Rafael Bayce: «Gerardo Sotelo lidera oficialmente la inquisición correctiva»

Rafael Bayce: "El mea culpa del periodista Gabriel Pereyra fue minimizado porque era muy peligroso"
Rafael Bayce: «El mea culpa del periodista Gabriel Pereyra fue minimizado porque era muy peligroso» (Foto: Asuntos Públicos)

En la segunda parte de la entrevista al sociólogo Rafael Bayce, el gran académico uruguayo, nos obliga a elevar la mira y se enfoca en la sociedad vigilada, la biopolítica, la insatisfacción y el deseo inalcanzable, el suicidio, el mea culpa del periodista Gabriel Pereyra en Búsqueda y el liderazgo de Gerardo Sotelo en la inquisición oficial. Imperdible, como siempre!

Hace unos días les presentábamos a nuestros lectores la primera parte de una extensa entrevista al sociólogo Rafael Bayce. Estamos en presencia de un pensador uruguayo muy agudo y de amplia autoridad para emitir conceptos profundos y contundentes.

Hoy queremos presentarles el segundo tramo de la entrevista que nos concedió.

Qué diría Foucault acerca de lo que estamos viviendo en la actualidad?

Excedería largamente el espacio para una entrevista de portal relevar todo lo que Foucault ha aportado para una mejor comprensión de la pandemia. Quizás lo que más rápidamente pueda mencionarse y comprenderse sea el inicio del entendimiento del crecimiento de la importancia de la ‘bio-política’, como alternativa a otras formas más clásicas y trilladas de hacer política, como por ejemplo la ‘geo-política’.

La biopolítica implica una utilización de dimensiones más íntimas y psíquico-corporales para realizar objetivos de poder, convertir la economía doméstica- oikos- en economía política colectiva–polis-; e incluir dimensiones de la corporalidad y el lugar espacial- zoe- en dimensiones también colectivas –bios-. Los ministerios de salud pública sintetizan el triunfo de la medicina alopática sobre chamanes, magos, hechiceros, brujos, curanderos y medicinas tradicionales, que sin embargo están reapareciendo por el fracaso parcial de la alopática. El triunfo de la medicina alopática junto al de los estados-nación en el post renacimiento se sintetiza en los ministerios nacionales de salud pública y luego en las organizaciones internacionales, como la OMS. Esta biopolítica, crecientemente importante, es rastreada por Foucault en plagas, epidemias y pestes desde el siglo XVIII, que empiezan a habilitar a que el dominio político se ejerza desde la normativización de los cuerpos y de las almas en función de la salud biológica, objetivo de creciente importancia política y económica, para lo cual debe reinventarse en el imaginario sociocultural.

No hay dominio bélico que pueda controlarnos tan completa y permanentemente en el cotidiano interactivo como el conformismo compulsivo paranoico e hipocondríaco con las medidas sanitarias; el terror pecaminoso hacia impurezas rituales se exorciza mediante el ejercicio puntual de prescripciones y proscripciones, no tanto como fuente de bienestar sino más que nada como compulsión higiénica y racional; lo mismo con la botellita de agua casi incrustada a ropas y cuerpos (en el Uruguay parcialmente sustituido por el mate) ; o con el terror al azúcar refinado, a la sal, a las grasas, a los fritos, pastas, harinas, y a un creciente etcétera. Todo autoritariamente impuesto y celosamente vigilado (para el bien de todos, claro; en realidad de unos pocos activos usufructuarios beneficiados). La hipocondría compulsiva resultante convierte a la salud y sus detalles en tópico conversacional preferente (tickets, análisis, comparación de cifras, médicos, mutualistas, instrumental especializado) e índice diferencial de estatus. Todas las medidas sanitarias son un dominio profundo sobre lo íntimo, lo privado, lo confidencial, que así se vuelven públicos y mandatados por instancias públicas; y no solo las medidas sanitarias pandémicas, como vimos: las grasas, la sal, el azúcar refinado, y un largo etcétera legislado desde lo público a lo privado y con consecuencias públicas, públicamente conocidas y hasta sancionadas; y todo con notoria progresividad.

El poder progresa desde panópticos que espían la conducta externa (Bentham-Foucault) hasta dimensiones más profundas y antes vedadas a los otros y a las autoridades públicas; los GPS son de los mejores panópticos, así como aplicaciones en las pantallas móviles harán público dónde estamos, qué hacemos y hasta qué deseamos e intentamos desde conectividades cada vez más universales y ubicuas. La pandemia es un paso adelante en la dominación y hegemonía bio-política, claro que coordinada con la geo-política y otras formas más clásicas de ejercer poder.
Ya hay un registro universal de vacunados contra el covid-19, público y que tiene consecuencias, desde su privacidad hacia toda la conducta pública, hasta global, del vacunado o no.

El filósofo Byung-Chul Han plantea que estamos ante una nueva forma de control basado en la Bigdata. Qué opinás sobre esa mirada?

Es lo que sugiere, aterrorizado, Byung Chul Han. El control cada vez más perfeccionado, ampliado, profundizado, parte de la Big Data + las aplicaciones celulares de lectura y control temporal y espacial; más profundos aún que los dispositivos de visión y escucha terroríficamente mejorados, ya abundantes en el siglo XX. Los celulares son los insumos crecientemente usados para conocernos en profundidad y controlar lo que hacemos y hasta intentamos; todo lo cual será, dentro de muy poco, no solo conocible, sino previsible y evitable o reforzable, según quieran los que dominan las tecnologías de punta en comunicación y las ciencias sociales y neurociencias.

El hecho de que quienes tuvieron supuestamente mejores resultados durante la pandemia sean países centralizados, panópticos, autoritarios y con cotidiano informatizado, son argumentos para su imposición técnica, en tanto regímenes políticos; supuestamente, lo demás es secundario: privacidad, intimidad, libertades, garantías, vidas opacas a lo público, espiritualidad no material; el asunto es vivir más y más vigilado, no importa cómo. Por suerte no llegaré a vivir ese mundo trans-humano y post-humano, de extraviados Prometeos y Faustos, que ya empieza a sufrirse, como en esta pandemia.

Profesor Rafael Suárez: "la pandemia profundiza el imperialismo del ego"
Profesor Rafael Suárez: «la pandemia profundiza el imperialismo del ego»

En una entrevista el profesor Rafael Suárez remarcaba que la pandemia profundiza el imperialismo del ego, el sometimiento a partir de la insatisfacción individual. Qué tan importante es mantener a una sociedad insatisfecha para ejercer su control?

Junto con el miedo como medio de control, la insatisfacción que imperializa egos es de las dimensiones más cruciales para entender el mundo actual.

Quien se dio cuenta más cabalmente de la importancia de las expectativas crecientes y de su variable satisfacción fue, de modo increíblemente precoz y profético, Émile Durkheim, desde sus libros de 1894 (La división social del trabajo) y 1897 (El suicidio). Dijo que estudiaba especialmente el delito y el suicidio, porque eran síntomas del fin de un mundo más o menos bien integrado y de la difícil integración del nuevo, y porque tenía buenos datos empíricos sobre ellos. Decía Durkheim que un mundo con expectativas crecientes de cantidad y calidad de vida, pero que no daba medios para satisfacerlas, -en medio, además, de una decadencia moral por decaimiento de las religiones-, solo podía resultar en crecimiento de los suicidios y/o de los delitos. Gente moralmente menos exigida, con expectativas crecientes y satisfacción incompleta de las mismas, tenía dos salidas básicas a esa frustración estructural y estructurada: uno, si se autoadjudicaba la culpa de ese fracaso, tendía a sufrir daños psíquicos de prestigio y autoestima, en el extremo conducentes a intentos de suicidio, o a suicidios consumados; dos, en el caso de que culpara a otros de ese fracaso, los productos serían delitos contra la propiedad para obtener ‘de costado’ lo que no podían ‘por derecha’ (el embrión de los ‘desviados innovadores’ de Merton) y/o contra las personas por despecho, envidia, resentimiento y odio emergentes del fracaso. Por eso se hizo criminólogo y especialista en suicidio: para entender lo que empezaba a pasar en esa sociedad con expectativas crecientes, inseguros medios de satisfacerlas, decadencia moral tradicional, y dificultades de integración y cohesión social; con delito y suicidios crecientes, como empezaba a suceder y ha sucedido en casi todo el mundo desde entonces.

El otro gran mojón es Jean Baudrillard (El sistema de los objetos, 1968; La sociedad de consumo, 1970). Dice que las crisis capitalistas eran de oferta, que aumentaba debido a la mayor y más eficiente producción anclada en progreso tecnológico imparable; entonces, lo que el capitalismo tenía que asegurar era demanda creciente para esa oferta creciente e imparable. La sociedad de consumo es esa solución intentada y lograda, aunque con costos secundarios altísimos. Se trata de generar, por moda y mimesis social, una demanda genérica creciente, no por objetos precisos, sino una demanda genérica por lo nuevo y lo que proporciona estatus diferencial, que garantice demanda para cualquier oferta. Para ello es clave la promoción de insatisfacción estructural; nunca se satisfacen el deseo y las expectativas crecientemente instiladas y emulables; ídolos, héroes, superhéroes del jetset, del deporte, de la ficción lujosa, son modelos a imitar, aunque claramente inalcanzables para la inmensa mayoría. Pero fijan estándares inalcanzables, los más funcionales para el estado psicosocial deseado (‘el efecto de demostración de mejores niveles de vida por los medios de comunicación de masas’ se decía desde los 50). Es otra fuente de insatisfacción: no se podrá ser como los públicamente deseables, modélicos, ni tener lo que tienen; pero hay que intentarlo, son la brújula orientadora. Es un círculo vicioso en espiral dañina. Lo que se desea, además, se bendice y legitima como ‘derecho humano’. El motor de la sociedad de consumo es la insatisfacción estructural, el deseo inalcanzable modelado por otros y legitimado por derechos e igualdad justa ideológicos. Dos platos de sopa para Durkheim y para el mundo, que no quería esa sociedad incipiente, con suicidios y delito crecientes.

Baudrillard nos confirma que los temores de Durkheim se han hecho realidad y más pesadillescos que los imaginados. Individualismo posesivo de consumo, conformista compulsivo, frustrado con tendencia al deterioro psíquico y al crimen. Hemos hecho lo contrario de lo que deberíamos, para construir cohesión social y disminuir crimen y suicidio; Durkheim lo dijo todo; Baudrillard nos confirma que los rumbos, no solo no se corrigieron, sino que se reafirmaron. Así estamos y estaremos. Cualquier política policial, penal, judicial, humanista, ‘rehabilitadora’ es absolutamente impotente ante este tan poderoso motor fuera de borda.

El arrepentimiento de Gabriel Pereyra
El arrepentimiento de Gabriel Pereyra (Foto: Sarandí)

El periodista Gabriel Pereyra se arrepintió de haber ejercido censura a las voces discordantes durante la pandemia. Qué rol juega la censura y la autocensura a la hora de aplicar control social? Y, no menos importante, por qué la sociedad en general miró hacia el costado y se dejó arrastrar por un discurso unánime?

El mea culpa del notorio periodista Gabriel Pereyra en Búsqueda fue minimizado porque era muy peligroso para la ‘ortodoxia covid’ del Big Pharma-prensa-gobiernos, y para el statu quo y jet-set periodístico. Porque implicaba instalar la duda sobre la corrección de las políticas adoptadas para enfrentar la pandemia; y porque podía hacer sentir que esa ortodoxia se había consolidado como tal, no tanto por sus mejores razones, sino por la imposición autoritaria de una propuesta en extremo dudosa, por una especie de neo-inquisición, vía el ninguneo y descalificación de gente con tantos títulos y argumentos como los de la ortodoxia. Que Pereyra confiesa haber destratado incorrectamente.

Las sociedades se han ido dejando conformar, paulatinamente, como mayorías pasivas. Porque aunque es cada vez más probable que las minorías, en cualquier área, tengan hoy más medios de expresarse, dada la proliferación de medios actual y previsible, también tienen menores chances de imponerse; probablemente se agotarán en un micro-pataleo esperanzado, con improbables expectativas de sustituir a las mayorías que, cada vez más instantánea, irracional e irreversiblemente, se conformen; o de volverse mayorías. Ese panorama teórico se ha ido construyendo por las ciencias sociales y las neurociencias durante el siglo XX, e impera refulgentemente de manera maldita en este XXI.

Solo me referiré a 2 vertientes de explicación de la aceleración y consolidación de la velocidad y solidez irreversible de las mayorías construidas: a) la tendencia a evitar disonancias cognitivas y de otros tipos en nuestras vidas cotidianas, ejemplarmente expuesta por Leon Festinger desde 1957; y b) la tendencia a integrarse a mayorías silenciosas, que refugian, dentro de consensos y mayorías, de las soledades cognitivas y emocionales acarreadas por los disensos y minorías, la ‘espiral del silencio’ de Elisabeth Noelle-Neumann de los 80. Sea para evitar las disonancias cognitivas y emocionales que los disensos y el estado de minoría provocan en los disonantes y minoritarios, sea para sentirse acolchado en la uterina oceanidad de los consensos y de las mayorías, se buscan los acuerdos y se evitan los desacuerdos, se buscan los ‘likes’, la cantidad de visitas, los ránkings y los ‘top’ o ‘best’. Además, una profunda ‘grieta’ será cavada entre el consenso mayoritario y todo lo que no alcanzó esos estatus; todo lo alternativo debe ser impedido de manchar la verdad y realidad de lo consensuado y mayoritario; y debe ser inquisitorialmente tratado, como posverdad (como se usa decir, con tanta pobreza filosófica). Pero eso no se debe confesar, porque le quita cimientos al constructo; nadie debe confesar que está dentro de un consenso y mayoría arbitrarias, ni que los mantiene y se mantiene en ellos con malas e inconfesables artes, como lo confesó Gabriel Pereyra. Lo adoptado como propio monopoliza verdad, realidad, moralidad y racionalidad; lo alternativo no tiene nada de todo eso, es posverdad; es un mundo violentamente post y anti-socrático; el conocimiento no se construye polifónica, sinérgica y paulatinamente, sino monofónicamente, autoritariamente y como ‘revelada’; la modalidad instalada se parece mucho, aunque no se quiera, a los dogmas proféticamente revelados. Los dogmas religiosos revelados son indiscutibles, eternos, inefables, y toda duda o alternativa sobre ellos debe ser inquisitorialmente tratada: en el mejor de los casos ignorada, en el peor ajusticiada u obligada su renuncia pública a ella.

La confesión de Gabriel Pereyra pone en peligro a esa ortodoxia naturalizada por el poder simbólico, en realidad arbitrario alternativo; Gerardo Sotelo lidera, oficialmente, la inquisición correctiva ya paulatinamente instalada, y nos libra entonces de todo mal, amén. La velocidad de los cambios culturales hace perder pie a los criterios de calidad, que tienden a ser sustituidos por los de cantidad; ahora, tiene calidad lo que la cantidad ha aprobado; ya no cuentan más los críticos y sus criterios estéticos y de calidad; es más fácil seguir a los impredecibles e infundados ‘influencers’, y a los números y a lo ‘trendy’ (la tendencia, ‘punto rojo y en ascenso’ dirían ya en los 60 los ránkings musicales de la revista Billboard).

Muchas gracias Rafael Bayce por tus palabras!

Para ver la primera parte de la entrevista clic aquí!

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