Profesor Rafael Suárez: «la soberanía está cada vez más acorralada»

Profesor Rafael Suárez: "la soberanía está cada vez más acorralada"
Profesor Rafael Suárez: «la soberanía está cada vez más acorralada»

Luego de un tiempo largo de no entrevistar al responsable de nuestro portal decidimos ponernos al día para que nos brinde su mirada sobre lo que ocurre en la educación, el agua y la salud en nuestro país. Para el Profesor Rafael Suárez «la soberanía está cada vez más acorralada»

Entrevista al Profesor Rafael Suárez

Siendo responsable de nuestro portal en los últimos meses te hemos visto participando poco en los temas que siempre fuiste abordando. De hecho algunos lectores nos han enviado sus inquietudes al respecto. ¿Qué te pasó?

Es cierto. En estos momentos mi principal foco de energía está puesto en mi familia. Como muchos saben la situación de salud de mi padre es relativamente compleja y demanda mucha atención. Así que en estos tiempos me ha costado más verter mis opiniones con mayor frecuencia.

Aclarado este punto nos gustaría preguntarte sobre diferentes temáticas que para algunos son inconexas. ¿Se puede vincular lo que sucede en la educación, con el tema del agua y de las vacunas?

Hace un tiempo escuché al secretario Delgado decir que le llamaba la atención que algunos «antivacunas» también opinen del cambio climático. Como siempre desde lo que en sicología se llama «pensamiento monarca» se ha pretendido minimizar al que ve la realidad con otros ojos. Evidentemente para muchos uruguayos todos los temas están conectados y yo me pliego a esa visión.

La soberanía está cada vez más acorralada en Uruguay, en América Latina y en el mundo entero y las herramientas que se utilizan no son las clásicas del imperialismo europeo del siglo XIX o del imperialismo norteamericano del siglo XX. Ya nos hemos referido a ello en una entrevista anterior. En síntesis, estamos en presencia de grandes corporaciones transnacionales que pretenden erosionar las soberanías locales. Es ilógico imaginarnos que en pleno siglo XXI utilicen las mismas herramientas que en el siglo anterior. El formato se ha ido modificando. Estas grandes corporaciones manejan la misma riqueza que Estados Unidos por ejemplo. La empresa Apple produce la misma riqueza que Francia, y recordemos que Francia es la séptima economía del mundo. Pensemos en lo que acumulan estas grandes corporaciones a nivel de producción, de mano de obra, de propiedad intelectual, de los medios de comunicación. Es bestial. Jamás en la historia de la humanidad se vio algo igual. Ahora bien, algunos podrán pensar que estas corporaciones tienen fines humanitarios, pero estamos viendo cómo se desplazan en los diferentes territorios, lo hacen como las langostas. Devoran todo a su paso y de forma rápida.

Si dimensionamos lo que estoy diciendo podemos empezar a generar vínculos entre la educación, el agua y las vacunas o el sistema sanitario.

Para ir entendiendo mejor nos gustaría ir desgranando por partes. Hay muchos lectores que no están pendientes de estos temas y tienen más dudas que certezas.

Las grandes corporaciones transnacionales tienen como objetivo derribar las soberanías nacionales para desplegar sus formatos de forma más eficaz, bajo los parámetros, ahora, de la denominada Agenda 2030. Esta mirada incluso, la tuvo en su momento Manini Ríos cuando era comandante en jefe del ejército. Se puede apreciar en su último discurso del 2019 lo que digo, él habla de «guion perverso de los centros de poder». Por favor ver desde el minuto cinco al seis para dimensionar su visión.

Último discurso de Manini Ríos como Comandante en Jefe: se sugiere ver del minuto cinco al seis

En la consecución de ese objetivo se despliegan, como dije, diferentes herramientas. Lo primero que han hecho es debilitar las economías nacionales, atacando directamente a las burguesías locales. El caso de Uruguay es más que evidente. Ya no tenemos bancos privados de capital nacional desde el 2002, las grandes superficies son de capital extranjero y la tierra ha sufrido una extranjerización descomunal en lo que va del siglo. Según un informe de Víctor L. Bacchetta publicado en el 2021, «de 8,6 millones de hectáreas vendidas entre 2000 y 2019 en Uruguay, más de 6 millones fueron, por vía de la excepción, a sociedades anónimas, en su mayoría extranjeras». Casi la mitad de la tierra en nuestro país es de propiedad extranjera.


En el siglo XXI hemos tenido un gobierno del Partido Colorado, tres del Frente Amplio y uno del Partido Nacional y la tónica no ha cambiado. Cada vez más presencia de grupos de inversión y menos presencia del capital nacional. Los tres partidos políticos que nombré no han ni intentado frenar ese avance en la vía de los hechos. Más bien todo lo contrario, han intentado atraer más y más inversiones en el área productiva, lesionando por supuesto nuestro medio ambiente.

Pero este fenómeno no es propio de Uruguay, ocurre en toda América Latina. En Argentina vemos algo similar, en Chile, etc, etc. Y por supuesto, estos capitales extranjeros comienzan a presionar cada vez con mayor virulencia. Así tenemos contratos secretos con UPM o con los gestores del puerto de Montevideo. ¿Cómo es posible que en un país soberano, nosotros, sus dueños, no sepamos lo que nuestros representantes firman? ¿Acaso no hay un daño a nuestra soberanía?

Es inconcebible que se protejan los intereses de las corporaciones transnacionales por encima de los intereses de los uruguayos. Con el tema del agua quedó más que claro. La culpa fue de la sequía o del cambio climático o de que no se hizo la represa de Casupá. Pero el problema principal del agua es el modelo productivo que estamos desarrollando. Un millón de hectáreas plantadas con árboles que consumen 20 litros de agua diarios cada uno, una ley de riego que permite acumular agua a privados sin considerar el impacto en otras áreas, la habilitación insensata del uso del glifosato en los cultivos, como ha denunciado el diputado César Vega, el vertido de contaminantes por parte de frigoríficos e industrias en arroyos y ríos o en zonas de aguas subterráneas. Podemos haber salido del problema de la escasez del agua, pero la calidad de la misma va a continuar en retroceso mientras no sabemos lo que nuestros representantes firman con las empresas que producen ese deterioro.

Sin dudas que el Movimiento Uruguay Soberano tiene mucho para decir al respecto. Vale la pena escuchar al abogado Hoenir Sarthou.

Estos contratos secretos se replican con lo que vivimos a nivel sanitario. ¿Allí se podría ver un nexo?

Evidentemente que no es casual que existan contratos privados con empresas extranjeras del aparato productivo y con empresas farmacéuticas. ¿Dónde está la soberanía allí? No sabemos qué establecen los contratos con UPM como tampoco sabemos lo que establecen los contratos con Pfizer. ¿Qué intereses está protegiendo el gobierno? ¿Los de las empresas o los intereses de los uruguayos?

Como dije antes, la soberanía está cada vez más acorralada. Lo vemos en materia productiva y en materia sanitaria.

¿Y en materia sanitaria existe poca explicación de lo que está pasando con el récord de muertes en Uruguay?

Exacto, en lo que va del año nos han negado 7 pedidos de información pública por parte del MSP. ¿Cómo es posible que las muertes por paro cardíaco hayan aumentado un 90 % en el 2022 y nadie explique nada? ¿Cómo es posible que estemos en presencia de un récord de fallecidos por las denominadas «muertes inexplicables» y ninguna autoridad brinde aclaraciones?

Récord histórico de fallecidos por «muertes inexplicables» en Uruguay

No podemos saber si este incremento descomunal de fallecidos en Uruguay pueden tener que ver con las vacunas o no. Pero no lo podemos saber porque el MSP no lo está investigando. ¿Por qué no lo hace? ¿Estará establecido en el contrato con Pfizer? ¿Cómo se explica que ante un récord de muertes el MSP no investigue ni explique sus causas? ¿Acaso su función no es velar por la salud de todos nosotros?

¿Y cómo podemos vincular todo esto con la denominada «transformación educativa»?

Por un lado tenemos que a nivel productivo las grandes corporaciones campean a sus anchas, lo mismo a nivel sanitario y también a nivel educativo. La educación es un herramienta de singular interés paras las grandes corporaciones transnacionales. Allí se persigue un objetivo concreto en todo el mundo, no solo en Uruguay, generar mayor empobrecimiento cultural e intelectual. No es casualidad que se deterioren materias como Filosofía o Astronomía.

Tenemos que recordar que esta reforma educativa actual es un reacomodo de lo planteado por el Informe Scans 2000 para las Américas llevado a cabo en los años 90. Allí se destaca la necesidad de brindarle competencias a los estudiantes para que obtengan mejores ingresos en el mercado de trabajo. Y esas competencias cuanto más rudimentarias y generales, mejor. En lugar de desarrollar una educación liberadora y soberana, se implementan cambios para una educación de visión empresarial y restringida a competencias que puedan servir en el mercado laboral.

En los hechos, y en una mirada de largo plazo, no importa que el estudiante fomente su capacidad de reflexión, sino que la clave consiste en generar mecanismos para incorporarlo rápidamente a los requerimientos del mundo laboral. No importa que el estudiante pueda definir el sentido de su vida y de la vida, lo que importa es que adquiera habilidades mínimas y operativas para trabajar. Si miramos atentamente un indicador de logros para Secundaria tiene que ver con el pasaje de grado. Lo que importa es que el estudiante pase, no que aprenda…

¿Pero qué tiene que ver esto con la soberanía?

Tiene que ver en dos motivos centrales.

Por un lado nos hacen creer que las reformas educativas que se implementan son diseñadas por nuestros expertos. Eso es falso. Estas reformas se aplican en todo el mundo y no fueron diseñadas por los estados nacionales sino en base a los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales. Aquí ya tenemos otro ataque a nuestra soberanía. ¿Cómo es posible que no seamos capaces de impulsar una educación nuestra, soberana, libre?

Lo segundo, y esto me parece de mayor gravedad aún, tiene que ver con el empobrecimiento cultural e intelectual al que hacía referencia anteriormente. Una población con menos recursos reflexivos es más proclive a la indefensión. Es decir, ¿si nuestros adolescentes reciben menos herramientas culturales cómo se defenderán del avance del mercado o de la insatisfacción crónica que están sintiendo, como dicen muchos especialistas? No se pueden defender. Y a la larga eso permitirá un avance mayor de las grandes corporaciones porque no contarán con organizaciones civiles de resistencia o de mirada crítica. Tendrán por delante a generaciones amantes del metaverso, del play station, de las compras online y del sexting, mientras negocian con una minoría gobernante que a pasos agigantados se deja acorralar para mantener sus privilegios.

Las palabras del ministro de Educación y Cultura son muy claras sobre lo que se quiere con la educación y en definitiva, con nuestra soberanía.

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1 respuesta

  1. Buen articulo. Nunca existio tal soberania, los perpetradores de esto lo saben hace siglos. Podria decirse que somo esclavos con derecho a votar en comicios viciados…Veo que en Uruguay y en el resto del globo nos aferramos a creer que no paso lo que paso….Seguimos vivos pero gran parte del colectivo que aun «existe» lo lleva por mera inercia. Quien posee el don de la intuicion lo sabe peor de lo imaginado. Capas y mas capas de apretada negacion comprimen hasta el ahogo lo que alguna vez fue cierto. El pequeño ser abrumado por tecnocratas ligeros de palabra no alcanza a visualizar la ascencion de un antiguo paradigma siniestro. Las ansias de vivir retorcidas e histericas de tanta incertidumbre yacen junto a oscuros pensamientos: Quien sera el proximo? Sera este el final? Ahora quien escribe debe subir la escalera hacia la escena, mas que nunca y para siempre su catarsis debe actuar como urgente despertador, la entrega debe ser contundente, incontestable para asegurar a los que queden el estigma de no olvidar….el mundo es el mismo, solo cambiaron el guion por uno mas asesino y berreta…Citando a Rimbaud, nunca «una temporada en el infierno» tuvo semejante coreografia

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