Richard Priscal: «Todo es descartable y prescindible»

Richard Priscal: "Todo es descartable y prescindible"
Richard Priscal: «Todo es descartable y prescindible»

El Profesor y Magíster uruguayo Richard Priscal desarrollará un seminario virtual sobre «Cultura del Consumo Global: impactos socioambientales y biopsicosociales» a partir del 27 de agosto. Momento propicio para entrevistarlo y entender la fuerza de su mensaje

Con la excusa del seminario que se llevará a cabo desde el 27 de agosto nos dimos el lujo de entrevistar a Richard Priscal. ¡Para presentarlo se requiere un gran poder de síntesis! En este momento se encuentra cursando un Doctorado en Pensamiento Complejo en la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin de México (en etapa de Tesis: La cultura de consumo global desde la perspectiva del pensamiento complejo). Es egresado del Instituto de Profesores Artigas (IPA) de Uruguay en la especialidad Historia y Magíster en Estudios Contemporáneos de América Latina por la Facultad de Ciencias Sociales de Uruguay y la Universidad Complutense de España (Tesis: las prácticas de consumo de los sectores populares urbanos Montevideanos). Máster Internacional en Ciencias Humanas y Sociales por el Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano. Magíster en Ciencias-Opción Educación Popular- Multiversidad Franciscana de América Latina (MFAL) por la Pontificia Facultad Teológica San Buenaventura de Roma. –Especialización en Epistemologías del Sur en CLACSO. Diplomado Internacional Superior en Derechos Humanos en el Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano. Posgrado La práctica de la escritura I: Dimensiones de la textualidad. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). -Programa Latinoamericano en Desarrollo Humano Integral. Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH) y Centro Latinoamericano para el Desarrollo, la Integración y Cooperación (CELADIC). -Diplomado internacional en planificación y evaluación participativa de proyectos (mapeo de alcances) en ABACO EN RED. Diploma en Educación Popular. Multiversidad Franciscana de América Latina (MFAL) en Pontificia Facultad Teológica San Buenaventura de Roma. Ha realizado múltiples estudios, cursos y seminarios relacionados a las áreas de Ciencias Sociales, Derechos Humanos, Educación, Neuroeducación y cultura de consumo y conflictos socioambientales. Ha participado en diversos medios radiales como analista sociocultural. Su línea de investigación está centrada en la descripción y el análisis de la cultura de consumo global, en la perpetuación de la colonialidad como sostén de la misma y en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo humano desde una perspectiva centrada en los derechos humanos y en el pensamiento complejo.

Se mostró muy dispuesto a responder todas las preguntas y nos sentimos muy agradecidos por todo el tiempo destinado a nuestro portal.

¿Cómo podría definirse la época en la que vivimos?

En las últimas décadas hemos visto nombrar de muchas maneras a la época en la cual estamos viviendo: Sociedad de consumo, Sociedad del riesgo, Hipermodernidad, Posmodernidad, Sociedad de la información, Sociedad del conocimiento, Era planetaria y Era del Antropoceno. Considero que puede hablarse de una nueva era planetaria caracterizada por una cultura de consumo global que se ha transformado en el modelo vertebrador de las sociedades actuales organizando a las personas de acuerdo a los parámetros del hiperconsumo, el hiperindividualismo y la hiperconectividad como dimensiones centrales de la vida cotidiana. Los impactos bio-psico-sociales del uso de las tecnologías son ya realmente impresionantes y han colonizado buena parte de la vida privada de las personas, siendo importantes en la mercantilización de los gustos, prácticas de consumo y estilos de vida hegemónicos, que perpetúan la fascinación por los distintos y modernos dispositivos tecnológicos.

En el actual proceso de hibridación entre los seres humanos y los diversos dispositivos tecnológicos está teniendo lugar una transformación importante en la condición humana y en el modelo de familia. Se está en presencia de la figura del usuario-cyborg que se caracteriza por la fascinación tecnofílica, la claustrofilia y la hiperconectividad como valores centrales de su vida cotidiana. Disciplinados por una cultura de consumo global que naturaliza el consumismo como norma social los individuos refuerzan también una cultura del desecho donde todo, absolutamente todo, es descartable y por lo tanto prescindible. Estos cambios son bien visibles en nuestra sociedad donde el consumo está siendo considerado una herramienta de integración social a la vez que un derecho con pretensiones de universalidad.

¿Cómo se expresa este modelo de consumo en la vida cotidiana?


Es un tema multidimensional y de consecuencias planetarias por lo que debemos visualizar sus impactos a nivel global donde se ha diseñado toda una cultura mundo caracterizada por una idea de progreso y desarrollo sustentada en el consumismo y en la depredación de la naturaleza. Esto lleva a la convicción de que cada vez más las personas desean acceder a esos signos emblemáticos de la sociedad que de alguna forma evidencian que somos personas. Es triste y lamentable pero vivimos en un mundo colonizado por las pantallas tecnológicas y las marcas hipervaloradas. Ya nada de lo que hagamos está por fuera del consumo lo que hace visible la subordinación de la vida a las lógicas del mercado. Si miramos la realidad con atención veremos que por ejemplo ir a pasear, verse con amigos, disfrutar de una película o ir a pagar cuentas termina por ubicarnos en el shopping, quizás la creación cultural más representativa de esta época. Todo termina siendo asociado al consumo.

En la sociedad de consumo la hiperconectividad y la experiencia de vivir en tiempo real promueven la extensión del tiempo dedicado al ocio, al entretenimiento y a la comunicación en las múltiples pantallas tecnológicas. En este contexto la cultura de consumo global promueve la extensión de la vigilia por lo que cada vez más la vida privada de las personas se abre a la exposición en los múltiples espacios virtuales pensados para el ocio y el entretenimiento. Las personas han extendido considerablemente las horas de estar despierto para cada vez más dedicarse al entretenimiento y a la experiencia de transitar por las seductoras aguas del consumismo.

En las últimas décadas, la profunda reestructuración del capitalismo produjo todo un modelo de consumo sustentado en la mercantilización de todas las cosas y en la creación de un mercado cada vez más global que presenta una oferta de bienes, servicios y experiencias de consumo nunca antes vista. La propagación de la cultura de consumo global se ha convertido en la máxima expresión de la vida cotidiana en tanto se ha instalado la idea de que el consumo es el camino para la realización de los proyectos individuales como prueba irrefutable de que cada uno puede redefinir el propósito de su existencia personal.

En las sociedades modernas occidentales, la vida se presenta como una cuestión de elegir y maximizar la libertad individual para alcanzar un mayor bienestar. Al disponer de una impresionante variedad de objetos de consumo se ha instalado la idea de que se trata de maximizar la elección para maximizar la libertad que proporcione el bienestar tan anhelado. Pero al tener tantas expectativas por la gran cantidad de productos disponibles aumentan las posibilidades de experimentar la sensación de culpa por una mala elección. Este escenario es reforzado por los múltiples estímulos publicitarios que han logrado que las personas estén atendiendo simultáneamente variadas oportunidades de consumo con la correspondiente sensación de estar siempre perdiéndose de algo. Las personas buscan placer a través del consumo de objetos nuevos y de la ampliación de las posibilidades de elección, lo que termina por convertirse en una tiranía de la elección. La cinta de correr hedónica y de satisfacción llevan a la decepción luego de la desaparición del placer, lo que muestra que el consumo material no lleva necesariamente al aumento del bienestar subjetivo. El consumo influye considerablemente en la mala calidad de los vínculos humanos dado que se le asigna mucho más tiempo al consumo individualizado que al desarrollo de las relaciones sociales.

Edgar Morin Frase
Edgar Morin

Como bien afirma el gran pensador Morin, la mercantilización de todas las cosas como valor supremo del consumismo ha provocado la degradación de la calidad de vida, la soledad del individuo ya convertido en rey y objeto de este mundo moderno, la entronización de la sed de riqueza y el consumo material y simbólico como la única forma de ser, estar y pensar. Llevar una existencia por fuera de las normas que impone la cultura de consumo es condenarse al aislamiento social o a la pérdida progresiva de interacciones con el mundo real.

Otro notable pensador como Lipovetsky también ha definido a la actual cultura de consumo como una hipercultura universal diseñada por el capitalismo y que tiene un sistema de valores y metas inseparables de la industria comercial, impregnando todas las actividades humanas y reconfigurado el mundo en que vivimos, expresándose principalmente mediante el hiperconsumo, el hiperindividualismo y la hipertecnología. Es la era de un consumo cargado de imágenes y de una cultura que unifica el planeta mediante la globalización mercantil de todas las cosas. Esta cultura planetaria transforma las relaciones entre las personas y de estas con el entorno, afectando a todas las dimensiones de la vida y socavando profundamente la tradición que ordenaba a las sociedades. Estamos atravesando una mutación cultural donde las personas exitosas son aquellas que participan de la mayor cantidad de circuitos vinculados al consumo y donde la felicidad parece estar asociada a la mayor cantidad de experiencias de consumo que una persona pueda acumular.


¿Pero cómo funciona o se legitima esta sociedad de consumo con las grandes desigualdades existentes en la actualidad lo que indudablemente debe marcar que no todas las personas accedan por igual a los objetos y servicios de consumo?


La cultura del hipercapitalismo ha diseñado una serie de dispositivos ideológicos para la construcción de una concepción del mundo centrada en el consumismo como mecanismo de dominación social. La cultura de consumo global aparece como una nueva forma de control y manejo de los estilos de vida. Al modelar los comportamientos, los gustos, los valores y las expectativas sociales se termina construyendo una cosmovisión centrada en el consumismo y la mercantilización de la vida misma en tanto atraviesa las dimensiones más importantes de la sociedad.

El carácter ideológico de la cultura de consumo global se relaciona con la existencia de una cultura mundo cuyos propósitos centrales son la difusión de una serie de símbolos globales para la universalización de un ethos capitalista globalizado en los entornos virtuales.

La democratización del consumo ha sido posible, entonces, por el aumento de los ingresos monetarios en los hogares populares que cada vez se vuelcan más hacia la obtención de productos y servicios ofrecidos por el mercado y por la difusión de una ideología que ha establecido casi como una obligación el consumir.

En este marco cultural, las representaciones sociales que construyen por ejemplo los sectores populares urbanos acerca de su imagen ante sí y ante los demás o de lo que la sociedad piensa sobre ellos están afectadas profundamente por los ideales que propaga la cultura de consumo global. Los desplazamientos que sufren los sectores populares hacia los márgenes sociales abonan escenarios favorables para buscar el reconocimiento o la dignidad como persona en el consumo. Tanto el consumo material como el simbólico, privilegian la renovación perpetua de bienes y experiencias de consumo gracias a que refuerzan el papel vertebrador de la cultura de consumo en la vida cotidiana. Queda evidenciado que los sectores populares urbanos encuentran en el consumo un blindaje contra la posibilidad del desprecio, la desafiliación y la muerte social.

Parece estar claro entonces que esta sociedad de consumo ha traído más problemas que cosas positivas… ¿Es posible pensar en un modelo de consumo sustentable y amigable con los entornos naturales y con las futuras generaciones?

La cultura de consumo diseña y transfiere modelos de felicidad, entretenimiento, placer, seguridad, bienestar, confort, visibilidad y distinción al alcance de todos con la promesa de transformar nuestras vidas en clave de felicidad. Asimismo, naturaliza la mercantilización de todas las cosas y propaga una cultura del desecho como valor universal lo que permite pensar a la cultura de consumo global como un problema multidimensional con consecuencias éticas, culturales, económicas y ambientales. Esto debemos reconocerlo primero dado que estas cuestiones se han naturalizado de tal forma que por lo menos en la sociedad uruguaya no revisten como verdaderos problemas. La sociedad es preparada para mirar y captar el entorno como un espacio para usar y tirar. Es que el fundamento de esta sociedad de consumo tiene sus andamios en el uso y destrucción perpetua de los objetos y experiencias de consumo. La cultura de consumo se sostiene porque la insatisfacción de nuestros deseos lleva a una búsqueda permanente de nuevos objetos y experiencias que parecen no terminar nunca. Así, la reproducción, universalización y legitimación de la cultura de consumo global es posible por las implicaciones políticas, económicas y sociales que necesariamente debe tener para conformarse como cultura socialmente aceptada. La ideología de la cultura de consumo ordena, orienta y disciplina a las sociedades urbanas de tal forma que la mercantilización de las cosas y la cultura del desecho ni siquiera puedan ser consideradas como problemas de nuestra era planetaria. Por lo que es imprescindible entonces una educación para el consumo responsable, solidario y sustentable. Es en este sentido que tiene lugar la realización del Seminario virtual sobre la Cultura de Consumo Global y sus consecuencias bio-psicosociales a realizarse a partir del 27 de agosto donde se abordarán todos estos temas y se harán visibles experiencias alternativas de consumo y desarrollo. Es una invitación a pensarnos como sociedad y como integrantes de una comunidad planetaria entendiendo que este problema indudablemente tiene dimensiones planetarias y ya deberá ser tratado desde una perspectiva compleja y transdisciplinar si es que queremos aproximarnos a la comprensión real de esta problemática mundial. Es decir, este tema debe ser abordado por la comunidad científica, por los gobiernos y por supuesto por la comunidad toda.

Seminario Richard Priscal

Informes e inscripciones:
https://chat.whatsapp.com/C5bEZBMrb9DHM8eI0S3sdP

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