Un Bosque Oscuro: nuevo aporte vivencial de Luis Albornoz

Como ya nos tiene acostumbrados, hoy les presentamos una nueva entrega de Luis Albornoz: Un Bosque Oscuro. Imperdible!
Un bosque oscuro.
En mi primera juventud, durante un año de estadía, en un país de habla inglesa, donde cursé el Senior Year de la High School (equivalente a nuestro último año de Secundaria), un profesor de literatura, de origen italiano, me regaló un ejemplar de la Divina Comedia, con una dedicación que decía: “Due cose al mondo non ti lasceranno mai: l’occhio di Dio che tutto lo vede e il cuore della mamma che sempre ti segue”. Es decir, en español antiguo, una persecución permanente, pero que en el suceso que voy a contar, hubo un momento, que la deseé.
Muchos años y muchas mudanzas más tarde, exactamente hace 21 años, en pleno invierno y durante una crisis bancaria y cambiaria que casi me liquida, me refugié en una cabaña alquilada próxima al parador de pescadores Los Botes, en La Paloma (que estaba prácticamente vacía). Mi idea era, durante el día, caminar por la playa hasta La Serena ida y vuelta, a la tardecita encender una estufa a leña, tomar algún vino del bueno que estuviera a mi alcance y leer los trastos (libros) que había manoteado en un bolso, casi al azar. Todo eso, para tratar que la citada crisis, que juntaba el ministerio del Cr. Alberto Bensión (quien había sido mi profesor), las maniobras de los hermanos Rohm (y los Peirano), el inolvidable “we are fantastic” y el “los argentinos son una manga de ladrones, desde el primero hasta el último”, no me terminaran de desquiciar, más de lo que ya estaba.
Entonces, me encontré con el mencionado ejemplar de la Divina Comedia, que como todos saben comenzaba: “Nel mezzo della strada di nostra vita, mi ritrovai per una selva oscura” y que traducido al español diría algo así como: “En medio del viaje de la vida/ me encontré en un bosque oscuro/ porque el camino cierto había perdido/ cómo hablar de ese bosque salvaje y duro/ que en el pensamiento renueva el miedo/ es tan amargo que poco es más la muerte/ (…)/ no sé cómo entré, tan dormido estaba/ en ese momento que el camino cierto/ abandoné”. Eso describía bastante bien, mi situación, sobre todo eso de que “no sé como entré, tan dormido estaba, en ese momento que el camino cierto, abandoné”.
Resulta que por entonces, tenía un amigo y de algún modo, asesor, bastante mayor que yo, que se preciaba de conocer todos los manejos bancarios, que conocía personalmente a “Chiche” Rohm y que siempre me decía, canchero: “los Rohm van a joder con cualquier cosa, menos con los bonos del tesoro (que era en lo que él tenía depositados, sus ahorros)”. Y por el tal amigo, fue que de algún modo “el camino cierto, abandoné”. Pero, fue exactamente con los mencionados bonos, con lo que empezaron a “joder” los Rohm Brothers, a través de una financiera que se llamaba “San Luis Financial”.
Como resultado de todo ese lío, mi amigo se encerró en su casa con su esposa, no quería ver a nadie, tuvo un paro cardíaco y murió. Mientras yo estaba exilado en Los Botes, leyendo lo del “bosque oscuro”. Cuando volví a Montevideo, a principios de agosto, era un poco más pobre y estaba un poco más dispuesto a tratar de retomar el “camino cierto”, aunque no sabía bien cómo. Lo que sí hice, entre otras cosas, fue retomar los estudios de la filosofía, que puede ser muchas veces “un bosque oscuro”, pero difícilmente sea, “tan amargo, que poco es más, la muerte”.











