartir con el lector una verdad por lo menos sesgada.

Se vuelve claro que la redención no es tal cosa, es el pretexto para un relato moralizante y moralizador acerca de lo que no se debe hacer sin dejar planteados los motivos por los cuales se hizo.

Así la guerrilla uruguaya, en el juicio simbólico, se vuelve un tumor a extirpar, una desgracia, una vergüenza, pero más que nada -y así lo presenta Vierci- una locura. De esta manera la familia de quien reclutó a Miguel, el protagonista, padecía de locura, lo mismo la mujer que formó parte del tribunal del pueblo que sentenció a Pascasio Báez, y así podríamos seguir acerca de los integrantes de la guerrilla. Incluso, del lado contrario, el «militar malo» actúa por su cuenta, en su delirio de poder, y no amparado en el colectivo de las fuerzas conjuntas, la cuales cumplían con su deber.

El relato fue concebido a partir de una postura clara sobre el origen de los acontecimientos, hasta Pacheco Areco parece ser víctima de lo que estaba sucediendo y los policías eran pobres desgraciados que no podían ante «la determinación revolucionaria», justificada en la arrogancia y capricho de una clase media inspirada por la Revolución Cubana en el marco de la Guerra Fría.

El problema de este enfoque es que el autor no coloca en el mismo plano la «locura y el capricho guerrillero» con las condiciones sociales, políticas y económicas que estaban viviendo los uruguayos en esa década turbulenta de los 60.

El foco no está puesto en la crisis del estado batllista, en los gobiernos del Partido Blanco que promovieron medidas liberales desmantelando al Estado Benefactor, no se nombra al primer préstamo solicitado al FMI y sus condiciones (punto 4 de la solicitud: el Gobierno del Uruguay está resuelto a llevar adelante rápidamente su objetivo de lograr una liberalización total de su comercio y de mantener un sistema de cambio unitario), la desaparición de los cambios múltiples y de los aranceles a las importaciones, y por lo tanto de las transferencias del sector agroexportador a los sectores más vulnerables, lo que derivó en una rebaja salarial contundente, y en un mayor deterioro de la debilitada industria nacional. Apenas menciona el desempleo, la cantidad de emigrados, y ni destaca a los abogados y médicos que tenían que trabajar como mozos o taxistas. Tampoco aparece la espiral inflacionaria y la barranca abajo del salario real.

En el relato no se pone el foco en los Escuadrones de la Muerte (sí los menciona), ni en la JUP, ni la represión o en la censura ni en el gabinete formado por Pacheco Areco con claro perfil empresarial, marcando con gran estridencia que los trabajadores se vieran cada vez más perjudicados. Tampoco se pone el foco en la intervención norteamericana en todo el continente. Apenas se destaca lo que fue la Escuela de Panamá. Hasta Dan Mitrione fue un «angelito».

Sí se pone el foco en los panfletos revolucionarios, en la ideología de extrema izquierda, en la psicosis de Stalin y en los privilegios de una Nomenclatura cubana que en parte se mantienen hasta el día de hoy (estos puntos, aclaro, los comparto).

El tema es que al plantear una mirada parcializada del origen de la guerrilla en nuestro país el juez, que es también jurado, ya adelanta un veredicto incuestionable e inapelable.

El psicólogo Pichón Rivière le regaló al mundo un concepto precioso que es el de emergente social. En el vínculo familiar los comportamientos de un hijo evidencian un sentir familiar. Lo mismo podemos desarrollar a nivel social. ¿Cómo no somos capaces de ver qué «emergía» de nosotros mismos con la guerrilla tupamara? Marcar su error sin entender su origen genera simplemente que ese error se siga reviviendo, no en forma de guerrilla, es verdad, pero sí como fenómeno de otras circunstancias. ¿Acaso que cada 11 horas un uruguayo se quite la vida no es producto de algo que se mueve en lo más subterráneo de nosotros mismos? ¿De una insatisfacción que no logra canalizarse sanamente en nuestra sociedad?

Si seguimos la línea planteada por el autor solamente existe un veredicto y una represión del sentimiento que emerge, como en la Inquisición, un sacarse de arriba algo que como sociedad no sabemos manejar. Ese es el gran riesgo de este tipo de relatos moralizantes. Legítimos, por supuesto, pero de alto riesgo.

Y así lo expresa Pablo Vierci en el camino del héroe como veremos a continuación.

Amazonas 1440: el barrio en la historia de un país
Amazonas 1440: el barrio en la historia de un país, libro de Esteban Perroni con otra mirada acerca de ese período histórico

El camino del héroe en La Redención de Pascasio Báez

Desde el punto de vista de la narrativa, en los capítulo 13, 14, 15 y 16 el autor logra su máxima expresión estética. Vierci plasma un lenguaje armónico en la descripción del trayecto de Báez.

Podríamos decir que en cuanto al componente literario, el capítulo 16 es el más simple y hermoso del libro, aunque no lo parezca.

En esos capítulos queda presentado el héroe que será redimido en la obra. Ese héroe que era votante del Partido Nacional, seguidor de Aparicio Saravia y Wilson Ferreira Aldunate, peón humilde y trabajador.

Allí el autor mínimamente recuerda a Aparicio, destacando que se levantó en armas por la «dignidad arriba y el regocijo abajo», olvidándose que su lucha fue militar y se enfrentó a un gobierno constitucional como el de Batlle y Ordóñez.

En ese caso, como en otros -independencia de Estados Unidos, Revolución Francesa, Artigas-, los pensadores de la ideología liberal o los llamados defensores de la democracia justifican levantamientos armados -pase a cuchillos, ráfagas de fusiles Remington o ametralladoras Krupp-, debido a las condiciones injustas que los habilitaban para sublevarse. Esos sí fueron héroes.

Sin embargo queda claro en esa lógica que los Tupamaros fueron productos de la locura, del capricho, de la intolerancia, del sadismo, de la inmadurez emocional, al igual que los diferentes movimientos revolucionarios de extrema izquierda de América Latina. Por lo tanto, la locura no puede justificarse ni habilitar la insurrección.

Si ese es el punto de partida de un relato, en este caso de una novela, el camino está claramente sesgado y el final no podrá ser cuestionado. Es decir, no se habrá aprendido nada de la historia.

En el relato los héroes colectivos son eludidos, pero curiosamente sí se desarrolla en la narrativa el concepto de héroe funcional. El autor lo deja en claro al apelar a la figura de Gustavo Zerbino en el libro, mencionándolos dos veces. Él es héroe porque fue funcional al sistema, al igual que Pascasio Báez o la abogada Patricia. Esos son los héroes que valen en el relato, totalmente jerarquizados; héroes individuales, incapaces de caer en la esquizofrenia aglutinante del romanticismo infantil de extrema izquierda.

En el nuevo mundo, al menos en el mundo ideal planteado por el autor, el héroe no puede cuestionar lo establecido, solo debe mejorar lo que está y si no puede, tendrá que desaparecer -Miguel-. Allí se encierra un paradigma claro y desocultarlo es un gran desafío para el lector. Por eso vale la pena leer esta novela, porque también habla de nosotros mismos y de nuestra postura ante una realidad que no siempre nos satisface. ¿Cómo nos paramos ante ella? ¿Desde lo individual o comprendiendo el entramado social, político, económico e ideológico que subyace en nosotros?

Finalmente, y a modo de intrigar al lector, vale la mención al «desprecio» -por utilizar la primera palabra que viene a nuestra mente- del autor hacia José Mujica. El relato recae en él con cierta frecuencia -como actor de reparto, es verdad- y Vierci expone su posición frente a las actitudes del «Pepe» en su recorrido político -aspecto que no ahondaremos ahora-.

En concreto, La Redención de Pascasio Báez, viene a remover y a cuestionar una narrativa preestablecida acerca de los movimientos de izquierda, principalmente de los Tupamaros. De acuerdo a lo que venimos diciendo también el libro representa un emergente que hay que escuchar y comprender, más allá de discrepar con él. Porque ese emergente fue también reprimido, aplastado por una narrativa romántica revolucionara. Entender su mensaje, es sinónimo de entender a un sector de uruguayos que sienten de esa manera, que tienen esa mirada particular de la historia, que es tan válida y legítima como la de cualquiera.

La Redención de Pascasio Báez es un libro que vale la pena leer.

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