Psicoanalista Mariela García: «me preocupa quedarnos instalados en el miedo» por la pandemia

Psicoanalista Mariela García: "me preocupa quedarnos instalados en el miedo" por la pandemia
Psicoanalista Mariela García: «me preocupa quedarnos instalados en el miedo» por la pandemia

La Psicoanalista Mariela García nos brinda una mirada profunda acerca de lo que ha generado y nos puede generar el Coronavirus, en relación a nosotros y a nuestra propia familia. La frase que más nos identificó fue con la que titulamos la entrevista: «me preocupa quedarnos instalados en el miedo».

La Psicoanalista Mariela García cuenta con una extensa formación, es egresada de la Universidad de la República, especializada en psicoanálisis vincular en AUPCV, como también en formación en pareja, familia y grupos. También se ha formado en peritaje victimológico y criminológico en la Unidad de Formación Permanente para Graduados de la UdelaR, y en violencia familiar en la UCU. Actualmente realiza abordajes en psicoterapia individual, de pareja, familiar y grupal.

Su opinión respecto a lo que sucede con la pandemia es muy especial y elocuente. Sus palabras valen la pena y su mensaje, más. Le preguntamos de muchas cosas y en cada pregunta respondió con calidez y profundidad. Qué hacer con nuestros hijos, qué hacer con nosotros mismos, cómo gestionamos nuestros deseos y duelos, son algunas de las preguntas que más nos gustaron formular. Sus respuestas, verdaderas enseñanzas.

Desde el punto de vista histórico jamás la humanidad había vivido una pandemia en tiempo real, con estadísticas en vivo y datos constantes. De qué manera nos puede afectar ese flujo de información?

El estado de alerta es permanente. Para colmo la información tiene que ser chequeada (por esto de las falsas noticias que tanto circulan en las redes sociales) y debemos sumarle la suspicacia con que se evalúan las políticas de estado, pues, los distintos acontecimientos históricos de la humanidad, han sembrado desconfianza en los intereses de sus representantes. Nuestro presente está en vilo.

Pudimos ver cómo activó, en cierto punto, un modo equivalente al de «sálvese quien pueda» con estas compras masivas de artículos de higiene y limpieza, que luego escaseaban. Cierto pánico nos invadió y la sensación de desprotección nos albergó. Luego, nos refugiamos en el saber de otros que a su vez nos dicen que no saben tanto, pero retornamos a esa confianza un tanto extraviada y permanecemos expectantes a que nos digan qué hacer, cómo y cuándo hacerlo.

Quizá este punto es el que más me convoca a la reflexión. Me preocupa quedar instalados en el miedo, el contexto es ideal para ello y las consecuencias, de permanecer allí, son las más desafortunadas. Si bien debemos aunar criterios para de salir adelante, no habrá que hacerlo desde una actitud pasivo dependiente, sino, con responsabilidad activa. Para ello será imprescindible tomar conciencia de muchos aspectos que hacen a nuestra subjetividad. Desde ella entendemos y abordamos la realidad.

La realidad ha cambiado y provocó una discordancia profunda entre cómo se concebía y vivía, y cómo tendremos que hacerlo de ahora en más. Lo supuesto se dio de bruces contra lo real y tenemos una gran oportunidad de develar lo asumido, lo establecido, lo naturalizado y por ende, lo no advertido. Si afectados por esta adversidad, logramos devenir en tales efectos, bienvenidos sean.

El miedo al contagio o a contagiar a un ser querido, qué impacto provoca en la personalidad?

Miedo, es una palabra a la que le tengo mucho respeto, suele generar reacciones complejas que en vez de protegernos, podrían dejarnos más expuestos, o incluso, propiciar otros peligros.

Si el miedo al contagio, se le recepciona para tomar las medidas de prevención pertinentes, estaremos bien encausados. Pero cuidado, porque el miedo es un sentimiento del que rápidamente queremos librarnos, el criterio no debemos perderlo.

Si mutamos el objetivo preciso que tiene el miedo de advertir el peligro para que seamos cautos, por el objetivo de sacarnoslo de arriba; podremos estar dispuestos a hacerlo a cualquier precio y es allí, donde todo se derrumba. Conformes a la idea de protección, confundiremos autoridad con autoritarismo, sometiéndonos a medidas que, prometiendo cuidado, estarán dispuestas a destruir todo aquello que perciba como amenaza a su control.

En esta fase de cuarentena escuchamos a mucha gente molesta, incómoda, frustrada. Qué nos puede decir el Psicoanálisis sobre esas sensaciones y emociones? Seguramente la cuarentena nos desnude aspectos de nosotros que teníamos olvidados u ocultos, es así?

El malestar es lógico, este suceso atraviesa y conmueve lo personal, lo relacional y lo sociocultural, tres áreas que componen a nuestra subjetividad. Son aspectos que se interrelacionan entre sí y nutren nuestra vida psíquica. Construye nuestra personalidad y conforma un modo de ser y estar. En Psicoanálisis vincular lo conceptualiza como lo intra, inter y lo trans subjetivo.

Nos encontramos ante algo desconocido y eso al ser humano nunca le gustó, es comprensible, el conocimiento ha sido el gran aliado para la evolución de la especie. Para males, lo poco que conocemos de este virus pandémico, es que puede ser letal; combinación catastrófica y por ende traumática.

El aislamiento y las nuevas condiciones de higiene y desinfección, si bien nos propone un refugio mientras pasa la tormenta, es decir, mientras se encuentre una vacuna, no nos defiende de los fantasmas que propaga en nuestro interior, tal amenaza. Lo cotidiano convive más que nunca, con nuestra propia fragilidad. Cada vez que limpio mis manos, que salgo a la calle con tapabocas, cada rutina que he dejado y me ubica en un vacío de tiempo a colmar, y cada momento de encuentro que anhelo y debo postergar; esto y tantas cosas más, me recuerdan por qué es. Porque somos vulnerables, porque aunque lo hemos apartado de nuestra mente en el transcurrir de la vida, es algo con lo que siempre hemos convivido, pero no siempre lo pensamos y hoy, nuestros actos, están impregnados de tal consciencia que nos obliga a hacer el ejercicio de aceptarlo, aunque nos pese.

Basta estar vivo para que pueda morir, entonces, qué sentido tiene evitar concebirlo, reconciliarnos con la idea. Cuando lo aceptamos, la valía del tiempo se resignifica, se transforma, y el mundo de posibilidades que se nos presenta, cobra el sentido profundo de oportunidad.

Para algunos será una revelación, mientras que para otros, emergerá los síntomas de tales aspectos, pero no su razón.

Para el Psicoanálisis es muy importante el deseo, cómo se mantiene vivo en tiempo de cuarentena?

El deseo es un tema importante para el psicoanálisis porque, en procura de comprender la complejidad del ser humano, reconoce especialmente en su esencia, a un ser deseante.

Advirtamos que cuando hablamos de deseo, lo hacemos desde una lógica que incluye no solo aquello que conscientemente identificamos como algo concreto a alcanzar, tener, ser, etc; involucra también a los constructos sociales que lo alientan, así como también, el sustrato inconsciente que lo sostiene. Respecto a este último punto, de una forma muy somera, podríamos decir que el deseo, per se, es una fuerza continua de búsqueda, el combustible de su existencia radica allí. Es un eterno insatisfecho porque su realización es imposible. La paradoja de desear lo que no se tiene, porque si lo tiene, ya no lo deseará; hará que su búsqueda continúe por algo más. Es la búsqueda de un ideal, que como tal, no existe. El desafío consistirá en develar cuál es, a bien de redireccionarlo a identificar y aceptar, lo posible.

En el terreno del deseo, hoy, el conflicto pugna con el de la necesidad. Podríamos confundirlos, pero no son lo mismo. La necesidad tiene un carácter imperativo de supervivencia, literalmente responde a las demandas que nuestra biología exige para vivir. Sin embargo, este carácter imperativo, también puede emerger en nuestros deseos y prestarnos a la confusión de creer que, de no cumplirse, el desenlace podría ser devastador. Habrá que ahondar en tal discernimiento para que la calma recupere su curso y desde ella, transformar el imperativo, en la paciencia que le compete.

Solemos poner demasiadas expectativas en el afuera para sentirnos bien, cuando en realidad, es el manejo interior que se tiene frente a lo posible, lo que gestiona nuestro bienestar. Solo así es que no habrá desesperación y/o resignación que sofoque a nuestro deseo, y este permanecerá vivo, porque habrá convertido a la espera, en esperanza.

Hay actividades que no podemos hacer y que para muchos son de gran importancia como salir a correr en grupo, ir al cine, estar con amigos, etc. ¿Cómo se gestiona ese duelo?

Para el Psicoanálisis el duelo es un trabajo de elaboración, ante el dolor psíquico que ocasiona la pérdida de algo significativo. Cuando digo significativo, me refiero a todo aquello que es relevante por lo que se ha depositado afectivamente en eso que se perdió. Aquí, el universo es amplio, y tanto lo tangible como lo intangible, son pasibles de cobrar un valor insospechado.

Es de particular importancia atravesar el duelo para que nuestro funcionamiento psíquico no quede atrapado en lo que ya no está o no es posible. Solo así podrá separarse de lo perdido y recuperar su libertad. En su elaboración, será crucial valernos de la palabra para reconocer y expresar lo que sentimos ante la pérdida, para bien de distinguir el capital afectivo que albergaba y del que entonces, tendremos que hacernos cargo. Por supuesto, esto llevará un tiempo, pero un tiempo acotado.

Es interesante conocer el origen etimológico de las palabras, descubrimos que en su concepción, hay más respuestas de las que imaginamos. Duelo proviene del latín, y en su base, dos ramas que le asignan un significado diferente pero no excluyente: “dolus”, que representa dolor, y “duellum”, que remite a la idea de desafío, lucha, combate entre dos.

Podremos suponer la relevancia que tendrían ciertas pérdidas, pero solo cuando acontecen, es que tomamos cabal conciencia de lo que significan. Quizás, si analizamos este aspecto ayude a comprender por qué sucede, y por ende, a encontrar el camino de cómo transitar el duelo, para bien de resolverlo.

Internamente, la pérdida nos ha dejado una falta, allí donde había algo, quedó el vacío, Pero nuestro sentir, no se va con quien se fue, o lo que ya no está; queda. Eso que perdimos ocupaba en nuestro ser una parcela de x valor afectivo. Cuando la vemos vacía, invita a la nostalgia y no resulta un lugar confortable, queremos a toda costa que vuelva lo que allí había; nos gustaba, era un rincón que me ofrecía momentos que ya no tendré.

Si prestamos atención, el dolor que se siente, habla más del doliente, que de lo que ya no está. Perspectiva que evidencia al anfitrión de los afectos, cuyo desafío consistirá en remodelar y transformar, ese que siempre fue, su lugar …; y ya sabrá, a qué o quiénes hospedará.

El tránsito por el duelo habilita a un nuevo aprendizaje. Ese espacio y ese sentir, siempre nos ha pertenecido, no nos lo dio algo o alguien, se los hemos ofrecido nosotros. Entonces, la posibilidad de recuperar el sentido vuelve, resignificando lo vivido. Conociendo por qué y cómo, es que podremos volver a crear dónde.

La realidad ahora puede ser percibida como más limitante. Esa percepción qué nos está diciendo de nosotros mismos?

Es verdad que las condiciones de vida han cambiado, y sí, hay muchas restricciones con las que lidiar; sin embargo, estos límites no deberían coartar nuestras posibilidades de ser. El problema se instala cuando esta percepción limita nuestra libertad, pretendiendo que la realidad me ofrezca lo que necesito, en vez de hacer lo que necesito, para adaptarme a ella.

Creo que estaríamos olvidando algo que ha definido a nuestra especie, siempre hemos sido seres frágiles, vulnerables. Si nos comparamos con otros animales, no contamos con el instinto para saber qué hacer, pero adquirimos el lenguaje para comprender qué y cómo hacerlo; nuestra piel no poseía un pelaje que nos abrigue de las inclemencias del tiempo, entonces recurrimos al ingenio para crear los propios, no tuvimos garras o dientes del que valernos para cazar nuestros alimentos y siendo así, creamos herramientas que nos lo permitieran. Si nos detenemos a pensar, nuestra humanidad y la sociedad que hemos construido, con sus aciertos y errores, ha evolucionado especialmente, por la adversidad que le ha tocado atravesar. Nuestras fortalezas se han fundado en lo que hicimos con nuestra precariedad, es decir, con nuestras limitantes ante la realidad. Tanto en lo personal como en lo comunitario, siempre ha sido así. Entonces…, por qué habría de ser distinto ahora?

Se escuchan mucho frases como «estoy aburrido», «no tengo nada para hacer», «no aguanto más». Qué reflejan de nuestro interior?

Posiblemente devele cuán distraídos nos encontrábamos. Distraídos de nuestra persona, al punto de que nuestra cotidianeidad, posiblemente estuviese más colmada de otros o de actividades, que de uno. Nuestra propia compañía es, con la que contaremos siempre, y es una excelente oportunidad para aprender a convivir con ella.

Estamos inmersos en una sociedad de consumo y su lógica se impregna, más de lo que imaginamos. Mientras las cosas iban como siempre, la percepción del tiempo era que se nos escurría, al día le faltaban horas para tanto hacer. Hacer para tener. Tener un porvenir, una casa, un perro, tener vacaciones, un encuentro, una pareja, tener hijos, etc.; y así, inadvertidamente, olvidamos el ser. Ese ser al que nadie le quita y nadie le da, más que uno mismo. Si invertimos la lógica y privilegiamos el ser sobre el tener, nos daremos cuenta que el aburrimiento o el hastío, no emergen. Si el tiempo lo dedico a ser más culto, más independiente, más paciente, más inventivo, ser mejor persona, pareja, hijo, padre, amigo, hermano, compañero, trabajador, etc.; seguramente estaremos muy ocupados y por qué no, más satisfechos. No olvidemos que lo que somos, no lo tenemos, lo construimos.

Y cómo se traslada esa situación a los hijos, muchos padres se preocupan solamente por entretenerlos, es el camino indicado? Qué sugerencias se pueden brindar?

El equilibrio que antes ofrecía nuestra rutina, hoy se ve modificado. Para muchos se superponen en espacio y tiempo, los ritmos laborales con los de las tareas del hogar, más las actividades educativas y de recreación de los hijos. Algo nada sencillo de administrar pero que evidentemente exige una reestructuración.

El entretenimiento y la dispersión, en su justa medida, siempre son necesarias, más aún cuando la tensión prevalece. Sin embargo, esto no debería ir en detrimento del tiempo dedicado a sus responsabilidades, e incluyo en responsabilidades, al hecho de aprender a manejar la frustración propia, de no saber qué hacer en el tiempo libre.

La prudencia debe estar en que, en pos de solucionar algo, no se desvirtúen otros aspectos. Un ejemplo de tal descuido podría ser cuando, para poder trabajar tranquilos o evitar tensiones en la convivencia (peleas entre hermanos, demandas por insatisfacción de los hijos, etc), optamos por dejarlos que gran parte del día, permanezcan a expensas de lo que la pantalla les ofrece. Este es un entretenimiento muy distinto al que propone un juego u actividad cuya iniciativa y/o despliegue, dependa de la capacidad imaginativa y creativa de ellos. Estaríamos dando el mensaje equivocado de que la frustración y la ansiedad (la propia y la del entorno) sólo pueden ser mitigadas por agentes externos que las distraigan.

Sin darnos cuenta, potenciamos un lugar de impotencia. Apenas desconectado el visor, volverá incrementada la ansiedad, por la dependencia que nosotros mismos retroalimentamos. Si hay malestar, es una oportunidad muy valiosa para que se les invite a preguntarse y reflexionar sobre qué les sucede. Ayudarlos a poner en palabras sus sentimientos, expresando sus frustraciones, necesidades, angustias, deseos, etc.. Compartir las propias (las que entendamos pertinentes) para que desde la empatía descubran que también nos encontramos en un momento de aprendizaje, y cómo vamos probando e innovando nuevas formas de hacer, resolver, etc. La idea no es socorrerlos con la solución, sino alentar, habilitarlos a que aprendan a reconocer y gestionar sus emociones, motivando una actitud proactiva en la que, los creadores del despliegue de posibilidades que den respuesta a sus inquietudes, sean ellos. Así, estaremos invirtiendo el tiempo en un gran capital para nuestros hijos, porque éstas, son las herramientas para el buen desarrollo de la tolerancia a la frustración, columna fundamental de la inteligencia emocional.

Si en diez años se puede producir una nueva pandemia, cómo deberíamos prepararnos para ese momento?

Seguramente contaremos con una evaluación de lo vivido que hoy no somos capaces de apreciar. Es más, considero que será mucho mayor a diez años el margen del tiempo necesario, que permita hacer una valoración más acertada. Desde la experiencia vivida, seguramente habrá un aprendizaje del que mucho nos nutriremos.

Hoy, nos encontramos en el ojo de la tormenta y no hay oportunidad de comprender todas las implicancias que están en juego, y mucho menos, las consecuencias que tendrán.

Por lo poco que voy comprendiendo, espero que las prioridades hayan cambiado. Que el valor social de solidaridad y cooperación se hayan afianzado porque recuperamos la memoria de que si construimos una sociedad, es porque la necesitamos. Que recordemos el valor de los afectos porque cuando no pudimos abrazar, lo extrañamos profundamente y lo convertimos en palabras que nunca debimos olvidar decir. Que la integridad física ya no se la disocie de la emocional porque tuvimos que reflotarla para bien de soportar la tensión del miedo y resistir a la incertidumbre, sin caer en la desesperación. Espero que lo favorable de esta desventura, no pase inadvertida y que nuestras acciones no desconozcan a su entorno. Entorno que habitamos y hemos maltratado pero que supimos maravillarnos por su capacidad de regeneración, con tan solo haber dejado de interferir contra él.

Anhelo que para ese entonces, al menos, estemos encaminando el desarrollo de una cultura más sabia, dispuestos al cuidado que merece una vida digna; porque cuando casi todo lo que conocíamos estuvo a punto de perderse, sirvió para comprender que si nos dedicamos a lo superfluo, lo necesario se desperdicia y lo importante se corrompe.

Muchísimas gracias Mariela por esta muy disfrutable entrevista!!!

Para aquellos interesados en realizarle algún tipo de consulta les dejamos su mail: mariela.ggc@gmail.com

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1 Response

  1. Laura dice:

    Totalmente de acuerdo con la piscologa. Me ayudo mucho la entrevista. Muchas gracias

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