La teoría del fin de la Historia de Fukuyama

La teoría del fin de la Historia de Fukuyama

La teoría del fin de la Historia de Fukuyama

 

La teoría del fin de la Historia de Fukuyama enfatiza que las luchas entre las ideologías dominantes durante la Guerra Fría han finalizado, por lo que la Historia llegó a su final. Sin embargo algunos autores le salieron al cruce buscando rescatar la proliferación de historias.

 

 

La modernidad, tanto en su vertiente marxista como liberal, concibió a la historia como un todo, con un principio y un final. La historia concebida de esta manera se dirigía hacia un objetivo: la emancipación del hombre, la liberación. Al final del milenio pasado pareció cumplirse la utopía liberal: la democracia capitalista, según Fukuyama, es la edad madura del hombre. Queda claro entonces la orientación de la teoría del fin de la Historia de Fukuyama.

Al cruce de estas interpretaciones hegelomarxistas de la historia surgió como crítica el pensamiento posmoderno. Para Llyotard, la intención de Fukuyama no sería otra que la recuperación de los grandes relatos legitimadores de una historia única que conduce a la emancipación, indudablemente entendida como emancipación del hombre liberal.

Se podría decir, entonces, que la historia universal de Fukuyama es la historia del hombre burgués al llegar a su madurez. Y para arribar al fin de esta historia, se borran todas las historias que no conducen a la democracia liberal ni al último hombre.

Vattimo al postular el fin de la modernidad y el de la historia direccional y unitaria, nos abre las puertas a muchas otras historias que, no necesariamente, conducen al fin de la historia como asegura Fukuyama. Si para el pensamiento posmoderno existe un fin, ese fin es el de la historia moderna, europea, direccional y única que persigue el ideal de humanidad occidental. En esencia, tanto el marxismo como el liberalismo perseguían lo mismo, dejando de lado todas aquellas historias que no se embarcaran en sus causas últimas.

“Quizás, la historiografía francesa de mediados de los sesenta, y posteriormente, muchos historiadores del resto del mundo, no hicieron otra cosa que otorgarle la razón, explícita o implícitamente, a la idea de la historia con un sentido único. La historia de las mujeres, de los niños, de la sexualidad, de la familia, de los jóvenes, de los pobres, de los alimentos, y las infinitas historias que se descubrirán, no hacen sino echar por la borda la historia creada por la modernidad: aquella historia que buscaba la emancipación de un solo hombre”.

Así, según Alpini, en estos tiempos no hemos experimentado el fin de la historia, sino el descubrimiento de múltiples historias. Y se pregunta, ¿acaso las metahistorias como la marxista y la de Fukuyama no han olvidado a múltiples sujetos históricos en beneficio de sus filosofías liberadoras, que en definitiva no han sido otra cosa que violencias ideológicas en pos de la razón?

Y se contesta, “nos encontramos ante el fin del proyecto normativo que concebía a la historia como una totalidad racional. La historia dirigida hacia un fin (la racionalidad científica, la emancipación, etc.) ha sido sustituida por la multiplicación indefinida de historias que no poseen un único criterio de legitimación”.

Aparte, y partiendo de la visión moderna de la historia, ¿de qué progreso y evolución estamos hablando? Quizás el del hombre liberal, o tal vez el del inmigrante latino o africano, o del travesti y la lesbiana, o quizás el de la sociedad uruguaya. Realidades distintas, culturas múltiples, necesariamente tienen historias distintas, y por supuesto, utopías distintas. “No existe una utopía, sino muchas. Así como tampoco una historia, que siempre se nos presentó como la occidental europea”.

El siglo XX ha demostrado, según Hobsbawn, el fracaso empírico del proyecto marxista y el cuestionamiento del liberalismo en sus principios fundamentales -autorregulación del mercado, Estado mínimo, etc-. “No sabemos a dónde vamos, sino tan sólo que la historia nos ha llevado hasta este punto y (…) por qué. Sin embargo, una cosa está clara: si la humanidad ha de tener un futuro, no será prolongando el pasado o el presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre estas bases, fracasaremos. Y el precio del fracaso, esto es, la alternativa a una sociedad transformada, es la oscuridad”.

La historia continúa, pero no dirigida hacia una meta final como pretendieron hacernos entender la tradición marxista o liberal. “Las metas unilaterales casualmente siempre son creadas en beneficio de alguien. (…) Después del largo proyecto histórico de racionalización rigurosa -marxista o liberal- que se construyó en base al eje de la cultura europea, se abre actualmente un sentido de la historia más plural y tolerante que la historiografía contemporánea parece recibir con beneplácito”.

La teoría del fin de la Historia de Fukuyama simplemente pierde sentido para la multiplicidad de historias que se abren en un mundo plagado de pequeños relatos, sean nacionales o no, y que despiertan una y otra vez, a pesar de que para la Historia Universal “tradicional” nunca puso el foco en ellos.

 

 

 

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