Raquel Seara, artista plástica malvinense

Raquel Seara, artista plástica malvinense
Raquel Seara, artista plástica malvinense

Conversamos con Raquel Seara, artista plástica, vecina de la barriada. En el momento de declararse la cuarentena se encontraba visitando a su familia en Buenos Aires

¿Podrías presentarte?

Mi nombre es Raquel Seara, soy docente de primaria, jubilada. Viví en Bs As desde 1976 hasta 1996. Año en que regresé a Montevideo y me afinqué en Malvín. En aquel entonces con una vida bastante complicada, mi madre enferma y alejada de mis hijos que quedaron en Argentina, tuve la necesidad de realizar alguna tarea que levantara mi estado de ánimo. Empecé concurriendo a un taller de pintura decorativa. Me di cuenta que no me llevaba tan mal con los pinceles, entonces busqué alguna actividad más comprometida con la pintura. Tuve el privilegio de encontrar el taller del Maestro que abrió mi cabeza: Guillermo Fernández. Allí disfruté de la pintura, y dirigida por ese genial artista, vi que podía expresarme con técnicas que nunca hubiera creído poder. De ahí en más no dejé de pintar, cuando Guillermo falleció, empecé en el taller de José María Pelayo.

Pero este año 2020 me trajo nuevas experiencias, jamás imaginadas. La pandemia me encontró en Bs As donde había ido por festejos familiares por quince días. Quedé allí, con fronteras cerradas durante casi cuatro meses.

¿Cómo sobrellevaste la cuarentena desde Bs As?

Si bien no estaba sola, porque vivía con mi hija y mi yerno, extrañaba mucho y el encierro hizo daño a mis articulaciones. Puse toda la buena voluntad que podía pero empezaron las contrariedades.

Cuando me fui, el clima era veraniego. Empezaron los fríos y yo sin ropa abrigada ni posibilidad de comprar. Mis hijos me consiguieron ropa y calzado. Me faltaron medicamentos, eso como había farmacias abiertas, los compré.

Tampoco tenía pinceles, ni pintura para dedicarme a algo que me hiciera acortar los días de encierro, y… por segunda vez, el arte me salvó.

Recibí una invitación de la artista plástica Bettina Paz para que participara de un taller virtual de collage que ella organizaba. Acepté y me dediqué con mucho entusiasmo y obsesión a esa técnica. Aproveché esas horas de encierro en una actividad que me hacía feliz. La adversidad se trasformó en creatividad. Esta actitud positiva hizo que mi angustia se desviara. Pude superar el dolor y la depresión a través del arte.

Mi hija, fotógrafa de profesión, consideró que ese trabajo merecía un tratamiento especial y me propuso hacer un foto libro. Quedó muy bien y fue presentado con total éxito en una exposición también virtual.

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